Alvaro Bultó

Deportista extremo

Apasionado de los deportes de riesgo, el aventurero catalán, que se hizo especialmente conocido tras su romance con la infanta Cristina, falleció el 23 de agosto de 2013 mientras practicaba «wingfly».

Alvaro Bultó Sagnier nació el 11 de junio de 1962 en Barcelona. Fue el noveno de los diez hijos de Francisco Javier Bultó, ingeniero industrial y uno de los empresarios más importantes de Cataluña (fue fundador –junto a Pedro Permanyer– de la marca de motos Montesa y, posteriormente, ya en solitario, de Bultaco), y de la aristócrata Inés Sagnier Muñoz, tataranieta de la reina Cristina de Borbón, viuda de Fernando VII.
Al nacer en el seno de una familia de la alta burguesía , Álvaro fue un niño que pudo ver hechos realidad la mayoría de sus caprichos. Uno de sus primeros juguetes fue una moto pequeñita que su padre le hizo a medida con 4 años y con la que descubrió su pasión por el motor. Álvaro y sus hermanos solían recorrer en motocicleta la gran finca de 100 hectáreas de sus padres llamada San Antonio, ubicada en Vilanova i la Geltrú.

De niño conoció a Fittipaldi y a Nicky Lauda

A pesar de que Álvaro estudió en colegios estrictos como el Viaró y los Jesuitas, su padre le solía dar carta blanca para hacer novillos de manera que pudiera ir a la finca y conocer a grandes campeones como Fittipaldi o Nicky Lauda. En cambio, su madre siempre fue mucho más recta y exigente. «Tuve una infancia fantástica en la que hacía cosas que a las madres de mis compañeros de clase les parecía un horror porque se suponía que los padres no debían dejar a sus hijos subirse a una moto con 10 años. Y lo que no sabían es que nuestro abuelo nos enseñaba a conducir casi a esa edad», explicaba entre risas.
A los 16 años sus buenas notas se resintieron tras el fuerte infarto que sufrió su padre y el asesinato de su tío, el empresario José María Bultó en un atentado (el grupo Exèrcit Popular Català hizo estallar la bomba que tenía adosada en el pecho). Además de la influencia familiar, a Álvaro también le marcaron conocidos aventureros como Félix Rodríguez de la Fuente, Miguel de la Quadra-Salcedo o Kitín Muñoz, que fueron una referencia que le permitieron luchar por sus sueños. Durante la adolescencia, solía decir que de mayor quería ser aventurero en lugar de seguir los pasos de sus padre y de sus hermanos en el mundo de las motos. «Son cosas de Alvarito, ya se le pasará», comentaba su familia. Finalmente, se licenció en Empresariales.
Empezó a trabajar en una empresa textil, una tarea que combinaba con la participación en todo tipo de citas deportivas, como carreras de motocross, trial, bajada de barrancos y una amplia gama de deportes náuticos, unas aficiones que le causaron más de una lesión. En 1995, sufrió un accidente cuando atravesaba el río Ebro en una lancha. El resultado fue que le quedó muy malherido un brazo, en el que le tuvieron que colocar tres placas y quince tornillos. A pesar de que pasó por seis operaciones, un año más tarde participó, por segunda vez, en moto en el rally París-Dakar. En esta ocasión, no pudo evitar llevarse un susto después de que una caída le hiciera perder la conciencia durante casi una hora.

Conoció a la Infanta en Baqueira en 1991

«Soy un enamorado del deporte, de la vida y de las sensaciones», había declarado Álvaro, quien, últimamente, se había convertido en experto en saltos en paracaídas y en los vuelos humanos. En algunas de las competiciones deportivas en las que él tomó parte también llegaron a participar hasta una decena de miembros de la familia, por lo que, en los circuitos, no era extraño oír: «Vigilad, que ahí viene la bultacada». Uno de sus parientes más conocidos es su sobrino Sete Gibernau, el expiloto de motos que estuvo casado con Esther Cañadas.
Después de tener breves relaciones con algunas de las jóvenes más guapas de la alta sociedad catalana, Álvaro Bultó saltó a la prensa rosa al convertirse en pareja de la infanta Cristina de Borbón. Se conocieron en las navidades de 1991 en las pistas de Baqueira Beret y, desde ese mismo instante, surgió entre ellos una gran complicidad. En aquella época, la infanta ya vivía en Barcelona por motivos de trabajo. Curiosamente, Álvaro y Cristina tenían un parentesco morganático, ya que la reina regente María Cristina, esposa de Fernando VII y madre de Isabel II, se casó al enviudar del rey con el soldado de la guardia real Agustín Fernando Muñoz, con el que tuvo varios hijos, siendo Fernando María, uno de los ancestros del deportista.
La pareja solía acudir a estrenos cinematográficos, bailaban y tomaban unas copas en la célebre discoteca Up & Down, daban largos paseos por la ciudad con la complicidad de varios amigos que les ayudaban a esconderse en las porterías de la ciudad mientras los paparazis se escondían en las copas de los árboles o se escapaban a la finca familiar de los Bultó donde se cuenta que la Infanta incluso lavaba los platos. Álvaro jamás puso mala cara a la prensa y siempre respondía con una sonrisa, sobre todo, cuando se le recordaba que su popularidad se debía más a su relación con la hija pequeña de los reyes de España que a sus éxitos en el motociclismo. «Sí, ¡qué le vamos a hacer! Lo entiendo y por eso intento llevarlo bien, lo mejor posible. Mi relación con ella no ha cambiado mi vida porque sigue siendo la misma», había dicho.

Álvaro preparado para practicar wingfly (salto con traje de alas)

Anunció su compromiso con Paloma Lago

La relación con la infanta Cristina, que nunca llegó a oficializarse, terminó poco después del verano de 1993. En 1994, TVE le fichó para presentar el que sería su primer programa, «Frontera límite», en el que a lo largo de más de una década mostró experiencias inolvidables como submarinismo con tiburones, rutas en 4x4 o saltos en caída libre.
Simpático, sociable, cercano, sensible y muy seductor, Álvaro perdió a su padre en 1998, lo que supuso un duro golpe emocional para él, «porque para mí fue mi héroe», repetía constantemente. Tras su relación con la infanta, su noviazgo más largo fue con la modelo y presentadora Paloma Lago, a quien conoció en una gala de TVE en septiembre del 2001 gracias a la labor «celestinesca» de Anne Igartiburu. La pareja compartió su pasión por los deportes y, a pesar de la distancia, ya que Paloma vivía entre Madrid y Galicia y Álvaro estaba constantemente viajando, la relación se fue consolidando. Todo parecía ir viento en popa hasta que en abril del 2004 decidieron romper. Sin embargo, dos semanas después, se dieron una segunda oportunidad y planearon dar el gran paso. Anunciaron en exclusiva que se casaban en octubre, todo un acontecimiento en la vida del deportista que siempre había sido un espíritu libre y conquistador. «Nunca he sido de los que decían: “¡qué horror el matrimonio!” Lo que pasa es que no te sientes preparado, tienes otras prioridades…En la vida todo son etapas y hay quien tarda más en quemarlas y hay quien tarda menos», comentaba en aquella época.
Finalmente, la boda no se celebró, pero Álvaro y Paloma siguieron siendo pareja hasta finales del 2005, cuando rompieron definitivamente. «No es posible una reconciliación y ya he dicho que no ha habido terceras personas», confirmaba el deportista desde las pistas de Baqueira. En el 2007 inició una relación con Ivonne Reyes. Aunque la conocía desde hacía tiempo, la chispa surgió cuando ambos coincidieron en una de las ediciones del programa «¡Mira quién baila!». Sin embargo, Álvaro siempre matizó que «solamente somos amigos. Es una mujer muy guapa, muy simpática y encantadora».

Deseaba saltar desde la estratosfera

Poco tiempo después, pusieron fin a su relación y, en las navidades del 2009, a Álvaro le pillaron esquiando en Baqueira Beret con la ex «Miss España» y presentadora Raquel Revuelta. Aunque, en un principio, el aventurero era reacio a confirmar la relación, cambió de idea y acabó apareciendo con ella en diversos actos públicos. El noviazgo duró pocos meses y, posteriormente, se relacionó sentimentalmente al deportista con Mónica Pont.
Su fascinación por el paracaidismo le llevó a fundar el Proyecto Alas junto a sus amigos Santi Corella y Toni López. Entre sus logros figuran el récord del mundo en caída libre y ser el primer español en saltar sobre el Polo Norte con traje de alas en el 2006. También cruzó el estrecho de Gibraltar en caída libre (conjuntamente con sus socios en el Proyecto Alas) y escaló la pared más alta del ártico en Groenlandia.
Hace poco, Álvaro admitía que «el riesgo con control es bueno y aporta cosas que están muy bien». Entre los retos que se había propuesto se encontraba saltar en skyfly desde la Sagrada Familia, uno de los edificios más emblemáticos de su ciudad natal. El aventurero también soñaba con imitar a Félix Baumgartner y saltar desde la estratosfera.
Su última participación en televisión fue hace pocos meses en el programa de Antena 3 «Splash! Famosos al agua». A principios del pasado mes de junio sufrió heridas leves mientras practicaba wingfly (el salto con traje de alas) al tratar de sobrevolar el Gran Hotel Bali de la localidad alicantina de Benidorm, pero aquel incidente no le asustó para continuar practicando este deporte de riesgo que acabó con su vida el 23 de agosto de 2013 en el Cantón de Berna (Suiza).