Imperio Argentina

Estrella del cine español de los años 30 y una de las grandes de la copla

Argentina de nacimiento ha sido una de las grandes voces de la canción española y la primera actriz hispana con proyección internacional. Enamoró a Hitler y cantó con Carlos Gardel.

Imperio Argentina En «Morena Clara», Que Se Exhibió En Los Dos Bandos Durante La Guerra Civil Española.

Imperio Argentina en «Morena Clara», que se exhibió en los dos bandos durante la Guerra Civil española.

Magdalena Nile del Río nació en Buenos Aires (Argentina) el 26 de diciembre de 1910, aunque otras fuentes fechan su nacimiento en 1906. Su padre, Antonio, era un gibraltareño aficionado a la guitarra, y su madre, Rosario, una actriz malagueña. La pareja tuvo otra hija, Asunción. En 1915, Malena, como la llamaban en casa, acudió con su madre a una actuación de Pastora Imperio y se arrancó a bailar en mitad de un pasillo. El público recibió con una tanda de aplausos el espontáneo gesto de la niña, a la que empezaron a apodar la «Petite Imperio».

La veta artística corría por las venas de Malena, que acompañaba a su padre, cantando y bailando, cuando éste tocaba la guitarra en los animados cafés bonaerenses. Tras debutar profesionalmente a los 15 años en el Teatro de la Comedia de Buenos Aires, decidió estudiar música y tomó clases de baile con la Pavlova. Luego, emprendió una gira con su familia por Argentina, Chile, Bolivia y Perú. 

En Lima la vio actuar Jacinto Benavente, que quedó entusiasmado con el arte de aquella jovencita que tenía una hermosa voz, una enorme simpatía y sabía moverse con elegancia y naturalidad en el escenario. Tanto le gustó al conocido escritor español que la rebautizó como Imperio Argentina. Benavente aconsejó a sus padres que se trasladaran a España, vaticinándoles una prometedora carrera. No se equivocaba el literato. Al año siguiente, la joven artista se presentó en el Teatro Romea de Madrid, donde la aplaudió Encarnación López, «La Argentinita», gran artista de la época que se convirtió en su madrina profesional.

 

Florián Rey, un pigmalión enamorado

 Fue la primera de una larga serie de actuaciones que la llevaron a viajar por toda España. En aquellos años, el cine estaba en sus inicios y la joven Imperio intentó ser actriz. Sus primeras pruebas ante la cámara fueron un desastre hasta que se cruzó en su camino Florián Rey, un joven director que buscaba a una actriz para protagonizar la versión cinematográfica muda de la novela «La hermana San Sulpicio». Decidió que era ella y, pese a que no tenía ninguna experiencia, Malena cobró 12.000 pesetas por ese trabajo, una fortuna en aquella época. La película fue un éxito y la convirtió en actriz famosa. Durante el rodaje, Rey, que estaba casado y tenía un hijo, se enamoró perdidamente de Imperio, pero ella no quiso saber nada de aquel amor. Le interesaba más su carrera artística que los devaneos sentimentales con aquel hombre mucho mayor que ella. Pese al desplante sentimental, Florián y la actriz volvieron a trabajar juntos en «Los claveles de la Virgen», y en 1928, consagrada como actriz, viajó a Berlín para rodar «Corazones sin rumbo», esta vez a las órdenes del director Benito Perojo.

 

Encuentro con Marlene Dietrich en París

En 1931 Imperio Argentina se convirtió en la primera actriz y cantante de habla hispana con proyección internacional. La Paramount la contrató en exclusiva para rodar películas en París y se instaló en una bonita casa en la capital del Sena, que se convirtió en centro de todos los españoles y argentinos que pasaban por la ciudad. Vivía como una estrella, con coche, chófer y todo tipo de lujos. En una cena organizada por la productora conoció a la mítica Marlene Dietrich. Uno de los biógrafos de la actriz alemana aseguró que ésta había mantenido relaciones sexuales con Imperio, pero la argentina lo negó. «A mí me gustan los hombres. Ella no me gustó. No fue nada simpática. Apenas nos hizo caso y se comportó muy secamente. Me sentí incómoda a su lado porque en sus ojos había un deseo al que no parecía importarle que no fuese correspondido», dijo del supuesto romance.

Durante los cuatro años que residió en París, Imperio rodó seis películas. En una de ellas compartió cartel con Maurice Chevalier, con el que mantuvo durante toda su vida una excelente amistad, y en otra tuvo el privilegio de cantar un tango con Carlos Gardel, con el que se rumoreó que había tenido un romance, aunque ella siempre afirmó que el romance no había pasado de un mero galanteo. De hecho, ella se declaraba públicamente enamorada de Richard Blumenthal, el jefe de la Paramount en París, para mortificación de Florián Rey. El director, que seguía enamorado hasta los tuétanos de aquella artista que no era una folclórica al uso sino una estrella con todas las de la ley, había dejado trabajo y familia en España para seguirla hasta París. 

 

Cortejada por José Antonio Primo de Rivera

En 1934, de regreso a Madrid, Imperio se instaló con su familia en una casa de la calle Marqués de Cubas, donde tenía como vecino a un joven José Antonio Primo de Rivera. «Él me cortejaba a la manera de aquel tiempo, paseando ante mi puerta, dirigiéndome miradas furtivas con algo de picardía. Entre nosotros no hubo más que algún roce casual», explicó negando también la leyenda de que había sido novia del fundador de la Falange. Para entonces, Imperio había rodado la versión sonora de «La hermana San Sulpicio», de nuevo a las órdenes de Florián Rey, y el director no perdió la ocasión para volver a hablarle de amor. Para su sorpresa, la actriz aceptó. Se casaron en 1934 y el 13 de abril de 1935 nació su hijo, Florián Antonio. «Al lado de Florián Rey aprendí mucho y le tuve un gran cariño, aunque no llegó a convertirse en profundo amor», escribió en sus memorias.

El director fue el verdadero pigmalión de Imperio Argentina, una cantante de canción española excepcional que grabó pocos discos y desarrolló su repertorio en películas. Convertidos en una pareja de referencia para entender el cine español de los años 30, el matrimonio produjo y rodó «El novio de mamá», película inspirada en la historia de Carmen Ruiz Moragas, amante de Alfonso XII  y con el que tuvo dos hijos. 

Un fotograma de «Carmen la de Triana» con Rafael Rivelles, el gran amor de su vida.

Éxito con «Nobleza baturra» y «Morena clara»

Pero fue «Nobleza baturra», en 1935, la cinta que dio en la diana del éxito y le abrió de par en par las puertas de Latinoamérica. Su siguiente trabajo juntos, «Morena Clara», donde ella cantaba coplas inolvidables como «Échale guindas al pavo» o «El día que nací yo», fue su película más emblemática. Su repercusión fue tan grande que siguió proyectándose en los dos bandos en que se dividió España tras el estallido de la Guerra Civil en 1936. 

Huyendo de la contienda, el matrimonio se instaló en París y, después de algunas actuaciones en América, aceptaron la invitación de Adolf Hitler para ir a Berlín. Dicen que el dictador nazi había visto hasta ocho veces «Nobleza baturra» y consideraba a Imperio una de sus actrices favoritas. La admiraba por su imagen y temperamento racial. Según explicó Imperio Argentina en sus memorias, sólo vio una vez al Führer y acudió a la entrevista acompañada por su marido. «Hitler era un hombre atractivo. Su cuerpo era atlético y sus ojos muy hermosos. Su trato personal era muy cordial, educado. Tenía magnetismo y era encantador», explicó la cantante de un encuentro en el que Hitler le propuso rodar en Alemania una película sobre Lola Montes. Otras fuentes aseguran que Malena se convirtió en la amante del dictador y una tercera versión indica que la artista mantuvo una relación con Goebbels, el siniestro ministro de propaganda nazi. 

En 1999, Fernando Trueba se inspiró en estos rumores (o verdades) sobre Imperio para su película «La niña de tus ojos», que narra las peripecias de una actriz española en la Alemania nazi. Imperio, que siempre tuvo un genio fuerte y vivo, se enfadó muchísimo y demandó al realizador, si bien la demanda no prosperó.

En sus últimos años, Imperio Argentina vivió retirada en Benalmádena.

Rafael Rivelles, el gran amor de su vida

Fuera como fuera, la actriz y su marido se quedaron a vivir en Alemania, donde en 1938 rodaron «Carmen la de Triana» (los exteriores se filmaron en Sevilla y Ronda con el actor Rafael Rivelles en uno de los papeles). Un año más tarde hicieron «La canción de Aixa», tras la cual Imperio se separó de su marido para unirse sentimentalmente a Rivelles, que también dejó a su mujer, Fernanda Ladrón de Guevara, y a su hija por aquella pasión surgida con la argentina. «Rafael fue el gran amor de mi vida, el hombre que supo despertar una pasión hasta entonces oculta. Notaba que mi corazón era suyo y que él me protegería siempre. Era un caballero. Nos amamos como nunca pensé que podría amar». Se pusieron a vivir juntos en el apartamento de él en San Sebastián, pero el despechado Florián Rey, que se quedó con la custodia del hijo y luego le puso muchos impedimentos para verlo, los denunció por adúlteros y la carrera de Imperio sufrió un fuerte parón. 

  

Una hija con Joaquín Goyanes, otro casado

En 1939, la llamaron para protagonizar «Tosca», película que debía dirigir Jean Renoir en Roma. Sin embargo, el director francés apenas rodó unos metros de la película ya que, al estallar la Segunda Guerra Mundial, y ser llamado a filas decidió exiliarse. La película se acabó a las órdenes de un realizador menos conocido con un ayudante que, con el tiempo, sería uno de los grandes maestros del cine: Luchino Visconti. 

Instalada en Madrid con Rivelles sin casarse, algo escandaloso para la época, su relación se rompió dos años después, durante el rodaje de «Goyescas». Imperio conoció a Joaquín Goyanes de Osés, marqués de Melgarejo. Cayó rendido a los pies de la estrella, iniciaron un romance y, finalmente, se fueron a vivir juntos, pero sin casarse ya que Goyyanes estaba casado y en la España franquista se había abolido el divorcio. Poco después, para mayor escándalo, Imperio se quedó embarazada y el 23 de mayo de 1943 nació su hija Alejandra, que fue inscrita en el Registro Civil como hija de padre desconocido. Durante una temporada, la pareja y la niña se fueron a Cascais (Portugal). Allí, trabó amistad con el compositor Ernesto Halffter, con el que aseguró que nunca hubo más que una relación platónica. Fuera por eso o por otra razón, en 1945 finalizó su unión con Goyanes. Ese mismo año, se embarcó con su hija y su hermana Asunción, que siempre estuvo a su lado, rumbo a Argentina. Durante la larga travesía, mantuvo un romance con el torero peruano Alejandro Montani. 

En 1947, una sorprendente oferta la devolvió a España. Se trataba de trabajar de nuevo con su ex marido en la película «La cigarra». El director intentó recuperar así a su mujer, pero el intento de reconciliación no prosperó. Justo al contrario, ya que durante el rodaje se enamoró de Ángel Rossón, ayudante de Rey, con el que estuvo un año. Mujer divertida, de genio vivo, conversación amena y personalísimo atractivo, Imperio Argentina tuvo siempre muchos hombres a su alrededor. En diciembre de 1950 se casó con Ramón Baíllo, conde de las Cabezuelas, pero ese segundo matrimonio (esta vez por la Iglesia) duró poquísimos meses. Su siguiente amor fue el poeta Rafael de Penagos, hijo del famoso pintor, y en México Mario Moreno «Cantinflas» la intentó seducir. «Tuve que pararle los pies porque no quería convertirme en una pieza más de su colección».

 

El suicidio de su hijo 

En 1959, Imperio vivió uno de los peores momentos, cuando su hijo, de 24 años, se suicidó tras una discusión con su novia. La artista se sumió en una profunda depresión de la que sólo se recuperó por los cuidados de su hermana. En 1960, después de diez años sin hacer cine, le propusieron protagonizar «Ama Rosa», una adaptación del famoso culebrón radiofónico. Un año después se casó su hija con Santiago Pérez del Pulgar con el que tuvo cinco hijos: Sandra, Magdalena, Jorge, Teresa y Paula. De una posterior unión de su hija con Antonio Corbacho nació África. Estos nietos la hicieron bisabuela ocho veces. En el Festival de San Sebastián de 1962 los jóvenes críticos redescubrireron a la artista en una retrospectiva dedicada a Florián Rey. Mario Camus le ofreció un personaje en «Con el viento solano» (1965) y, más tarde, hizo «Tata mía» (1986). Un año después rodó «El polizón de Ulises», de Javier Aguirre, que pondría punto final a su filmografía. 

Con Juanito Valderrama y José Manuel Parada en una de sus últimas actuaciones.

Su hija, enganchada al alcohol y las drogas

Alejada de los platós y los escenarios, fijó su residencia en Benalmádena donde se compró un pequeño chalet. Los problemas para Imperio empezaron en 1987 cuando murió su hermana Asunción. Su hija, con una gravísima adicción al alcohol y las drogas, pasaba de ella. En 1989 recibió un Goya de Honor por toda su carrera. En 1992 Imperio actuó en la Exposición Universal de Sevilla junto con las otras «reinas» de la copla: Juanita Reina, Lola Flores y Rocío Jurado. Ese mismo año se le concedió la nacionalidad española y sufrió el durísimo golpe de perder a su hija, muerta a los 49 años. «He visto el horror, he conocido el éxito, pero también sé lo que es el fracaso. He amado y alguna vez me han traicionado y he padecido el que mis dos hijos estén muertos ya, pero cada día es nuevo para mí y tengo ganas de vivir». A partir de entonces, y salvo algún que otro homenaje o su participación en alguna serie o programa de televisión, Imperio Argentina vivió retirada en su casa de Benalmádena. Allí la malcuidaban sus dos nietas mayores, mientras que el resto desapareció de su lado. Murió el 22 de agosto del 2003, a los 92 años de edad. Los últimos meses de su vida, tras ser ingresada en el hospital en enero por una angina de pecho, estuvieron marcados por la violenta disputa que mantuvieron sus familiares por las pocas propiedades que le quedaban. Con todo, jamás perdió ni la sonrisa, ni el garbo ni el donaire que hicieron de ella una estrella internacional. En el 2011, ocho años después de su fallecimiento, recibió una Estrella en el Paseo de la Fama de Madrid.