Amparo Muñoz

Actriz y ex «Miss Universo»

El 28 de febrero de 2011 fallecía, a los 56 años, esta malagueña cuya extraordinaria belleza la catapultó a la fama, pero que acabó siendo más conocida por su destructiva adicción a la droga que por su trabajo como actriz.

La Actriz Amparo Muñoz Que Fue Actriz Y Miss Universo Española.

La actriz Amparo Muñoz que fue actriz y Miss Universo española.

Amparo Muñoz Quesada nació en la localidad malagueña de Vélez- Málaga el 21 de junio de 1954. Fue la primogénita de los seis hijos del matrimonio formado por Manuel Muñoz, profesor de Carpintería Metálica, y Juana Quesada, ama de casa. Hasta los 7 años, la criaron sus padrinos, que no habían tenido descendencia y se ofrecieron a hacerse cargo de la niña para descargar de trabajo a su madre, que tuvo los primeros tres embarazos muy seguidos.
Durante su adolescencia, fue testigo de una grave crisis en la relación de sus progenitores. «Papá siempre fue muy independiente, muy de ir por libre, sobre todo cuando los hijos éramos pequeños. Con tanto ir y venir, cuando yo tenía 12 o 13 años, el matrimonio de mis padres se tambaleó. Por primera vez en mi vida, comprobé lo delgada que puede ser una pared cuando dos personas están discutiendo en el dormitorio de al lado», relató en su libro de memorias, que tituló «La vida es el precio». Tras un ultimátum de la propia Amparo, su padre cambió de actitud y se volcó en la vida familiar.
Dejó los estudios muy joven para, con unos cursos de taquigrafía y mecanografía, emplearse como auxiliar administrativa en el diario «Sur». En el verano de 1973, cuando tenía 19 años, el director del rotativo la llamó a su despacho para hacerle un ofrecimiento que la sorprendió: quería que se presentara a la elección de «Miss Costa del Sol», concurso de belleza del que era promotor. Pese a la oposición de sus padres, aceptó y ganó el certamen. Poco antes, había roto con Antonio, su novio desde los 14 años.

Máximo Valverde, su primer amor famoso

Tras conseguir su primer título de belleza, ganó también el concurso de «Miss España». «Al día siguiente decenas de periodistas se agolpaban en el aeropuerto. Me temblaban las piernas. Era una niña. No había salido nunca sola de mi casa. Las preguntas eran ingenuas, absurdas: ¿cuál es tu color favorito? ¿qué te gusta comer? Los “flashes” me desconcertaban. Me sentía desorientada, perdida…», recordaba de esa experiencia. Al poco de ser elegida la mujer más guapa de España, el productor José Luis Dibildos le hizo su primera oferta para ser actriz, un trabajo que le atraía muchísimo. Debutó ante las cámaras en «Vida conyugal sana», película a la que siguieron otros títulos de cine de destape como «Tocata y fuga de Lolita», «Sensualidad» o «Clara es el precio». En el ambiente cinematográfico, conoció al actor Máximo Valverde, que se convirtió en su novio.

Unas medidas perfectas

En enero de 1974, participó en el certamen de «Miss Europa 1973», donde proclamarse Segunda Dama de Honor le permitió representar a España en «Miss Universo», concurso que se celebró aquel mismo verano en Filipinas. Pese a sus extraordinarios ojos verdes y sus medidas perfectas (90-60-90), Amparo no estaba entre las favoritas y le sorprendió alzarse con el cetro. «El presentador imprimió mucho suspense a la proclamación. Durante esos segundos, dejé la mente en blanco. Al oír el nombre y la ovación, pensé que la ganadora había sido la galesa. Me adelanté hacia ella para cogerle el ramo de flores y volver al grupo, pero me detuvieron los abrazos del resto. En ese momento, comprendí que era la nueva “Miss Universo”», declaró.
El título incluía un férreo contrato que la obligaba a viajar por todo el mundo para participar en todos los actos publicitarios que quisiera la organización, cuyos responsables redactaron una nueva biografía de Amparo porque consideraban la suya poco atractiva para una «miss». El ritmo de trabajo era tan agotador que la joven se desmayó en un par de eventos. Los médicos le recomendaron reposo, pero apenas si la dejaron descansar un par de días. Tras seis meses de reinado, se sentía tan manipulada que decidió renunciar al título. A pesar de que la amenazaron con hundirla profesionalmente por incumplir su contrato, Amparo siguió con su carrera cinematográfica en España. Y fue en 1976, rodando «La otra alcoba», cuando conoció al cantautor vasco Patxi Andión, por el que se sintió atraída desde que interpretaron la primera escena de amor. «Me quedé prendada de aquella mezcla de deseo y sentimiento que no tenía nada que ver con los besos que había recibido hasta ese momento», declaró. Se enamoraron y se marcharon a vivir juntos. A los tres meses, se casaron por la Iglesia el 16 de mayo de 1976 en la navarresa ermita de Andión, tierra natal del novio.
Apenas un mes después de su boda, Amparo supo que estaba encinta. Se trataba de un embarazo extrauterino y el ginecólogo le recomendó que hiciera reposo, pero, a pesar de las precauciones, perdió el bebé a los cuatro meses. Sumida en una profunda depresión, Amparo, de 22 años, no encontró en su marido el consuelo y el respaldo que esperaba y las discusiones empezaron a ser frecuentes. «Siempre me decía que yo no era una buena actriz y que lo único que buscaban los directores de mí era mi físico, que saliera en pelotas», relató en sus memorias.

Amparo Muñoz sostiene el libro de sus memorias "La vida es el precio".

Un corto matrimonio con Patxi Andión

Su decisión de volver a trabajar en el cine, a lo que se oponía Patxi, agravó la crisis en su matrimonio y, un año y medio después de haber pasado por el altar, la pareja decidió separarse, aunque no se divorciarían hasta 1983. Tras su separación, Amparo pasó por un bache económico, del que salió gracias al dinero que ganó por posar desnuda para «Interviú». Por aquel entonces, empezó una relación sentimental con el director y productor Elías Querejeta, quien le facilitó su intervención en títulos de importancia como «Mamá cumple cien años», de Carlos Saura, o «Dedicatoria», de Jaime Chávarri, actuaciones que llamaron la atención de otros directores, tanto en España como en México. Rodando allí «El tahúr» tuvo un romance con el actor mexicano Tomi Farkas, lo que supuso su ruptura con Querejeta. Tras otra aventura con un piloto, se quedó embarazada, pero abortó. De regreso a Madrid, en 1981, un día recibió la visita de Flavio Labarca, un empresario chileno al que había conocido en una fiesta en México. «Quién iba a sospechar que un hombre tan atento, tan cariñoso, tan diferente a los que había conocido hasta entonces me haría descender hasta el abismo», declaró. En un viaje a Venecia, Labarca le propuso probar heroína mezclada con cocaína. Amparo lo hizo por curiosidad, pero no tardó en habituarse y la droga empezó a cambiarle el carácter y la vida. En Filipinas, donde fijó durante algunos años su residencia, tuvo problemas con la justicia cuando la denunciaron por haber agredido físicamente a la jefa de producción de una película en la que trabajaba porque ésta había llamado «calvo» a Flavio. La condenaron a cuatro años de prisión, que no cumplió porque ya no se encontraba en el país. Poco después de ese incidente, en 1983, viajó con Labarca a Bali donde se casaron por el rito balinés, unión sin validez en España. La estabilidad conyugal sólo duró unos meses y el «matrimonio» se separó en 1984.
Aunque ella siempre negó que hubiera sido adicta a las drogas, sí reconoció que era consumidora de heroína, sustancia que le ayudaba a sobrellevar la profunda soledad que sentía en la década de los 80. Por aquel entonces, vivió un tierno idilio con Antonio Flores, al que conoció rodando «El balcón abierto». Sus padres la llevaron a Málaga para que se desenganchara, pero volvió a recaer a su vuelta al trabajo. En 1987, fue detenida en Barcelona –rodaba «Vidas privadas»– comprando heroína en una redada antidroga. «Mi suerte estaba echada. Droga y Amparo Muñoz empezaron a ser dos términos estrechamente relacionados», aseguró.
En 1990, se rumoreó que la ex «miss» estaba al borde la muerte en un hospital madrileño a causa del sida. Ella misma se encargó de desmentir que estuviera enferma, pero algunos medios apuntaron que toda la historia podía haber sido un montaje impulsado para cobrar por aparecer en el programa «La máquina de la verdad». Este episodio la afectó profundamente y, para superarlo, fue vital el papel de su pareja Víctor Rubio, al que había conocido unos meses antes. «Me proporcionó no sólo cariño y comprensión: levantó un muro que me defendió de todos los ataques que, sin merecer, empecé a recibir», afirmó.

Vendió la exclusiva de su tercera boda

En la primavera de 1991, Amparo sufrió una pancreatitis aguda y la factura del hospital subió más de un millón de pesetas (6.000 euros). Como no tenía dinero para hacerle frente, decidió vender la exclusiva de su boda con Víctor. Pero tanto su tercer marido como ella consumían droga, por lo que las discusiones entre la pareja eran tan habituales como violentas. Otro punto de desencuentro fue que Víctor no trabajaba y Amparo tenía que acarrear con todos lo gastos. Para salir a flote, se deshizo de gran parte de los inmuebles que había ido adquiriendo a lo largo de su carrera. Pero la convivencia se hizo insostenible y, en 1993, el matrimonio se separó.
Tras pasar una larga temporada en la Costa Brava, donde aseguró que había dejado de consumir droga, Amparo Muñoz retomó su faceta de actriz en 1996 con las películas «Licántropo», de Paul Naschy, y «Familia», de Fernando León de Aranoa. En 1998, a los 43 años, inició una relación sentimental con el fotógrafo Daniel Tortajada, 19 años más joven, con el que convivió hasta principios del 2001 cuando los mareos y las sucesivas migrañas que padecía le hicieron sospechar que sufría una enfermedad grave. Los médicos le confirmaron que tenía un tumor cerebral y una malformación arterial en las proximidades del cerebelo y que podía morir en cualquier momento. Pese al riesgo que suponía la intervención, en el 2003 decidió operarse. La recuperación fue lenta y con muchas complicaciones. 
En el 2005, con 51 años, tras publicar sus memorias se retiró a vivir a Málaga, donde permaneció alejada de los medios de comunicación. Una de sus últimas entrevistas fue en el programa de «La noria», en el que se la vio ya bastante deteriorada. A principios de 2011 se tomaron unas imágenes suyas en las que se apreciaba que debía caminar con ayuda y que se expresaba con bastante dificultad. Aunque no hubo ninguna información al respecto, los síntomas indicaban que podría haberse producido una recaída en la enfermedad. Alejada de las cámaras que tantas veces habían captado su excepcional belleza, Amparo Muñoz murió a los 56 años el 28 de febrero de 2011 en su casa malagueña. Siete años antes había pronunciado una frase que resultó premonitoria: «Salí de casa con 18 años y volví, enferma, a morir entre los míos».