Miguel Hernández

Poeta y dramaturgo español

Este pastor de cabras de Orihuela (Alicante) que acabó formando parte de la Generación del 27 murió en la cárcel, a los 31 años, represaliado por el franquismo a causa de sus ideas republicanas.

El Poeta Con Su Mujer, Josefina, Mecanografiando Sus Poemas.

El poeta con su mujer, Josefina, mecanografiando sus poemas.

Miguel Hernández Gilabert nació el 30 de octubre de 1910 en Orihuela (Alicante). Fue el segundo hijo de Miguel, dedicado a la crianza y pastoreo de ganado, y de Concepción, ama de casa. El matrimonio tuvo siete vástagos, de los que sólo sobrevivieron cuatro: Vicente, Elvira, Miguel y Encarnación.
A los 4 años de edad, la familia se trasladó a una casa mucho más amplia en la que Miguel dividía su tiempo entre los juegos y el trabajo en el campo. Desde pequeño ayudó a su padre y a su hermano Vicente a cuidar de las cabras y las ovejas que eran el sustento de la familia. Eso no impidió su escolarización y, a los 5 años, empezó a estudiar en el Colegio Nuestra Señora de Montserrat. Tres años después, cursó primaria en las Escuelas del Amor de Dios y, desde los 13 hasta los 15 años, hizo bachillerato en el Colegio de jesuitas de Santo Domingo.
La maltrecha economía familiar le obligó a abandonar los estudios para trabajar todo el día en el campo, pero aprovechaba las horas libres que le quedaban en la sierra para seguir formándose. De manera autodidacta, empezó a estudiar Derecho y Literatura y, de tanto en tanto, acudía a la biblioteca de Luis Almarcha, sacerdote y canónigo de la catedral de Orihuela, que le prestaba las obras de escritores clásicos de la lengua española como Calderón de la Barca, Lope de Vega, Luis de Góngora o Miguel de Cervantes.

Aficionado al teatro

La primera inquietud artística de Miguel le llegó a través del teatro: asistía, en la Casa del Pueblo de Orihuela, a las representaciones que allí se realizaban y llegó a tomar parte en alguna de ellas. Allí conoció a Carlos Fenoll, quien fue su iniciador en la poesía al prestarle libros de Juan Sansano, José María Gabriel y Galán y Gabriel Miró. Pero la relación que más le marcó en su orientación poética fue la que entabló en el Círculo El Radical, con José María Gutiérrez, conocido luego como Ramón Sijé. Éste era un acomodado estudiante de Derecho, imbuido del espíritu neocatólico imperante en algunos ambientes de la época. El grupo de amigos se reunía en la panadería de los hermanos Carlos y Efrén Fenoll y entre todos recaudaron el dinero con el que Miguel Hernández hizo, en noviembre de 1931, su primer viaje a Madrid, con el objetivo de probar suerte en los círculos literarios de la capital. Pero no tuvo fortuna. Nadie se dignó a echarle una mano a aquel cabrero que llevaba una carpeta llena de versos mecanografiados bajo el brazo, algunos de ellos ya publicado en la prensa local levantina. Pese al fracaso, entrar en contacto con la poesía de Rafael Alberti y Jorge Guillén fue esencial en su crecimiento como poeta.

Enamorado de Josefina, una costurera

De vuelta a Orihuela, publicó en 1933 su primer libro, «Perito en Lunas», influenciado por la poesía de Góngora, pero que dejaba ver su gran dominio de la lengua. Para entonces, ya era novio de Josefina Manresa, una costurera jiennense crecida en Orihuela porque allí habían destinado a su padre, guardia civil.
Su segundo viaje a Madrid, en 1934, fue mucho más fructífero. José Bergamín le publicó en su revista «Cruz y Raya» el auto sacramental «Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras» y las 200 pesetas que cobró por los derechos y el dinero recaudado por sus amigos le permitieron instalarse en una pensión. Luego, logró trabajo como redactor en la enciclopedia «Los toros», de José María de Cossío, y colaboró con asiduidad en «Revista de Occidente». Mientras vivía una tórrida relación con la pintora Maruja Mallo, conoció a Vicente Aleixandre y a Pablo Neruda. Éste sería una de las personas que más le influenciaría en su vida, tanto en lo artístico como en lo político, ya que de la mano del poeta chileno, con el que fundaría la revista «Caballo Verde para la poesía», Hernández se distanció del catolicismo para impregnarse de las tesis marxistas. Su nuevo compromiso con los más pobres se apreciaría en «El rayo que no cesa», publicada en 1935 y considerada su obra maestra y de madurez. Su proximidad con Neruda significó el alejamiento ideológico de su amigo Sijé, para cuya revista «El Gallo Crisis», dejó de colaborar. Pero cuando su amigo murió, en diciembre de ese año, escribió «Elegía», uno de sus poemas más intensos, desgarrados y bellos.

Casa-museo de Miguel Hernández en Orihuela (Alicante).

Dolor por la muerte, a los 10 meses, de su hijo

Al estallar la Guerra Civil, en julio de 1936, se alistó en el Quinto Regimiento de Milicias Populares, siendo destinado al frente de Andalucía. También entonces oficializó su compromiso con Josefina, de la que seguía enamorado pese a que ambos tenían caracteres muy diferentes: mientras que él era un hombre de una profunda sensibilidad y un acusado erotismo, ella era muy religiosa y de carácter apocado. La pareja se casó el 9 de marzo de 1937, aprovechando un permiso. A los pocos días, regresó al frente de Jaén, pero en el verano asistió al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas celebrado en Madrid y Valencia y, más tarde, viajó a la Unión Soviética en representación del Gobierno de la República, de donde regresó en octubre para escribir el drama «Pastor de muerte» y los poemas recogidos en su obra «El hombre acecha». El 19 de diciembre nació su hijo, Manuel Ramón, fallecido 10 meses después. La profunda tristeza por esa pérdida dio lugar al libro «Hijo de la luz y de la sombra». 
Durante la contienda, Hernández escribió «Viento del pueblo», que incluía los conocidos poemas «Canción del esposo soldado» y «El niño yuntero». El 4 de enero 1939, nació su segundo hijo, Manuel Miguel, al que dedicó las célebres «Nanas de la cebolla». 
En abril de ese mismo año, Franco declaró el final de la Guerra Civil y Miguel intentó exiliarse a Portugal, donde la policía del dictador Salazar lo entregó a la Guardia Civil. Estuvo en las cárceles de Huelva, Sevilla y Madrid, en las que escribió «Cancionero y romancero de ausencias». Gracias a las gestiones de Pablo Neruda, salió en libertad, sin ser procesado, en septiembre de 1939. Pero, de nuevo en Orihuela, fue delatado y detenido. En la prisión madrileña de Conde de Toreno, en marzo de 1940, le condenaron a pena de muerte. Cossío y otros intelectuales intercedieron y lograron que se la conmutaran por una de 30 años. 

Murió en la cárcel sin recibir atención médica

Tras pasar por la prisión de Palencia y el penal de Ocaña (Toledo), en 1941 fue trasladado al Reformatorio de Adultos de Alicante donde compartió celda con el dramaturgo Antonio Buero Vallejo. Enfermó de bronquitis y luego de tifus, que se complicó con tuberculosis. No recibió atención médica y el 28 de marzo de 1942 falleció en la enfermería de la prisión. Tenía sólo 31 años. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Nuestra Señora del Remedio de Alicante.