Barack Obama

Primer presidente negro de EEUU

Hijo de keniano y norteamericana, este abogado brillante, carismático y con un estilo político diferente personifica el sueño americano de que cualquiera puede lograr sus objetivos con esfuerzo y dedicación. 

Barack Obama Pronunciando Un Discurso Ante Ted Y Caroline Kennedy.

Barack Obama pronunciando un discurso ante Ted y Caroline Kennedy.

Los antepasados de Barack Obama fueron familias trabajadoras. Su abuelo materno, Stanley Dunham, se ganaba la vida en los pozos petrolíferos de Kansas y luego se alistó en el Ejército, mientras que su abuela, Madelyn, trabajaba en una fábrica de bombarderos. Al acabar la Segunda Guerra Mundial, un programa gubernamental les permitió mudarse a Hawai donde se establecieron. Tuvieron una hija, Stanley Ann Dunham –la madre de Obama–, que estudió Antropología en la Universidad de Hawai, donde conoció al padre de Obama, llamado Barack.
Nacido en Kenia en el seno de una familia de pastores, este joven de gran inteligencia y mejor oratoria obtuvo una beca para poder estudiar. «Acudía a la escuela local y destacó como una gran promesa por lo que logró una beca para ir a Nairobi», ha explicado el propio Barack Obama hijo. Tras la independencia de Kenia, el nuevo Gobierno le envió a estudiar en EEUU para adquirir conocimientos que ayudasen a modernizar su país. Tras dejar atrás a Kezia, su primera mujer –que estaba embarazada del segundo hijo de la pareja–, la beca lo llevó hasta la Universidad de Hawai. Allí, en una clase de ruso, conoció a Ann, quien, con sólo 18 años, se casó con él desafiando a una sociedad donde el matrimonio interracial estaba proscrito en 22 estados.
El 4 de agosto de 1961 nació Barack Hussein Obama en Honolulú, capital de las islas Hawai. Barack significa en suahili –lengua materna de su padre– «el que ha sido bendecido», pero enseguida empezaron a llamarle «Barry» y su segundo nombre –Hussein– fue olvidado, especialmente cuando entró en política.

 

Sus padres se separaron cuando tenía 3 años

Pero el matrimonio de sus padres duró poco. Ann y Barack se separaron cuando el niño tenía 3 años y, al poco, se divorciaron. El padre regresó a Kenia y apenas volvió a ver a su hijo. Murió en accidente de tráfico en 1982, tras dos matrimonios, varios hijos más y habiendo visto frustrada su carrera política. Ann, que siempre habló a Barack bien de su padre, se volvió a casar, esta vez con el indonesio Lolo Soetoro, y tuvo una hija, Maya. Obama ha comentado muchas veces lo peculiar de su familia: siete hermanos kenianos por parte de padre, una hermana indonesia por parte de madre –casada con un chino canadiense–, aparte de su abuela Madelyn, blanca como la leche. «Si nos reuniéramos, pareceríamos las Naciones Unidas», ha dicho.
En 1967, cuando Obama cumplió los 6 años, toda la familia se trasladó a Yakarta, la capital de Indonesia. Durante cuatro años estudió en las escuelas locales hasta que su madre decidió que siguiera sus estudios en EEUU y, con 10 años, le envió a vivir con la abuela Madelyn, a quien Barack ha considerado siempre «una de las personas más importantes en mi vida». Ann se volvió a Hawai al año siguiente pero, al poco, regresó a Indonesia donde murió de cáncer en 1995. No haber pasado con ella los últimos días de su vida es, para Obama, uno de los mayores errores de su vida. Por eso, cuando recientemente su abuela enfermó de gravedad, el candidato no dudó en interrumpir la campaña para visitarla.

 

Estudiante de Ciencias Políticas en Nueva York

Tras acabar el bachillerato, siguió estudios en Los Ángeles durante dos años, donde desarrolló una gran afición por el baloncesto aunque no llegó a destacar por su habilidad con la pelota. Por el contrario, Obama se había revelado como un magnífico estudiante y, con 20 años, llegó a Nueva York, transferido a la Universidad de Columbia, donde se licenciaría en Ciencias Políticas en 1983. Su paso por la ciudad de los rascacielos no fue especialmente festivo y siempre ha hablado de Nueva York como un entorno hostil, por donde vagaba en solitario sin amigos ni conocidos. «Pasé aquellos años en la biblioteca. No me relacionaba. Vivía como un monje», ha explicado. Recién licenciado, encontró trabajo como consultor en la empresa Business International Corporation, lo que, de repente, le llevó a tener «una secretaria, un despacho y dinero en la cuenta». Cuando todo parecía apuntar a que Obama sería un joven tiburón de los negocios, en 1985, un anuncio en las páginas del diario «The New York Times» cambió el curso de su vida. Lo había puesto Gerald Kellman, un asistente social que trabajaba con personas desempleadas por la grave crisis de la siderurgia en Illinois e Indiana. Muchos de estos afectados vivían en el South Side de Chicago, un barrio considerado junto con el Harlem neoyorquino, la capital negra de EEUU. Como su equipo era sobre todo blanco, Kellman quería contratar a un negro. Cuando se vio con Barack, «en lugar de entrevistarle yo, fue él quien me entrevistó a mí», ha dicho Kellman de aquel joven entusiasta y magnético, a la búsqueda de su identidad. Kellman le preguntó: «”Qué es lo que más te enfada en el mundo” y él respondió: “La injusticia”».

Obama cuando era estudiante de Derecho en Harvard.

Jeremiah A. Wright, su mentor político

Aunque el sueldo era bajo, aceptó aquel empleo que le iba a permitir contactar con la crudeza de unos prejuicios raciales que él, negro educado en un amable entorno blanco, no había vivido. Se instaló en Chicago, ciudad donde encontró dos cosas fundamentales en su vida: primero, a su mentor durante años –Jeremiah A. Wright, un pastor de la iglesia Trinity United con un discurso brillante y radical sobre el orgullo de ser negro– y, segundo, su vocación política. Para dar curso a esta segunda, a finales de 1988 –tras dejar el trabajo social y viajar en verano a Kenia para conocer a su familia paterna (allí le hicieron la famosa foto vestido con el traje típico somalí que a punto estuvo de costarle la carrera política)–, Obama se matriculó en la Facultad de Derecho de la prestigiosa Universidad de Harvard, donde le esperaba una carrera académica llena de éxitos. Convencido de que había que cambiar el mundo cambiando las leyes que lo regían, Obama fue el primer afroamericano elegido presidente de la prestigiosa revista «Harvard Law Review». En 1991, se graduó magna cum laude con el título de doctor en Jurisprudencia y volvió a Chicago para trabajar brevemente en Project Vote, una organización cuya finalidad era lograr que el mayor número posible de personas se registrase para votar en las elecciones presidenciales de 1992. El equipo de Obama consiguió algo inaudito: que 150.000 votantes se dieran de alta, la mayoría negros.

   

Michelle, la jefa de la que se enamoró

Ese mismo año, en el mes de octubre, Barack contrajo matrimonio con la mujer de su vida: Michelle La Vaughn Robinson. Nacida en 1964 en un barrio obrero de Chicago en una familia de extracción humilde, Michelle había llegado a licenciarse en Sociología por la refinada Universidad de Princeton –donde los negros no eran nada bien vistos– y como abogada, en Harvard. Alta, elegante y muy inteligente, se había convertido en una importante ejecutiva de la firma de abogados Sidley & Austin. Allí fue donde Barack la conoció. En el bufete de abogados, Michelle se encargó de dirigir a un becario hawaiano llamado Barack Obama. La primera vez que lo vio, a Michelle le pareció sólo «un tipo negro con un buen pico». Pero fue precisamente la labia del joven, que se enamoró de ella en cuanto la vio, lo que acabó conquistándola. Pero a Obama le costó que su jefa aceptara salir con él. Durante más de un mes le estuvo insistiendo para que le acompañase a las reuniones que tenía en las comunidades pobres. Ella, pese a que también había hecho trabajo social, se estuvo negando sistemáticamente hasta que se rindió y aceptó a ir con él al cine para ver la película «Haz lo que debas», de Spike Lee, que trata sobre la violencia racial en un barrio neoyorkino. Fue el inicio de un gran amor.
«Me robó el corazón la manera en que es capaz de conectar con la gente», ha reconocido Michelle, que cuando aceptó casarse con Obama no podía sospechar ni remotamente que aquella decisión la llevaría, casi dos décadas después, a ser candidata a primera dama» de la nación. «Nos complementamos como pareja, amigos y amantes –ha declarado esta mujer a la que Barack llama «mi roca»–. Lo que más me gusta es tenerlo a mi lado, tanto para ver cómo me regala una sonrisa, cómo cautiva a su público o habla con personas mayores en una residencia».

Con el actor Robert de Niro, otro de los famosos a su favor.

Un libro de memorias que ha sido «best-seller» 

Tras instalar su hogar en un apartamento cercano al Hyde Park de Chicago, la pareja tuvo a sus dos hijas: Malia Ann y Sasha, de 10 y 7 años, respectivamente. Tres años después, en 1995, Barack Obama daba clases de Derecho Constitucional en la Universidad y concluyó su primer libro: «Sueños de mi padre». Planteado inicialmente como una reflexión sobre las relaciones raciales, acabó convirtiéndose en unas memorias personales. Fue, y sigue siendo, un éxito de ventas que permitió a la familia Obama, junto al elevado sueldo de Michelle (durante mucho tiempo ella ganó bastante más dinero que su marido), vivir con holgura y comprarse una enorme casa de estilo georgiano en el mismo South Side de Chicago. Pese a su dedicación a la política, Obama ha seguido con su carrera literaria, escribiendo un segundo libro: «La audacia de la esperanza». 
En lo personal, una de sus grandes aficiones sigue siendo el baloncesto y cada mañana acude a la cancha para entrenarse. Aunque alto y delgado (1,87 de altura y entre 77 y 80 kilos de peso), dicen de él que es un buen comedor –eso sí, un tanto quisquilloso– y él mismo explica que le encanta tomarse unas cervezas en el bar con los amigos. Le gusta escuchar música con su Mp3, en el que lleva canciones de Stevie Wonder, Bob Dylan y Bruce Springteen (el primer famoso que apoyó decididamente su candidatura), así como leyendas del jazz como Miles Davis o John Coltrane.
Como miembro del Partido Demócrata, siempre se ha mostrado especialmente sensible con los temas de los derechos humanos y el racismo, aunque no ha hecho bandera de su «negritud», que es más bien un mestizaje. Desde 1996, cuando inició su carrera política en el Senado de Illinois y durante los ocho años siguientes, luchó por incluir en la agenda de los políticos asuntos como la reforma de la asistencia médica, la pobreza, el crimen y el medio ambiente, así como el de la transparencia en la oscura financiación de las campañas electorales de Illinois. Junto a otros senadores, trabajó en la promulgación de 823 leyes, entre ellas la que creaba un grupo de agentes que investigaba si algunas de las detenciones de la policía de Chicago obedecían a motivos raciales. Con el tiempo, fue perdiendo su inicial imagen de político radical (se distanció hasta la ruptura de Jeremiah Wright) para adoptar un estilo más conservador y conciliador. 
En el año 2004, Obama se convirtió en el senador más joven de EEUU al ser elegido para ser representante por Illinois en la Cámara Alta. En la convención demócrata de ese año había dejado claro que era partidario de abolir la pena de muerte, criticó abiertamente la política de Bush en la guerra de Irak y pronunció una frase que le hizo muy popular en su país: «No existe una América conservadora y otra liberal; sólo existen los Estados Unidos de América», reclamando la unidad de todos los norteamericanos en su diversidad. En el Senado defendió el uso de la ética para impedir la corrupción, el empleo de energías alternativas y la introducción de automóviles eléctricos, abogó por la reducción de tropas en Irak y luchó por los derechos de los veteranos de esta guerra y de la de Afganistán. 
El 16 de enero del 2007, anunció que se presentaba como candidato a las primarias demócratas para las elecciones presidenciales del 2008. Tras cinco meses de batalla con un «peso pesado» de su partido (la veterana senadora Hillary Clinton, esposa del ex presidente Bill Clinton) se aseguró el número de delegados necesario para ser proclamado candidato por su partido. Se convirtió, así, en el rival de John McCain –el blanco representante republicano– en los comicios nacionales que mayor repercusión tienen en el mundo, tanto en lo mediático como en lo político.

 

Meticuloso, rápido y muy inteligente

Meticuloso, con una mente rapidísima que aprende a toda velocidad, un estilo personal muy «kennediano» y apoyado por un nutrido grupo de celebridades (desde George Clooney a Steven Spielberg, pasando por Jennifer López o Robert de Niro), Barack Obama se convirtió en presidente electo en las elecciones presidenciales del 4 de noviembre del 2008, tomando posesión de sus funciones como 44º presidente de los Estados Unidos el 20 de enero del 2009. El 9 de enero de dicho año le fue concedido el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos diplomáticos en pro del desarme nuclear, la consecución de un proceso de paz en Oriente Medio y el fomento de la lucha contra el cambio climático. Con un carisma arrollador que todavía perdura, el 6 de noviembre del 2012 fue reelegido presidente por cuatro años más, tras vencer al candidato republicano Mitt Romney.