Auguste Rodin

Padre de la escultura moderna

El pasado 17 de noviembre se cumplieron los 100 años de la muerte de este gran artista francés que está considerado como uno de los mejores escultores de la historia. De formación clásica, su obra está impregnada de un impresionante realismo.

François Auguste René Rodin nació el 12 de noviembre de 1840 en París. Su padre era el inspector de policía Jean-Baptiste Rodin y su madre, Marie Cheffer, procedía de la región de la Lorena. El matrimonio ya tenía una hija, Marie, a la que el futuro escultor siempre estuvo muy unido. Desde pequeño, Auguste demostró una capacidad excepcional para el dibujo, por lo que le inscribieron en la Petite École de Dessin, donde copiaba láminas de pinturas del siglo XVIII, de bustos y ornamentos clásicos. Allí decidió orientarse hacia la escultura porque, según explicó, se había quedado fascinado con el modelaje del barro. Por su cuenta y riesgo, Rodin frecuentaba el Museo del Louvre, dibujando las obras maestras de los antiguos, pero también prestaba atención a las escenas callejeras y a los animales. Su padre creía que tenía que trabajar, pero decidió recabar una opinión autorizada sobre si su hijo tenía o no talento. Auguste se entrevistó con Hippolyte Maindron, uno de los más famosos escultores del momento, que determinó que el joven tenía una sensibilidad extraordinaria para ese arte y aconsejó que ingresara en la Escuela de Bellas Artes. Pero esta institución rechazó hasta en tres ocasiones su solicitud de admisión. Así que, Auguste aceptó ponerse a trabajar para decoradores y escultores comerciales.  


El durísimo golpe de la muerte de su hermana


En 1860, el mismo año en que Auguste hizo la primera escultura que de él se conserva –el busto de su padre, Jean Baptiste Rodin–, su hermana Marie sufrió un desengaño amoroso y se metió en un convento, pero sólo dos años después murió por una peritonitis. Aquella pérdida le afectó muchísimo y, siguiendo el ejemplo de su hermana, entró en la orden de los Padres del Santísimo Sacramento, a cuyo superior, Pierre-Julien Eymard, le hizo un busto. Mientras posaba para él, conversaron mucho y el sacerdote le hizo ver que su destino no estaba en la vida religiosa, sino en la artística. Así, poco antes de cumplir dos años de retiro, volvió a trabajar. Era 1864 y entró en el taller de A E. Carrier-Belleuse, para el que trabajaría haciendo motivos ornamentales, figuras decorativas y medallones de encargo. Muchos de esos trabajos no los firmó, pero se sabe que colaboró en la decoración del Teatro de los Gobelinos. A los 24 años conoció a Rose Beuret, una costurera que se convertiría en la compañera de su vida y en modelo de algunos de sus más insignes retratos, como «Mignon». De esta relación nació el único hijo del artista, que, al no ser reconocido por su padre, fue registrado como Auguste Beuret.       
Cuando estalló la guerra franco-prusiana, en 1870, Rodin intentó enrolarse en el Ejército, pero fue descartado por su gran miopía. Aceptó entonces trabajar en la ornamentación de la Bolsa de Comercio de Bruselas. Al año de instalarse en la capital belga, se enemistó con Carrier-Belleuse. Éste se volvió a París, mientras que Auguste se quedó llevando las obras. 
Influido por los artistas renacentistas italianos 
Contra todo pronóstico, su estancia en Bruselas se prolongó durante cinco años, tiempo durante el que se imbuyó del arte flamenco y la escultura barroca, que influirían decisivamente en su concepción de las formas. En 1875, viajó por primera vez a Italia, donde quedó enamorado de las obras de los escultores renacentistas como Donatello y Miguel Ángel. Artistas que le ayudaron, como él mismo explicó, a liberarse del academicismo. Confirmación de este cambio fue la obra que Rodin hizo a su regreso a Bélgica: «La Edad del Bronce». Expuesta en París en 1878, significó su reconocimiento como maestro, aunque también despertó una gran controversia por su extremado realismo. Sorprendía que alguien que nunca había estudiado en la Academia de Bellas Artes pudiera esculpir formas tan perfectas y algunos afirmaron que había hecho moldes de yeso a partir de modelos vivos. 
Dos años después, su desnudo «San Juan Bautista» apuntó de nuevo a esa polémica, pero acrecentó su reputación como genio de la escultura. Fue entonces cuando recibió del Gobierno francés el encargo de una puerta decorativa, que representara un pasaje de la «Divina Comedia» de Dante, para el Museo de Artes Decorativas, cuya construcción estaba prevista a orillas del río Sena. La concepción inicial de Rodin estaba inspirada en la puerta del Paraíso de Ghiberti, en Florencia, con su división en paneles cuadrangulares, donde se encajaban una serie de figuras escultóricas que representarían sentimientos como el dolor, la inquietud, la angustia, el deseo, la voluntad o la fuerza. Pese a que el museo nunca llegó a construirse, Rodin trabajó en ese encargo durante muchos años y su enorme creatividad dio lugar a algunas de sus esculturas más famosas, como son «El pensador», «El beso», «La mujer agachada», «El hijo pródigo», «Fugit Amor» o «Ugolino y sus hijos», entre otras.   

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Auguste Rodin cuando era un joven aspirante a escultor.

 
Un romance de 14 años con Camille Claudel


Otro de sus encargos importantes le llegó en 1885, cuando le eligieron para hacer un monumento en honor a «Los burgueses de Calais», obra con la que se quería recordar a Eustache de Saint-Pierre, quien en el siglo XIV se había destacado por su lucha para liberar a la ciudad del asedio inglés. La obra fue muy criticada por lo mucho que se alejaba de los cánones académicos, pero otro sector la consideró uno de los grandes grupos escultóricos modernos. Poco después, Rodin fue condecorado como caballero de la Legión de Honor. El gran maestro también fue muy criticado por la estatua que le hizo a Víctor Hugo, prohombre de la literatura francesa, que reprochó a Rodin haberle retratado «con ojos de asiático». Tampoco gustó el resultado de la escultura de Honoré de Balzac, que en la época fue comparada con «un muñeco de nieve». 
Años antes, Rodin había conocido a Camille, hermana del poeta Paul Claudel, una prometedora escultora de sólo 19 años que se convertiría en su discípula, amante y musa. Ambos artistas mantuvieron una intensa y tormentosa relación. Mujer valiente, Camille se enfrentó a su familia para poder dedicase con pasión a la escultura y para unirse al hombre que amaba, pero las cosas no fueron como ella esperaba. El escultor nunca abandonó a Rose, a la que consideraba su esposa «de facto», ni siquiera cuando Camille se quedó embarazada. La escultora abortó y siguieron juntos, aunque con discusiones, presiones y celos porque Rodin no toleraba bien que ella tuviera un gran talento. Terminaron por romper en 1898, catorce años después de haberse conocido. Camille nunca se recuperó y su salud mental se vio afectada. Asegurando que estaba loca, su familia la internó en el psiquiátrico de Montdevergues. Tenía entonces 49 años y allí pasaría, contra su voluntad, 30 años. Murió, sin haber salido de la institución, a los 79 años.     


Boda con Rose Beuret poco antes de su muerte


Rodin, que con el éxito y la fama se había hecho rico, se desentendió por completo de ella. Vivía volcado en su trabajo y no dejaba de esculpir, dibujar e improvisar esbozos de nuevas obras. En 1907, compró un palacete en Meudon, entonces a las afueras de París. Allí vivía con Rose Beuret, con la que se casó poco antes de que ella muriera, el 16 de febrero de 1917. A los nueve meses, el 17 de noviembre, falleció Auguste víctima de una pulmonía por el intensísimo frío que hizo aquel año. En el jardín de la propiedad, reconvertida después en el Museo Rodin, donde se expone gran parte de su obra, está enterrado el escultor bajo una reproducción de «El pensador».