Concepción Arenal

Periodista, escritora y activista social a favor de las mujeres

Concepción Arenal Luchó Por Mejorar Las Condiciones De Las Presas, Así Como Por Los Derechos De Todas Las Mujeres A La Educación Y Al Trabajo.

Concepción Arenal luchó por mejorar las condiciones de las presas, así como por los derechos de todas las mujeres a la educación y al trabajo.

Concepción Arenal Ponte nació el 31 de enero de 1820 en Ferrol (A Coruña). Fue la primogénita de las tres hijas de Ángel, un firme defensor de las ideas liberales que ingresó en la carrera militar al estallar la guerra de la Independencia, y de María Concepción, perteneciente a la aristocracia gallega. Tenía sólo 8 años cuando su padre, juzgado y en prisión por sus ideas, falleció. Eso motivó que la viuda y las tres hijas se trasladaran a casa de la abuela paterna en Armaño (en el valle santanderino de Liébana), donde permanecerían hasta 1835, si bien antes sufrieron un nuevo infortunio porque la hermana más pequeña, Luisa, falleció en 1930. 

  

Una educación de ­señorita casadera

En 1935, doña Concepción decidió trasladarse a Madrid para que sus dos hijas, Concha y Tonina, recibieran la educación propia de unas señoritas. Gracias a la influencia de su tío, el conde de Vigo –hermano de su madre–, Concepción y su hermana estudiaron como externas en el colegio Tepa, donde, a falta de un buen programa de materias que satisficiera la enorme curiosidad intelectual de la joven, le enseñaron la manera de comportarse como una dama en sociedad. 
Así, mientras doña Concepción repasaba los posibles candidatos a maridos de sus hijas, se dice que Concepción aprendió ella sola italiano y francés, estudió frenología y devoró todos los libros de ciencias y filosofía que caían en sus manos. Las relaciones entre madre e hija eran bastante malas porque, finalizados los estudios primarios, Concepción expresó su deseo de cursar estudios superiores, algo insólito para una mujer en aquella época y a lo que su madre se oponía con uñas y dientes. En 1840, la futura escritora se fue a Armaño para atender a su abuela enferma, Jesusa de la Cuesta, circunstancia que le permitió distanciarse de su tiránica madre. Cuando la abuela falleció, Concepción recibió la herencia familiar, que aumentó todavía más cuando, apenas un año después, murió también su madre. Con 21 años y dueña y señora de su destino, durante los siguientes tres años asistió como oyente (vestida de hombre para no llamar la atención) a las clases de Derecho de la Universidad Central de Madrid (la actual Complutense). Aunque no cursó la carrera ni consiguió el título (habría que esperar a que, en 1910, una Real Orden del rey Alfonso XIII autorizara a que las mujeres españolas pudieran realizar estudios superiores), su paso por las aulas universitarias afianzó su interés por las cuestiones judiciales y penales, por las que alcanzaría notoriedad.
En las clases conoció a Fernando García Carrasco, con el que contrajo matrimonio el 10 de abril de 1848, a pesar de los 15 años que le separaban de aquel abogado y periodista que, hombre avanzado para su época, siempre la trató como a una igual. Fernando estuvo encantado de que (otra vez disfrazada de varón) le acompañase a las tertulias del Café Iris o que aportara al hogar las ganancias de un trabajo remunerado. La pareja tuvo tres hijos: Concepción (que fallecería con sólo 2 años), Fernando y Ramón.
Durante los primeros años de su matrimonio, Concepción se decantó por la literatura y escribió poemas, tres obras de teatro, una novela que no se ha conservado y sus «Fábulas en verso», texto de lectura obligatoria en primaria. Dueña de una prosa sobria y correctísima, empezó a redactar artículos en el periódico liberal «La Iberia», de gran prestigio y donde su marido publicó editoriales y artículos de fondo hasta su muerte, el 10 de enero de 1857. 

  

Expulsada del periódico en el que trabajaba

Al quedarse viuda, Arenal continuó con el trabajo de su marido (siempre en el más total anonimato) hasta que Nocedal, ministro de Gobernación, promulgó la ley de Imprenta del 15 de mayo de 1857, que obligaba a firmar los textos que versaban sobre política, filosofía y religión y que conllevó su despido.
Por un poema que publicó en Oviedo en 1858, se sabe que estuvo un tiempo viviendo allí con sus hijos, pero fue una estancia corta y volvió a instalarse en Liébana, donde alquiló una casa a la madre del compositor Jesús Monasterio, uno de sus más fieles amigos. De fuertes convicciones religiosas, Monasterio había fundado la rama femenina de las Conferencias de San Vicente de Paúl, cuya función era visitar a los pobres y enfermos. En un intento de distraerla del dolor por la pérdida de su marido, su amigo logró interesar a Concepción en esta actividad. Tras la experiencia, Arenal publicó un excelente tratado titulado «El visitador del pobre» (1860). Traducido al inglés, francés, alemán, polaco e italiano, ese libro nació de la observación de la escasa preparación que tenían las mujeres que atendían a los pobres y enfermos y era un intento de enseñarles a hacerlo con delicadeza y amor. Denunciante de desigualdades e injusticias, su obra «La beneficencia, la filantropía y la caridad» (1861) la convirtió en la primera mujer galardonada por una Academia, en este caso, la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Su preocupación por la situación en que se encontraban las presas nació del hecho de que, a iniciativa de la reina Isabel II, el ministro de Gobernación, Florentino Rodríguez, la nombró en abril de 1864 visitadora de Prisiones de Mujeres, cargo por el que se marchó a vivir a A Coruña. Allí conoció a Juana Vega, condesa de Espoz y Mina, quienes se convirtió en buena amiga y colaboradora. Concepción abogaba por la reforma del Código Penal y su frase –«odia el delito y compadece al delincuente»– se hizo famosa, ya que apostaba por un trato reeducador del preso para su posterior reinserción social. Impulsora del Derecho Penitenciario, consideraba que el preso tenía que ser tratado con dignidad y apostaba por el trabajo penitenciario remunerado. Favorable a la supresión de la pena de muerte, luchaba también porque la mujer tuviera igual trato que el hombre en las prisiones. La cesaron del cargo en 1865, tras publicar su polémica obra «Cartas a los delincuentes». 

La actriz Blanca Portillo le ha dado vida en la película «Concepción Arenal, la visitadora de cárceles».

Periodista, escritora y activista social a favor de las mujeres

Una película, emitida por televisión con motivo del Día Internacional de la Mujer, trae a la actualidad la vida de esta gallega que luchó por mejorar las condiciones de las presas, así como por os derechos de todas las mujeres a la educación y al trabajo.

En lucha contra los ­prejuicios hacia la mujer

Precursora del movimiento feminista en España, su defensa de la mujer le llevó a publicar en 1868 «La mujer del porvenir», libro en el que ponía de manifiesto las contradicciones en la consideración de la mujer. «Si la ley civil mira a la mujer como un ser inferior al hombre, moral e intelectualmente considerada, ¿por qué la ley criminal le impone iguales penas cuando delinque?», escribía. Años después, en otro de sus libros, «La mujer de su casa», analizó los problemas a los que tenía que hacer frente la mujer española para ser tratada con dignidad en la sociedad. También luchó contra los prejuicios por la supuesta inferioridad fisiológica e incapacidad intelectual de las féminas y denunció que se les vetara el acceso al trabajo y a la educación. 

En 1870, cofundó y dirigió el periódico «La voz de la caridad», donde denunciaban los abusos e inmoralidades que se producían en los hospicios y en las cárceles de la época. Desde sus páginas, impulsó proyectos como el llamado «patronato de los 10» que consistía en que 10 familias ricas ayudaran a una sin recursos. Secretaria de la Cruz Roja de Madrid y directora de un hospital de campaña durante la Tercera Guerra Carlista, su estrecha amistad con Fernando de Castro, rector de la Universidad Central de Madrid, le llevó a pronunciar conferencias a favor de la condición femenina y a crear, en 1871, la Asociación para la Enseñanza de la Mujer y la Escuela de Institutrices.

  

Rechazada en la Real Academia de la Lengua

A partir de 1875, con la salud muy deteriorada y tras el fallecimiento de la primera mujer de su hijo Fernando, se trasladó a Gijón donde éste había sido nombrado director de obras del puerto. Allí, siguió con su actividad como escritora y, en 1879, redactó su obra jurídica más importante sobre derecho internacional: «Ensayo histórico sobre el derecho de gentes». Un año antes había publicado otro de sus trabajos más famosos: «La instrucción del pueblo». En 1884, murió su hijo Ramón y, cinco años después, se trasladó a Vigo, donde siguió escribiendo. Allí supo que Emilia Pardo Bazán había defendido, infructuosamente, su candidatura para ocupar una vacante en la Real Academia de la Lengua. En enero de 1893 sus dolencias se agravaron y falleció el 4 de febrero.