Félix Rodríguez de la Fuente

El amigo de los animales

Famoso naturalista y realizador de documentales para radio y televisión, es el español que más hizo por la divulgación del amor a la naturaleza y a los animales.

Félix Rodríguez De La Fuente  En Compañía De Teodoro Roa, Operador De Cámara, Que También Encontró La Muerte En La Avioneta Desde La Que Filmaban.

Félix Rodríguez de la Fuente en compañía de Teodoro Roa, operador de cámara, que también encontró la muerte en la avioneta desde la que filmaban.

Félix Rodríguez de la Fuente nació el 14 de marzo de 1928 en Poza de la Sal (Burgos). Su padre, don Samuel, era notario de la localidad de Oña y consideraba que los niños no debían ser escolarizados a edad temprana, por lo que Félix disfrutó de una infancia ideal. Se pasaba los días jugando y correteando por el pueblo en compañía de sus amigos, en especial de su primo, Policarpo de la Fuente. Su madre, doña Marcelina, era una mujer muy intuitiva capaz de detectar las continuas travesuras en las que su hijo andaba siempre metido. En su casa vivía también una tía, Socorro, la sirvienta, Lucía Calvo, y Luisa Pérez, la nodriza que asistió en el parto de Félix y le cuidó los primeros meses. 

A los siete años empezó a ir a la escuela, que odiaba y de la que se escapaba siempre que podía, pero al año siguiente, 1936, estalló la Guerra Civil y las aulas estuvieron cerradas durante los dos años siguientes para alegría de Félix, que volvió a disfrutar de las maravillas de la naturaleza.

 

Bachillerato en un internado de Vitoria 

En 1938, con 9 años, ingresó en el internado del colegio de los Sagrados Corazones de Vitoria. Aquella reclusión le supuso una enorme tristeza porque nada tenía que ver con los otros niños, en su mayoría procedentes de familias y ambientes burgueses. Inteligente y despierto, superó sin problemas el retraso escolar que llevaba y aprendió a leer mejor que otros niños. Acabó el bachillerato en 1946, en el colegio de los Hermanos Maristas de Burgos. Aquel niño, que se sentía orgulloso de ser de pueblo, sólo era feliz cuando volvía a su casa en vacaciones.  

 

Un singular estudiante de Medicina 

Aunque su vocación era la zoología, acató la orden de su padre, al que tenía un enorme respeto, de que estudiara Medicina, una carrera con más porvenir. A los 17 años se matriculó en la Universidad de Valladolid, donde sus comportamiento como estudiante fue muy singular. Durante los dos primeros trimestres de cada curso apenas asistía a clase, ya que se dedicaba a salir al campo para observar a los animales, en especial a los halcones, que le tenían fascinado. En el último trimestre de cada año hacía un esfuerzo y aprobaba los exámenes con notas excelentes. Durante aquellos años tuvo la suerte de conocer al doctor José Antonio Valverde, zoólogo y ecólogo que, años más tarde, sería el principal promotor de la creación del Parque Nacional de Doñana. Sus conversaciones con Valverde fueron la clave de su formación zoológica. Acabada Medicina e instalado en Madrid, Félix siguió el consejo de su padre de que estudiara Odontología –dentista– para compaginar un trabajo con el que ganarse la vida con su afición: los animales salvajes. Rodríguez de la Fuente acabó la especialidad con el premio extraordinario Landete Aragó, el más importante de la especialidad, y se puso a trabajar como ayudante de un prestigioso dentista en Madrid. Sin embargo, después de que su padre falleciera, el 13 de abril de 1959, dejó la Medicina para dedicarse en cuerpo y alma a su pasión: la zoología. Durante sus años como estudiante Félix se había convertido en un especialista en halcones.

Félix con algunos de los lobos que tenía en su casa de Madrid.

Libros medievales y el arte de la cetrería

Consultando libros medievales rescató el viejo arte de la cetrería. Durante el servicio militar, que hizo como alférez en Burgos entre los años 1953 y 1954, le habilitaron una habitación especial para los dos halcones que se llevó al cuartel cuando le llamaron a filas. Finalizada la mili, entró como colaborador en el Servicio Nacional de Pesca Fluvial y Caza y consiguió que se abriera en Briviesca (el pueblo en el que su familia se había instalado en 1943) una estación para el estudio y la conservación de su queridos halcones. Una vez, después de que la Embajada de Arabia Saudita comunicara al Gobierno español su interés por los baharis, un tipo de halcones hispánicos, el Ministerio de Asuntos Exteriores envió a Félix a Arabia con dos halcones amaestrados que despertaron el entusiasmo del rey Ibn Saud. Después, se dedicó al estudio y protección de otros animales salvajes, como por ejemplo los lobos, a los que consideraba «sus mejores amigos». Entre 1965 y 1980, crió y convivió con varias manadas de lobos para estudiar a estos animales.

 

La televisión le dio una enorme popularidad 

Interesado en la divulgación de temas relacionados con los animales, empezó a escribir artículos que fueron publicados en diarios y revistas nacionales, pero sería la televisión la que le daría una enorme popularidad. En 1964, recomendado por Manuel Fraga, Félix apareció por primera vez en un programa de Televisión Española (entonces la única cadena que existía) llamado «Fin de semana». Su corta intervención despertó tanto interés que, desde entonces, Rodríguez de la Fuente se convirtió en una de las grandes figuras de la pequeña pantalla. Tras su paso por el programa «Imágenes para saber» y tras haber realizado reportajes de divulgación sobre África y Arabia Saudita para «A toda plana», en 1968, la dirección de TVE le propuso dirigir y presentar su propio programa. «Félix, el amigo de los animales» tenía fines didácticos y tuvo una excelente acogida entre el público y la crítica. Al año siguiente, dirigió y presentó «Fauna», un programa de tipo más documental y didáctico, que más tarde pasaría a llamarse «Vida salvaje». Con la experiencia, Félix fue depurando su estilo hasta convertirse en el más grande autor español de programas televisivos de todos los tiempos. Sus programas «Planeta azul» y «El hombre y la tierra» traspasaron fronteras y se vendieron a casi todas las televisiones del mundo, convirtiéndose en los espacios de producción propia más rentables de la historia de TVE. Los programas de Rodríguez de la Fuente eran la estrella del «hit-parade» televisivo y el naturalista fue el responsable de que muchos niños y niñas de la época, que lo consideraban un amigo, estudiaran biología o zoología.

Félix Rodríguez de la Fuente dejó la Medicina por la Zoología, su gran pasión.

Casado con una francesa y padre de tres hijas

Casado en 1965 con la francesa Marcelle Parmentier y padre de tres hijas –Mercedes, Leticia y Odile–, Rodríguez de la Fuente desarrolló siempre una febril actividad: simultaneaba sus programas televisivos con intervenciones en radio, colaboraciones con prensa escrita, conferencias (era más un hombre de palabra hablada que escrita) y proyectos de divulgación. Con ayuda de eminentes biólogos trabajó en la redacción de dos grandes enciclopedias: Fauna Ibérica y Enciclopedia Salvat de la Fauna. Esta última está considerada como su obra cumbre. Se ha traducido a más de una docena de idiomas –entre los que figuran el griego, el hebreo y el finlandés– y se ha publicado en más de 20 países. 

Además de todo su trabajo para los medios de comunicación, Rodríguez de la Fuente era un viajero incansable que recorrió España, África y América siguiendo la huella de los animales que tanto amaba. Uno de sus méritos fue despertar la conciencia ecológica y el amor hacia los animales salvajes, siendo una de las figuras claves del movimiento proteccionista mundial y uno de los más apasionados amantes de la naturaleza que ha dado España. 

Su brillante trayectoria se vio truncada el 14 de marzo de 1980 –el día que cumplía 52 años– cuando él y su equipo filmaban una carrera de perros esquimales en Alaska (EEUU) para la serie «Los perros del mundo». La avioneta en la que viajaba con el operador Teodoro Roa y el ayudante de cámara Alberto Mariano Huesca se estrelló. El naturalista y sus acompañantes fallecieron en el acto. Tres días después su cadáver fue repatriado y sus restos mortales fueron enterrados en su localidad natal. Veinticinco años después de su desaparición, su figura sigue siendo un referente para el naturalismo español.