Cristóbal Colón

Descubridor de América

Este navegante y cartógrafo de origen dudoso se hizo famoso por descubrir accidentalmente América en 1492 pensando que llegaba a las Indias.

Cristóbal Colón Era Un Apasionado Del Mar Desde Niño.

Cristóbal Colón era un apasionado del mar desde niño.

Aunque su origen ha sido objeto de diversas especulaciones, un estudio comparado permite creer que el descubridor de América nació en Génova (Italia) entre el 25 de agosto y el 31 de octubre del año 1451. Recibió el nombre de Critóforo y fue hijo de Doménico Colombo y Susana Fontanarrossa. Tuvo cuatro hermanos: Bartolomé, Giácomo, Bianchinetta y Giovanni, que murió de niño.

Su familia poseía un cierto acomodo gracias a un negocio de tejidos y quesos. La infancia de Colón, al igual que su nacimiento, está envuelta en una nebulosa, pero parece ser que desde pequeño se sintió atraído por el mar. No consta que siguiera estudios e hizo su aprendizaje siendo grumete, marinero y capitán de naves genovesas. Entre 1470 y 1476 recorrió todas las rutas comerciales del Mediterráneo y también participó en empresas bélicas, como el enfrentamiento entre Renato de Anjou y el rey de Aragón, Juan II, por la sucesión a la corona de Nápoles y ejerció de corsario.


Instalado en Lisboa y boda con una noble

En 1473, tras un durísimo combate naval frente a las costas portuguesas, Colón salvó su vida nadando hasta llegar a la costa. Se asentó en Lisboa, donde ya existía una amplia colonia de genoveses, y cambió su nombre por Cristóbal y su apellido por Colomo o Colom. Al poco tiempo, también se instaló allí su hermano Bartolomé, marino y cartógrafo. Cristóbal solía oír misa en el convento de Santos, donde se fijó en la bella y noble Felipa Moniz de Perestrello. Obtuvo la mano de la chica en 1480, se casaron y dos años después nació su hijo, Diego. Bajo la influencia de su suegro, genovés como él y relacionado con las empresas náuticas de la corona portuguesa, Colón aprendió a conocer el océano Atlántico, recorriendo las rutas comerciales que iban desde Islandia a Madeira. Pero, conforme iba pasando el tiempo, Colón se fue interesando cada vez más por los aspectos geográficos y científicos de la navegación. En ello influyó su temprana viudez (su esposa falleció un año después de dar a luz) y el pleito que puso contra la casa Centurione, para la que trabajaba.
Por aquel entonces Colón se obsesionó con un proyecto al que dedicaría toda su vida: descubrir una ruta más corta y segura para llegar a las Indias navegando hacia el Oeste, ya que el Mediterráneo era un mar repleto de naves piratas. No era el único que creía que era posible abrir aquella nueva ruta. La ciencia de fines del siglo XV ya aceptaba que la Tierra era redonda y se conocía la existencia de islas y tierras septentrionales a las que habían llegado vikingos y daneses. El irlandés Barandrán hablaba de la existencia de un gran continente e historias parecidas circulaban en las tradiciones gaélicas, celtas e islandesas. Lo que nadie imaginaba era la ingente extensión de tierra que separaba por el Oeste Europa y las Indias. 


Las revelaciones de un marino desconocido

Según algunas fuentes, a Colón le sucedió algo entre los años 1477 y 1482 que él calificó de «milagro evidentísimo» y que le hizo afirmar que «Nuestro Señor me abrió el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de aquí a las Indias y me abrió la voluntad para la ejecución de ello». Otros sostienen que su convencimiento sobre la viabilidad de su proyecto era porque el navegante se había encontrado una vez con un capitán (del que no se sabe el nombre) que, regresando de Guinea, se había visto arrastrado por una tormenta hasta llegar a las Antillas. Tras un tiempo allí, conoció a Colón, le informó de la existencia de una nueva tierra y murió.

Pintura en la que se ve a Colón con sus dos hijos, Diego, nacido de su matrimonio con Felipa, y Hernando, habido de su relación con Beatriz.

Negociaciones con los Reyes Católicos

Fuera cual fuera la razón, Colón elaboró un proyecto que presentó al rey Juan II de Portugal. Éste lo rechazó, al parecer porque recelaba de aquel marino extranjero, pero, en secreto, envió una expedición que terminó en fracaso. Dolido por el engaño, Colón abandonó Lisboa y se dirigió hacia Huelva con el propósito de confiar a su hijo a la hermana de su mujer. En el camino, se detuvieron en el convento franciscano de Santa María de la Rábida donde conocieron al padre Juan Pérez, que se entusiasmó con el proyecto de aquel hombre que entonces se hacía llamar Xrobal Colón (XR era en la época el anagrama de Cristo). El fraile, que había sido confesor de la reina española Isabel, puso a Colón en contacto con los Reyes Católicos. Estos no autorizaron el proyecto porque estaban enzarzados en la guerra de Granada, pero no descartaron la idea. Le concedieron una pensión al navegante, rogándole que permaneciera en Córdoba hasta que la situación de las arcas de la Corona fuera más boyante. Instalado en un mesón cordobés, Colón conoció a Beatriz Enríquez, veinte años menor que él, con la que tuvo un hijo en 1488, Hernando, que sería su primer biógrafo y principal responsable de los ocultamientos y ambigüedades que rodean la figura del marino.
Las negociaciones entre Colón y los Reyes Católicos duraron varios años pero, finalmente, el 17 de abril de 1492, firmaron las Capitulaciones de Santa Fe, documento que estipulaba las condiciones –muy favorables económica y políticamente para el genovés– en que Colón haría el viaje descubridor. Al poco, los reyes ordenaron la construcción de dos carabelas para Colón, quien se encargó de reunir a la tripulación, en la que se enrolaron los hermanos Martín y Vicente Yáñez Pinzón, que aportaron una tercera nave propia. Con un presupuesto de dos millones de maravedíes y 90 hombres, las carabelas Pinta, Niña y Santa María salieron del puerto de Palos (Huelva) el 3 de agosto de 1492. La duración y penurias de la travesía provocaron amagos de motín, que Colón neutralizó prometiendo regalos y dinero. La situación era desesperada cuando, el 12 de octubre, Rodrigo de Triana avistó tierra. Resultó ser la isla Guahani, que Colón rebautizó como San Salvador. Durante los siguientes tres meses la expedición llegó a Cuba (que llamó Juana) y Haití (La Española). En la Nochebuena de 1492, la Santa María embarrancó. Con los restos de la nave Colón hizo construir un fuerte, donde se estableció la primera colonia. Perdida la Pinta por la insubordinación de los Pinzón, Colón regresó a España el 2 de enero de 1493. Meses después, los reyes recibieron en el Consell de Cent de Barcelona a Colón, que aseguraba haber cumplido su objetivo: llegar a las Indias.

 

Un viaje con Américo Vespucio al continente

El 25 de septiembre de 1493 emprendió su segundo viaje, una expedición de 17 barcos, con 1.500 hombres y frailes para evangelizar a los indígenas. Tocó tierra en la isla Guadalupe, descubrió Puerto Rico y fundó una ciudad, villa Isabella, en Santo Domingo. Antes de volver a España exploró la costa meridional de Cuba y descubrió Jamaica. A finales de 1494, Colón, su hermano Bartolomé y Américo Vespucio hicieron un viaje en el que tocaron tierra continental. El relato que Vespucio hizo dio origen a la creencia de que fue el descubridor del nuevo continente. El 30 de mayo de 1498 hizo su tercer viaje y, al llegar a La Española, calmó los ánimos de los españoles que habían ido a la búsqueda de fortuna prometiéndoles que obtendrían riquezas con el comercio de esclavos. Pero, a instancias de los Reyes, Colón fue apresado y enviado a España. Todavía hizo un cuarto viaje en el que cruzó el Caribe y llegó a las costas de Honduras y Panamá. Tras permanecer un año en tierras americanas y enfermo de gota, regresó a España en noviembre de 1905 e inició un pleito con la Corona por sus privilegios, que quedó en suspenso cuando falleció en Valladolid el 21 de mayo de 1506. Enterrado inicialmente en Sevilla, la leyenda cuenta que su hijo Diego hizo trasladar sus restos a La Española (Santo Domingo).