María de Villota

Primera piloto española de Fórmula 1

Esta madrileña que estuvo a punto de romper la exclusividad masculina en la categoría reina del automovilismo moría el 11 de octubre de 2013 por causas naturales derivadas de los daños neurológicos que le ocasionó el accidente en el que perdió un ojo.

María De Villota Dio Una Gran Lección De Positivismo Y De Amor A La Vida Tras Su Brutal Accidente.

María de Villota dio una gran lección de positivismo y de amor a la vida tras su brutal accidente.

María de Villota Comba nació en Madrid el 13 de enero de 1980. Fue la segunda de los tres hijos de Emilio de Villota, uno de los primeros pilotos españoles de Fórmula 1, y su esposa, Isabel Comba. Según explicaba ella misma en su autobiografía, «La vida es un regalo» (Editorial Plataforma/Testimonio), tanto ella como sus hermanos –Isabel y Emilio– crecieron en un ambiente «centrado en los estudios y rodeados de deporte. Emilio jugaba al fútbol, Isabel hacía gimnasia rítmica y a mí me gustaba el tenis […] Cuando hacíamos algo sobresaliente teníamos la recompensa: lo más deseado, montar en “kart”». 

Influida por el ambiente que se respiraba en su casa, a María le sedujo la velocidad desde que era muy pequeña y, pese a la oposición de sus padres, empezó en el mundo del motor en 1996, con 16 años, compitiendo en las carreras de «karts». Estudió luego un año en EEUU para mejorar su nivel de inglés y se matriculó en Empresariales, carrera que dejaría para licenciarse en Ciencias de la Actividad Física y Deporte, estudios que le parecían más idóneos para tener más fuerza física, el único obstáculo real que veía en su camino hacia su sueño: ser piloto de Fórmula 1. Compaginó los estudios con su trabajo en la Escuela de Pilotos que dirigía su padre e hizo su investigación de fin de carrera sobre «márketing en el automovilismo», con el fin de saber qué podía ofrecerles a sus posibles futuros patrocinadores –básicos en el mundo del motor– para atraer sus inversiones.

Un primer matrimonio que duró cuatro años 

Apenas cumplió los 18 años, María se puso un casco para competir con un coche de verdad y se ganó una plaza en las series que organizaba Movistar para buscar jóvenes promesas del volante. En 1999, consiguió su primer trofeo y, al año siguiente, se inició en categoría de monoplazas con la Fórmula Castrol. Tras pasar dos años en esa categoría, participó en el campeonato de España de Fórmula 3, donde consiguió resultados irregulares. En el 2004, corrió las 24 horas de Daytona, una de las carreras en las que, siempre explicaba, más disfrutó en toda su vida. Ese mismo año se casó con su novio, Nacho, y en el 2005 decidió seguir su carrera deportiva en los Grandes Turismos, pensando que le sería más fácil encontrar contratos como profesional. En uno de los premios que disputó en esa categoría corrió al lado de Marc Gené, que escribió de ella en el prólogo del antes citado libro: «Como nunca había tenido como compañero a una chica, la trataba con un poco más de mimo y ella se enfadaba mucho porque no quería que hubiera ninguna diferencia». Y es que en un mundo tan masculino como el del automovilismo María estaba obsesionada con que se la valorara por sus méritos, que eran muchos.

Intensa preparación y operación de cervicales

  En el 2008, se divorció de un marido con el que nunca hubo mucho entendimiento y volvió a los monoplazas, en un nuevo intento de abrirse paso como piloto. Éste llegó en el 2011 cuando, de la mano del Atlético de Madrid, el club de fútbol del que era hincha, se subió a un bólido con motor de 750 caballos para disputar la Superleage Fórmula. La potencia de ese coche generaba unas inercias tan fuertes que le provocaron serios problemas en las cervicales, pero ella no dudó en pasar por el quirófano para subsanar los calambres que le adormecían las manos y redoblar sus horas de gimnasio para poder afrontar la dificultad de pilotar un coche tan veloz sin dirección asistida. Fue difícil, pero lo logró y fue realmente entonces cuando María de Villota se sintió preparada para ponerse a los mandos de un coche de Fórmula 1. A través de un empresario conocedor de los entresijos de la Fórmula 1, logró que Bernie Ecclestone –muy interesado en que la mujer se incorpore a los Grandes Premios– convenciera al jefe de Lotus para que María corriera ante uno de sus pilotos titulares, Romain Grosjean. Aquella prueba se realizó en el sur de Francia, en el circuito de Paul Ricard, a bordo de uno de los coches que había conducido Fernando Alonso y que fue adaptado para sus medidas. Los resultados fueron más que positivos, ya que, meses después, la escudería rusa Marussia le propuso formar parte de su equipo como piloto de pruebas. Todo parecía indicar que María estaba a las puertas de los grandes premios.

Con un año de edad agarrada con fuerza a los mandos de un Fórmula 1 con sus padres, Emilio e Isabel, y su hermana mayor, Isabel.

Un camión contra el que se estrelló su sueño

Sin embargo, las cosas se torcieron completamente el lluvioso 3 de julio del 2012, cuando la joven piloto hacía unas pruebas de aerodinámica en el aeródromo inglés de Duxford, al impactar su bólido, a 65 km/h, contra la rampa de un camión de material que estaba a pie de pista. Las causas del accidente no han quedado aclaradas. Según Marussia, se debió a un fallo humano; según explicaba María en su libro, el coche quedó bloqueado y no respondió a las maniobras que ella hizo para evitar el choque. Una colisión brutal a la altura de la cabeza que casi le costó la vida. Se la salvaron los médicos de un hospital de Cambridge que, tras una intervención de 17 horas, le recompusieron el cráneo partido, sin poder evitar que perdiera su ojo derecho. Ella contaba en su libro que si superó esa operación y los cinco siguientes días en coma fue porque, en la ensoñación de la anestesia, creía estar pasando por una prueba para ser piloto. «Me encuentro muy cansada, llevo ya una cuantas horas, pero estoy dispuesta a dejarme el alma en este examen, el definitivo», recordaba en su libro de aquella experiencia. Su familia y Rodrigo García Millán, el entrenador personal con el que había iniciado una relación sentimental algunos meses antes, no se separaron de su lado en su larga y difícil recuperación. 

Un ejemplo de fuerza, coraje y superación

En octubre del 2012, María de Villota reapareció públicamente. Sonriente, cálida y con una empatía hacia los que sufren basada en su intenso propio dolor, la expiloto recordó los primeros instantes tras recuperarse de su accidente. «Recuerdo la primera vez que me vi en un espejo. Mi madre me acercó en silla de ruedas y esa vez no tenía tapado el ojo. Me quedé aterrada, pero me impactó más verla a ella» y también explicó que se seguía sintiendo piloto, aunque su sueño de competir en la Fórmula 1, hubiera acabado. Así, De Villota rehizo su vida fuera de los circuitos, pero ligada al automovilismo como conferenciante, colaboradora de Antena 3 y de la FIA para aumentar la seguridad en las carreteras. Sus parches de colores (los cambiaba según la ropa que vestía) y su enorme sonrisa la convirtieron en todo un referente de coraje, fuerza y superación. «Tener un accidente en el que pende tu vida puede ser algo terrible pero, si logras salvarte y vivir dignamente, puede ser un regalo tan grande como devolverte a la niñez, quitarte años y la armadura de encima, redirigir la vista hacia el alma y volver a sentir como si acabaras de nacer», decía María, que tras el accidente perdió el olfato, sufría pesadillas, fuertes dolores de cabeza y otras secuelas físicas. Las cicatrices dejaron de importarle cuando su padre le hizo ver que eran el recordatorio de lo logrado: «Dejé de sentir pena por mí y elevé mis cicatrices a la categoría de medallas de honor». Y añadía: «Estoy convencida de que la pérdida de mi ojo ha sido por algo, porque me esperaban otras cosas en la vida además de los coches. Algo más importante», decía esta mujer que aseguraba sentirse ahora «mejor persona» y «ver mucho más» desde que era tuerta. Mucha de esa fuerza se la dio Rodrigo, con el que se casó en julio. Su felicidad duró poco. El 11 de octubre de 2013, de madrugada, mientras dormía, María, que estaba en Sevilla para dar una conferencia, falleció por causas naturales, pero derivadas del grave accidente. A los 15 meses de haber esquivado la muerte, el ángel de la Fórmula 1 subía definitivamente al cielo.