Ingrid Bergman

La gran dama del Hollywood de los años 40

Esta oscarizada actriz sueca rompió con su imagen de bella y virtuosa para vivir una apasionada historia de amor con el director italiano Roberto Rossellini, con el que tuvo tres hijos.

Primer Plano De La Bellísima Actriz Sueca, Que Conquistó Hollywood Con Su Extrema Naturalidad.

Primer plano de la bellísima actriz sueca, que conquistó Hollywood con su extrema naturalidad.

Ingrid Bergman nació el 29 de agosto de 1915 en Estocolmo (Suecia). Su madre, Friedel, murió cuando ella tenía dos años y su padre, Justus Bergman, falleció diez años después. Al quedarse huérfana, Ingrid fue a vivir con su tío Otto, un hombre culto y refinado. Era entonces una muchacha alta y desgarbada, con una timidez enfermiza que fue venciendo cuando entró en la Escuela de Arte Dramático, donde estudió durante tres cursos. A los 17 años conoció a Petter Lindstrom, un dentista con el que contrajo matrimonio en 1937. Antes de esa fecha, Ingrid había trabajado en seis películas. Cuando el productor norteamericano David Selznick, especializado en versionar éxitos del cine europeo, vio una de ellas, «Intermezzo», le propuso rodarla en Hollywood junto con Leslie Howard. Ingrid aceptó y, en 1939, desembarcó en Estados Unidos. La llegada de la actriz, que supuestamente debía ser la continuadora del éxito de Greta Garbo aunque nada tenía que ver con «La Divina», causó sensación, pero por otros motivos: Bergman era una mujer hermosa, alta, grande y que no usaba maquillaje. 

 

Se negó a cambiar de nombre y de estilo

Hollwyood intentó cambiar su estilo físico e incluso su nombre, pero ella se negó rotundamente. Finalmente, consiguió mantenerse tal cual era y sería esa extrema naturalidad la que revolucionaría los estereotipos de las norteamericanas. «Intermezzo» la catapultó a la fama, pero Bergman regresó a Suecia, donde rodó dos películas más. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Selznick y su mujer, Irene, pidieron a la actriz que se instalara en Hollywood. Así fue como Bergman volvió a California, esta vez con su hija de un año, Pia, mientras su marido prestaba servicio como médico en su país.

Al año de instalarse en EEUU, debutó en Broadway con la obra «Lilliom». En 1942 rodó «Casablanca», una de las películas más míticas del cine de todos los tiempos. Pero Ingrid, que sustituyó a Hedy Lamarr, la actriz para la que se había pensado el papel, fue la primera sorprendida con el universal éxito del filme, pues la filmación había sido caótica. «Yo no sabía de quién debía estar enamorada, si de Paul Henried, que era mi marido en la ficción, o de Humphrey Bogart», dijo en una ocasión. Quizás la clave de «Casablanca» fue su mezcla de pasión y heroísmo en un momento en que Europa luchaba contra la barbarie nazi. El mítico Bogart eclipsó ligeramante a Bergman, quien ese mismo año rodó junto a Gary Cooper «¿Por quién doblan las campanas?», adaptación de la novela de Ernest Hemingway sobre las andanzas de un periodista norteamericano en la guerra civil española. Bergman interpretaba el papel de una campesina e impuso un estilo de pelo corto que hizo furor. En «Luz de gas», de George Cukor, junto a Charles Boyer, su papel de esposa engañada que va enloqueciendo día a día le valió su primer Óscar en 1944. En los años siguientes rodó dos películas de Hitchcock, «Recuerda»y «Encadenados», e hizo de monjita en «Las campanas de Santa María» o de heroína en «Juana de Arco». Todas esas películas la convirtieron en estandarte de una moral virtuosa y convencional. 

Ingrid fue la primera sorprendida con el enorme éxito que consiguió «Casablanca», que protagonizó junto a Humphrey Bogart.

Fascinada por el italiano Roberto Rossellini

En 1947, «Roma, ciudad abierta», del director italiano Roberto Rossellini, le cambió la vida. La vio en Los Ángeles con su marido y quedó fascinada por esa forma nueva de hacer cine. «Creo que en la raíz de mi alma me enamoré de Roberto en cuanto vi “Roma, ciudad abierta”. Ya no pude borrarlo de mi pensamiento. Aunque de modo subconsciente, me ofreció la solución de mis dos problemas capitales: mi matrimonio y mi vida en Hollywood», escribió años después en su autobiografía. Un año más tarde, tras ver otra película de Rossellini, «Paisá», decidió viajar a Europa para conocer al realizador. Antes de verse le escribió una carta en la que decía: «Si necesita usted una actriz sueca que habla inglés, que no ha olvidado el alemán, que chapurrea el francés y que del italiano sólo sabe decir “ti amo”, entonces cuente conmigo». Rossellini no desaprovechó la oportunidad. Era uno de los grandes creadores del neorrealismo italiano, el más duro a la hora de narrar las miserias de la postguerra, pero tenía pocos medios y la presencia de una actriz tan popular como Bergman era una buenísima ayuda.

 

Roberto Rossellini:un amor a primera vista

Se vieron por primera vez en París en 1949 y ambos quedaron mutuamente fascinados. Decidieron hacer «Stromboli, tierra de Dios», que abriría una nueva etapa en la vida profesional y personal de la actriz sueca. Dejó a su marido y su hija de 10 años (los tribunales le quitaron la custodia) y se fue a vivir con Rossellini. El director, padre de un hijo, Renzo, de una primera relación, rompió el romance que mantenía con Ana Magnani. La gran actriz, fiel a su fuerte temperamento meridional, le estampó a Rossellini un plato de espaguetis en la cabeza cuando supo que la dejaba por otra. 

En Estados Unidos estalló el escándalo cuando el marido de Ingrid, por intentar salvar su matrimonio, aireó a los cuatro vientos el adulterio. Eran los años del terrorífico Comité de Actividades Antiamericanas, la famosa caza de brujas del senador McCarthy, y las iras de las mentes bienpensantes se descargaron contra la pareja. Intentaron hundir la carrera de la actriz, bloquearon sus cuentas, difundieron rumores de todo tipo y se escribieron miles de artículos descalificadores contra ambos… especialmente cuando Robertino, el primer hijo de la pareja, nació antes de que hubieran contraído matrimonio. 

 

Dos hijas mellizas: Isabella e Isotta 

En 1952, ya casados, nacieron sus dos hijas mellizas, Isabella e Issota. La familia se instaló a 60 kilómetros de Roma y fue una etapa de vida intensa y difícil. En medio de grandes apuros económicos, Rossellini, que poseía un carácter genial pero también tiránico y absorbente, prohibió a su esposa trabajar con otros grandes directores que la reclamaban, como Visconti o Fellini. Durante los siguientes años hicieron juntos seis películas, que entonces no se entendieron, pero que ahora han quedado como muestra de un excelente cine. Pero, en 1956, el fuego que les había unido inicialmente se apagó y el matrimonio se rompió. Ese año, Bergman rodó «Anastasia», con Yul Brinner, que le valió su segundo Óscar y le abrió de nuevo las puertas de la sociedad norteamericana, que pareció perdonarle sus pecados. También ese mismo año su marido se enamoró de una jovencísima actriz india, a la que embarazó, y la dejó. Aunque no fue un divorcio fácil, la pareja quedó como amigos y tuvieron una buena relación hasta 1977, fecha de la muerte del realizador. 

De vuelta a Hollywood, Bergman recuperó su condición de estrella. Rodó con directores importantes y en 1974 obtuvo su tercer Óscar como actriz secundaria en «Asesinato en el Oriente Express». Para entonces llevaba años casada con Lars Schmidt, un productor sueco con el que vivió su época más feliz y tranquila. En 1975 se le detectó un cáncer de mama que no le impidió seguir trabajando. En 1978 hizo uno de sus mejores papeles al interpretar el papel de madre de Liv Ullman en «Sonata de otoño», de Ingmar Bergman, y, años después, una serie de televisión en la que dio vida a Golda Meir. Falleció el 30 de agosto de 1982, un día después de celebrar su 67 cumpleaños en su casa de Londres con sus hijos, amigos y su último marido, del que ya se había separado.