Mata Hari

La espía más famosa del mundo

Se ha cumplido el centenario del fusilamiento de esta bailarina holandesa, famosa por su interpretación personal y atrevida de danzas orientales y que llevó una vida tejida de sensualidad, lujo y misterio.

Margaretha Geertruida Zelle, nombre real de Mata Hari, nació el 7 de agosto de 1876 en Leeuwarden (Holanda). A pesar de tener tres hermanos, fue la preferida de su padre, Adam Zelle, un próspero sombrerero al que sus vecinos apodaban «el barón» por sus delirios de grandeza. A los 6 años, empezó a estudiar en el colegio más caro de la ciudad, a donde llegó el primer día en una pequeña carreta dorada tirada por dos cabritas blancas. Aquella entrada triunfal le valió las burlas de sus compañeras, que no le afectaron en absoluto porque, desde muy pequeña, le encantaba ser centro de la atención. Su infancia transcurrió de forma plácida  hasta que su padre se arruinó, se divorció de su madre y ésta falleció poco después. Incapaz de hacerse cargo de sus hijos, los repartió entre diferentes parientes y la pequeña, de 13 años, fue enviada a vivir con unos tíos, con los que nunca se llevó bien. La jovencita sufría al no poder entender que su adorado padre se la hubiera quitado de encima. Fue especialmente duro para ella cuando el hombre se volvió a casar, se instaló en Ámsterdam, pero se negó a recuperar a sus hijos. Según algunos, aquello la marcó de por vida y la impulsó a buscar siempre la atención masculina de forma «casi insaciable». 
A los 17 años, pese a que quería estudiar para ser maestra, el ambiente en su casa se hizo tan insostenible que respondió al anuncio de un militar que buscaba esposa. Se trataba de Rudolf McLeod, un apuesto capitán de 39 años de origen escocés, con el que se casó a los seis días de conocerlo. Pero enseguida se dio cuenta de que la relación no tendría futuro. Margaretha era coqueta y quería una vida de lujo, mientras que Rudolf era extremadamente celoso, bebedor y mujeriego y disponía de poco capital. A pesar de todo, se quedó embarazada y al poco de nacer su primer hijo, Norman, se embarcaron hacia el nuevo destino de Rudolf en las Indias Orientales Holandesas (actual Indonesia). 


Filosofías orientales y danzas indonesias

Nombrado comandante del primer batallón de infantería en Java, McLeod y su mujer se instalaron en Java, donde nacería el segundo hijo del matrimonio, una niña llamada Louise, a la que apodaban Non. Pese a ser madre de familia y esposa de militar, Margaretha se interesó por las filosofías orientales y se apasionó por los bailes indonesios sagrados. Para entonces, la relación de la pareja era malísima, ya que él la acusaba de viciosa y ella, de haberle contagiado la sífilis. La gota que colmó el vaso de sus desavenencias fue la muerte, por intoxicación, del pequeño Norman, de 2 años, ya que ambos cónyuges se culpaban de la tragedia. Tras aquella pérdida, los McLeod volvieron a Ámsterdam, donde el militar se entregó a una vida disoluta y acabó alcoholizado. Aduciendo malos tratos, en 1902 Margaretha logró el divorcio y la custodia de su hija. 


Bailes exóticos que acababan en estriptís

Liberada del yugo conyugal, cogió a la niña y se fue a París, donde se cambió el nombre –se hacía llamar Gresha MacLeod– y contaba que era viuda de un militar y que intentaba sacar adelante a sus hijos. Por compasión, consiguió algunos trabajos, pero su situación era tan precaria que decidió volver otra vez a Holanda. Allí, dejó a la pequeña Non a cargo de su padre y, tras un tiempo en el que se le perdió la pista, regresó a París. Se ganaba la vida como modelo de pintores, pero sacaba tan poco que se planteó rentabilizar sus conocimientos de las danzas exóticas, entonces desconocidas en Europa. Hizo una mezcla de los bailes hindú, indonesio y de cabaret y, para aumentar la fuerza de sus números, exhibía un provocativo vestuario que apenas cubría su cuerpo o usaba velos que se iba quitando progresivamente hasta quedar prácticamente desnuda delante de un público, mayoritariamente masculino, que aplaudía a rabiar lo que, ahora, se llamaría estriptís. Algo muy atrevido para aquella época. 
Así, su primera representación con el nombre artístico de Mata Hari (que en malayo significa «ojo del día») había sido el 13 de marzo de 1905 en el Musée Guimet, un museo de arte oriental de París, que fue el inicio de un rotundo éxito que recogieron los diarios de la época y que, en poco tiempo, la convirtió en una pieza indispensable de los salones parisinos, que se llenaban de caballeros deseosos de entablar algo más que una amistad con la que, en 1908, fue declarada «estrella de la danza». Era tal su popularidad, que se publicó una colección de postales en las que ella aparecía escasamente vestida con ropajes orientales, que se vendieron como rosquillas. Al tiempo que iba de éxito en éxito, Margaretha iba coleccionando amantes solícitos y generosos, que la ayudaban en su carrera o le hacían regalos de joyas o ropas o directamente le pasaban dinero. Eso le iba de perlas a esta mujer seducida por el lujo, que gastaba a manos llenas, lo que la llevaba a estar siempre en números rojos. Pero no sólo ofrecía sus favores sexuales a ricos empresarios o miembros de la nobleza, sino que sentía debilidad por los oficiales de graduación, que la fascinaban. «Prefiero ser la amante de un oficial pobre que de un banquero rico», aseguraba esta bailarina de danzas sinuosas que escandalizaba a la sociedad bienpensante. Tras su consagración como estrella del espectáculo de principios de siglo en los grandes «templos» de las «varietés» como el Casino de París, el Folies-Bergère o el Olympia, su fama traspasó fronteras y actuó en los lugares más alejados del planeta. A España también vino y bailó en Madrid, en enero de 1906, en la sala Central Kursaal ante un público entregado. 

 

Mata Hari 15 web

Provocativa y sensual, Mata Hari se desnudaba en sus espectáculos de danza.


Agente de información para los alemanes


 Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, en 1914, Mata Hari estaba actuando en Berlín (Alemania) y era la amante del jefe de policía de la ciudad. Poco después, también ofrecía sus favores a Kraemer, cónsul alemán de Ámsterdam y jefe del espionaje de su país. Según algunas fuentes, fue entonces cuando, a cambio de una considerable suma de dinero, los alemanes le propusieron sonsacar información a los militares franceses. Así se convirtió en espía con el nombre clave de H-21. Otros documentos aseguran que el servicio de inteligencia alemán ya había contactado con Mata Hari antes de que estallara el conflicto bélico. En cualquier caso, de lo que parece haber constancia es de que, por ambición, Mata Hari decidió jugar a dos bandas y se ofreció también como informante al Servicio de Espionaje y Contraespionaje francés. En abril de 1916, la bailarina se instaló en el Grand Hôtel de París, lugar por el que pasaban todos los hombres influyentes de Europa en ese momento. Pero, poco después, se enamoró perdidamente de un oficial ruso 18 años más joven que ella, Vladimir de Masloff. Un amor que sería su perdición. 


Su cabeza desapareció tras ser fusilada


Cuando se enteró de que su amado había caído herido, Margaretha intentó reunirse con él para llevárselo a Bélgica, donde empezar una vida nueva. No pudo hacerlo. El 13 de febrero de 1917, Mata Hari fue detenida y acusada de espionaje. Pese a que las pruebas que se hallaron contra ella no eran concluyentes, la encarcelaron en la prisión de Saint-Lazare, un lugar donde vivió unos meses en condiciones infrahumanas. La condenaron a muerte y fue fusilada el 15 de octubre en la fortaleza de Vincennes, a las afueras de París. Dicen que, en un acto postrer de valentía, no quiso que la ataran a una estaca ni que le vendaran los ojos, y afrontó la muerte mirando a sus verdugos. Su cuerpo, que no fue reclamado por nadie, fue donado a la ciencia y dicen que su cabeza desapareció misteriosamente. 
Años después, dos grandes actrices de Hollywood (Marlene Dietrich y Greta Garbo) inmortalizaron la figura de Mata Hari en sendas películas.También la francesa Jeanne Moureau y la holandesa Sylvia Kristel dieron vida en la gran pantalla a esta legendaria bailarina que se convirtió en una especie de 007 femenina. 
Ahora que se ha cumplido el centenario de su fusilamiento por espía, una muestra en su Leeuwarden natal ha permitido exponer 100 objetos y documentos y se espera que la apertura de los archivos militares franceses aporte más luz sobre su vida y muerte de esta mujer convertida en mito.