Jesús Hermida

Mito de la televisión española

Carismático, original y con gran capacidad de trabajo, el inolvidable periodista onubense falleció el pasado 4 de mayo, a los 77 años, a causa de un infarto cerebral

El Popular Periodista Fue Corresponsal De Tve En Nueva York Durante Once Años.

El popular periodista fue corresponsal de TVE en Nueva York durante once años.

Jesús Hermida Pineda nació el 27 de junio de 1937 en Huelva. Fue el único hijo de un fogonero de mar gallego y una ama de casa andaluza, un matrimonio humilde que sobrevivía a duras penas durante la posguerra. En aquella época, su ciudad era muy provinciana y clasista, «por lo que a veces me daba la sensación de vivir en el fin del mundo», confesaría años después el popular periodista. Su infancia estuvo marcada por restricciones de agua, cortes de luz, falta de alimentos y una permanente tristeza en el ambiente. Su padre se pasaba la mayor parte del tiempo en alta mar, recorriendo los más grandes puertos comerciales de los cinco continentes, mientras su madre hacía malabarismos para llegar a fin de mes.
Al contrario de lo que se pudiera pensar, Jesús fue un niño solitario, introvertido, al que le costaba hacer amigos. Nunca jugaba al fútbol y era muy observador. Su abuela y su madre le criaron y su abuelo paterno potenció su gran fantasía. Aquel humilde obrero ferroviario poseía libros de Zola, Dumas o Verne, que Jesús leyó con voracidad.

Estudiante en un colegio de pago

La literatura y el cine le ayudaron a sobrellevar su triste vida. Fue en la inmensidad de aquellas salas oscuras, mirando la gran pantalla, cuando se le despertó el gusanillo del periodismo. Aunque no le gusta recrearse en el pasado, afirma que «en todas aquellas películas americanas de los años 30 y 40 protagonizadas por periodistas veía que llevaban su característica gabardina y un sombrero que lanzaban a la percha nada más llegar a la redacción. Así que cuando llegaba a casa intentaba tirar el sombrero de mi padre en el perchero y confeccionaba mis propios periódicos con las cosas que tenía más a mano». Su padre era semianalfabeto y su madre, una mujer sufridora y dura, ya había hecho planes para su retoño: encontrar trabajo y ayudar en casa. Con esa intención y mucho sacrificio, le llevaron a un colegio de pago, donde fue un alumno brillante, soñador, receloso de su propio espacio y muy hábil a la hora de buscarle el porqué a las cosas.

Locamente enamorado de Nieves con 16 años

A los 16 años el corazón le dio un vuelco. Una jovencita llamada María de las Nieves Villaseñor llegó a Huelva con sus padres, se conocieron y se gustaron. Pero, por desgracia, al año siguiente se volvió a Madrid con sus padres y a Jesús se le partió el corazón. Quedó tan tocado por aquel flechazo que no dudó en seguir los pasos de la chica. Les dijo a sus padres que quería irse a Madrid, cosa que a su madre no le gustó. Trabajó en lo que pudo, ahorró 300 pesetas y se marchó en tren. Llegó a la capital con un paquete de libros, una gabardina vieja, una boina y muchísima ilusión. Se alojó en una pequeña pensión y, en seguida, encontró trabajo como albañil y, después, como administrativo. Con el dinerillo que ganaba se matriculó en la facultad de Filosofía y Letras. Trabajaba de día y estudiaba de noche, pero siempre encontraba un hueco para estar con Nieves. Daban largos paseos, compartían confidencias, de tanto en tanto iban al cine y salían con amigos. La vida era dura, pero Jesús se sentía feliz porque se le estaba abriendo un nuevo mundo. En 1957, publicó su primer trabajo periodístico en la revista «Signo» y, poco después, se matriculó en la vieja Escuela Oficial de Periodismo, instalándose en un colegio mayor para estudiantes trabajadores. Muchas mujeres se le acercaban. Su 1,72 de altura, su delgadez y sus ojos color miel eran su mejor tarjeta de presentación, pero él sólo tenía ojos para Nieves. De tanto en tanto, ella le hacía guantes y bufandas y le llevaba bocadillos. Su sueldo era tan mísero que, a veces, no tenía para ir en transporte público a casa de su novia, por lo que se pegaba largas caminatas cuando iba a verla. Su relación se fue afianzando y, a pesar del poco porvenir que tenía Jesús, se casaron en Madrid en agosto de 1960. La anécdota de aquel día la protagonizó él, al llegar tarde a la boda.

Hermida fue el pionero de los programas matinales y descubridor de grandes estrellas.

Enmarcó la última nómina de su padre

Al poco tiempo, sufrió el golpe más duro de su vida. Su padre, a quien tanto quería, murió ahogado en alta mar, pocos meses antes del nacimiento de su primera hija, Victoria, y justo cuando empezaba a abrirse camino en el mundo del periodismo. Cobró el último sueldo de su padre y enmarcó su nómina, que aún conserva. «Casi no lloré la muerte de mi padre porque no soy persona que llora demasiado, pero aquel suceso me dejó marcado para siempre. La vida me empezaba a sonreír, tenía un buen trabajo como periodista, estaba formando mi propia familia y los sueños se estaban materializando». En 1963, nació su segundo hijo, Jesús, que colmó de felicidad al matrimonio porque ya tenían la parejita. Por fin la familia había encontrado la estabilidad ansiada: Jesús trabajaba como redactor en diarios y revistas como «Acción Católica», «Signo» «La actualidad española», «El Alcázar», la agencia Europa Press o el mítico diario «Pueblo», donde estuvo entre 1965 y 1968, al lado de Tico Medina, Emilio Romero o Yale. En 1966, nació su último hijo, Jaime, y poco después pasó a ocupar el cargo de redactor jefe del diario «Informaciones». Duró poco, ya que Pepe de las Casas, un importante hombre de la televisión, le dio su primera oportunidad ante las cámaras. Unos meses después le preguntó: «¿Te irías a Nueva York de corresponsal?». «¿Cuándo, mañana?», respondió, entusiasmado, Jesús.

Retransmitió la llegada del hombre a la Luna

Toda la familia se marchó a la Gran Manzana, se instalaron en un apartamento de un rascacielos y ahí empezó el mito de Hermida en televisión. Su peculiar estilo a la hora de dar las noticias marcó un antes y un después en la historia de TVE. Vivió en primera persona algunos de los acontecimientos más importantes de la historia del siglo XX: la muerte de Martín
Luther King, el asesinato de Robert Kennedy, la elección de Nixon como presidente, la guerra de Vietnam, la boda de Jacqueline Kennedy con Onassis o el escándalo Watergate. Sin embargo, el suceso que marcó su carrera periodística fue la retransmisión, el 20 de julio de 1969 desde Cabo Cañaveral, de la llegada del primer hombre a la Luna. Su entusiasmo enamoró a los españoles y el «New York Times» se hizo eco de su forma de contar la noticia: «En aquellas páginas resaltaron las voces que daba en el centro de prensa de la NASA. Supongo que fue la pasión del momento. Recuerdo que dije algo así como que el pie de Armstrong tocaba la Luna como la mano de un niño toca la cara de su madre».
Tras 11 años como corresponsal, en 1978 regresó a España, entre otros motivos, atraído por el gran proceso de cambio que estaba atravesando el país. En los inicios de la democracia dirigió y presentó programas tan populares como «Tribuna internacional» (1979-80), «De cerca», (1980-81), «Crónica 3» (1981) o «Su turno» (1981-83).
En 1983, empezó a colaborar con la radio, pero la Ley de Incompatibilidades le obligó a elegir entre los dos medios. Se decantó por Antena 3 Radio y creó espacios emblemáticos como «La hora cero», «Radio 80 Serie Oro» o «Viva la gente». En 1984, se convirtió en abuelo por primera vez y, tres años después, Pilar Miró le llamó para que volviera a TVE. Reapareció en la cadena pública con «Por la mañana» (1987-89), el primer magazine matutino que hubo, y se metió en el bolsillo a todas las amas de casa. Luego vinieron «A mi manera» (1989-90) y, entre 1990 y 1991, el Telediario de la noche. Se rodeó de buenos colaboradores, algunos de ellos se consagraron como «chicos y chicas Hermida»: Consuelo Berlanga, Irma Soriano, Nieves Herrero, Míriam Díaz-Aroca, Belinda Washington o Toni Cantó, entre otros. En 1991, dejó TVE e inició un nuevo camino en las cadenas privadas, concretamente en Antena 3, donde dirigió y presentó «El programa de Hermida» (1991-92), «Hermida y Cía» (1993-95) o «Los comunes» (1999). Su éxito profesional no se correspondía con la buena marcha de su matrimonio con Nieves. Arrastraban un sinfín de problemas de difícil solución, por lo que decidieron separarse en el verano de 1995.
Jesús ya tuvo vía libre para formalizar la relación con la joven periodista Begoña Fernández, a la que había conocido cuando ésta colaboraba en su programa «Por la mañana». En 1997 fundó, junto a otros profesionales, la Academia de la Televisión (ATV), convirtiéndose en su primer presidente y, dos años más tarde, se casó civilmente con Begoña en una ceremonia íntima. Él tenía 62 años y ella, 36. En mayo de 2002, fue nombrado director de Antena 3 Televisión, cadena a la que había estado vinculado casi desde su nacimiento, pero dejó el cargo en octubre del 2003. Al año siguiente, se incorporó a Castilla-La Mancha TV para presentar la segunda edición de las noticias.
En el 2006, volvió a su verdadera casa, TVE, con el programa «La imagen de tu vida», que seguiría después con «La tele de tu vida», un espacio sobre los 50 años de la historia de TVE. En sus últimos años siguió vinculado al periodismo y creó en 2010 una escuela de presentadores de televisión. Su última gran aparición televisiva tuvo lugar en TVE para entrevistar al rey Juan Carlos, en enero de 2013, con motivo del 75 cumpleaños del monarca. Desde entonces, permaneció más bien la sombra.
Gran lector, sus autores preferidos eran Vallejo-Nájera, Gala, Cela y Juan Ramón Jiménez, y admiraba a personajes como John F. Kennedy y John Lennon. Hombre con fama de duro en la profesión y popular por su tupé y su particular manera de sentarse cuando estaba ante las cámaras, le sacaba de sus casillas que no le dejaran expresarse. Fue muy crítico con el exceso de contenidos rosas y amarillos que ahora hay en televisión y la excesiva dependencia de las audiencias. En cuestiones gastronómicas, tenía debilidad por las judías y las almejas, y su color favorito era la combinación de amarillo con morado y negro. A lo largo de su dilatada carrera profesional, logró multitud de galardones. Entre ellos, cuatro TP de oro, tres Ondas, la Antena de Oro, el premio a toda una trayectoria profesional otorgado por la ATV o el Premio Nacional de Cultura, en la categoría de televisión.