Paco Fernández Ochoa

Único español campeón olímpico de invierno

Su Oro en Sapporo’72 marcó un antes y un después en el esquí, el deporte que popularizó. Comentarista deportivo y concursante de reality show televisivo, destacó por su entereza frente a su grave enfermedad.

Paco Fernández Ochoa De Joven, Cuando Empezaba A Competir.

Paco Fernández Ochoa de joven, cuando empezaba a competir.

Francisco Fernández Ochoa nació el 25 de febrero de 1950 en Madrid. Fue el primogénito de los ocho hijos (Lola, José María, Juan Manuel, Jesús, Blanca, Ricardo y Luis nacieron después) que tuvo el matrimonio formado por Francisco Fernández y Dolores Ochoa. Muy pronto, la familia se mudó a Cercedilla, donde su padre era bedel de una escuela de esquí. Así fue como él y sus hermanos empezaron a practicar este deporte desde pequeños. Perdió el miedo al descenso por las laderas de Navacerrada gracias a su tío Manolo, que le decía: «Tírate, Paquito, tírate». «No, tío, que me da miedo», respondía aquel niño parlanchín, vivaracho, de cuerpo fibroso y atlético. «Tírate o te llevas dos hostias», le decía su tío, «argumento» más que suficiente para que el futuro campeón olímpico iniciara el descenso sin rechistar. Competitivo por naturaleza, Paquito se aficionó rápidamente al esquí y disputó su primera prueba internacional en 1963: el Gran Premio de Andorra, en el que consiguió la cuarta posición en el eslálom especial, proclamándose ganador en la categoría juvenil. En 1964, le seleccionaron para el equipo español de promesas. Era el más pequeño, en envergadura, pero un auténtico líder por su capacidad de entrega y apasionamiento, así como por su simpatía. Ganó el Trofeo Primera Nieve, en el Valle de Arán (Lleida), derrotando al entonces campeón de España, Luis Viu. 

 

Dejó los estudios sin acabar el bachillerato

Ese mismo año, participó en la Copa del Mundo que se celebró en Suiza. Fue el último en llegar a la meta, pero tan pésimo resultado tuvo para él una lectura positiva. «Fue una muy buena experiencia, porque pensaba que no llegaría», explicaba en una entrevista reciente, donde dejaba muy claro que uno de los rasgos más destacados de su personalidad fue siempre un optimismo a prueba de bombas. 

A los 15 años y con la autorización de sus padres, colgó los estudios sin haber acabado el bachillerato para dedicarse en cuerpo y alma al esquí. Sin embargo, tuvo la mala suerte de sufrir, en noviembre de 1966, una grave caída en Cervinia, que le mantuvo varios meses sin esquiar. Al año siguiente, ya repuesto, se proclamó campeón de España de eslálom. Tras hacer la mili como voluntario en Aviación, debutó en 1968 en sus primeros Juegos Olímpicos. Fueron los de Grenoble, donde quedó 23º en el eslálom y 38º en descenso. El 25 de enero de 1970 sufrió otro grave accidente durante el eslálom gigante en Megeve, en el que perdió el conocimiento durante algunos minutos. Esa temporada participó en el Campeonato del Mundo de Val Gardena. En 1971, consiguió el 9º lugar en el eslálom de Hannenkamm, el 8º en Megeve y el 10º en Are, concluyendo en 39º lugar en la Copa del Mundo. Su carrera deportiva avanzaba, pero sus resultados no eran tan espectaculares como para prever lo que iba a suceder al año siguiente.

 

Un español en el podio de Sapporo’72

Los Juegos Olímpicos de Sapporo (Japón), en 1972, fueron los primeros de Invierno que no se disputaban en Estados Unidos o Europa. Fueron, por ello, especiales, pero también porque el Comité Olímpico Internacional  (COI) prohibió la participación de la gran estrella austríaca, el esquiador Karl Schranz. Fernández Ochoa llegó a Sapporo’72 sin estar entre los favoritos, pero con toda la ilusión y la fuerza que Paquito ponía en todo lo que hacía. En vísperas de competir, según se recoge en «El libro completo de los Juegos de Invierno», de David Wallechisky, escribió una carta a su madre: «Mamá, no reces por mí, sino por ti, porque voy a ganar y para ti va a ser muy emocionante. Así que reza por tu propia fortaleza». Y, contra todos los pronósticos, sucedió el milagro. 

 

En Baqueira-Beret con don Juan Carlos, del que fue instructor.

Hazaña olímpica con sólo 21 años de edad

El 13 de febrero, doce días antes de que cumpliera los 22 años, el esquiador madrileño compitió en el eslálom gigante y en el especial con la seguridad y el entusiasmo del que nada tiene que perder y mucho que ganar. Con un estilo más agresivo que depurado, ganó la primera manga, dejando a 1,33 segundos al favorito, el italiano Gustavo Thoeni. En la segunda prueba no se amilanó y, tras ganar hasta la última centésima cruzando tumbado la línea, mantuvo más de un segundo de ventaja incluso sobre el otro Thoeni, su hermano Rolando, que sería Bronce. «Me la jugué y salió bien», explicaba con una gran sonrisa, y añadía: «Pero es lo que había que hacer». Así fue como Fernández Ochoa ganó la medalla de Oro en el eslálom especial y ese 13 de febrero de 1972 se convirtió en una fecha histórica para el poco afortunado elenco deportivo español. El Oro olímpico en España era algo prácticamente desconocido. Sólo se había cosechado una medalla colectiva en pelota vasca ganada por la pareja Villota y Amezola, en París, en 1900; y otra en Ámsterdam (Holanda), en 1928, en hípica con tres militares, José Álvarez Bohórquez, Julio García Fernández y José Navarro Morenés. Ocho años antes, en 1920, se había obtenido la Plata en fútbol y, en 1952, en Helsinki, Ángel León, padre de la cantante Rosa León, se había hecho con la medalla de Plata en la disciplina de tiro con pistola. 

Llegar hasta el podio, andando, le costó a Paquito más que imponerse esquiando, ya que tuvo que vérselas con un conserje japonés a las puertas del Estadio Olímpico de Sapporo, cuando pretendía acceder a las instalaciones sin la credencial. «Yo le decía al hombre: “Soy el campeón olímpico”. Pero el japonés no me creía. Y tenía razón: ¡quién se podía imaginar a un español como campeón olímpico de invierno!», explicaba Paquito, gran amante de salpicar sus conversaciones con las muchas anécdotas que protagonizó en su vida. Finalmente, subió al podio, donde recogió la medalla vestido con una capa española con la que la delegación de nuestro país quiso poner la nota patriótica. El Oro de Paquito en Sapporo también tuvo un aspecto especial para Juan Antonio Samaranch, ya que fue la primera medalla que entregó, como miembro del Comité Olímpico Internacional (COI), el ahora ex presidente. 

Aunque en España fueron pocos los que vieron, en directo, la hazaña histórica de Paquito Fernández Ochoa, el régimen de Franco intentó capitalizar aquel inesperado «milagro» deportivo en una España sin demasiadas alegrías. A su vuelta, el héroe olímpico tuvo un recibimiento multitudinario en Barajas, en el que le robaron la capa que había lucido en el podio, y al que siguió una audiencia en el palacio de El Pardo. En una posterior entrevista, Fernández explicó que Franco le había dicho que España «necesitaba muchos más jóvenes como yo» y admitió no haberse enterado de mucho más por el tono bajísimo con el que el Generalísimo solía hablar. Quien también le recibió fue el entonces príncipe Juan Carlos, que eligió a Paquito como instructor de esquí para él y sus tres hijos. Ese cometido hizo que el esquiador mantuviera siempre una estrecha y cordial relación con la Familia Real española, grandes aficionados a los deportes de invierno. Gran amigo del duque Alfonso de Borbón, Paquito se encontraba en la estación de Beaver Creek en la que el Duque de Cádiz perdió la vida en enero de 1989.

Chus, su mujer, el pilar más grande de su vida

Aquel verano de 1972, fue abanderado en los Juegos de Múnich y también recibió la Medalla de Oro al Mérito Deportivo y la Medalla de Oro de Madrid. Su triunfo promocionó el deporte del esquí, aunque no en la vertiente deportiva sino más bien como una forma de ocio y turismo.

Casado el 29 de septiembre de 1973 con María Jesús Vargas en la basílica del Valle de los Caídos, Paquito tuvo tres hijos en su matrimonio: Bárbara (1974), Paula (1977) y Francisco (1982). Hace nueve meses fue abuelo de su primer nieto, Amable. «Chus ha sido el pilar más importante de mi vida», decía este deportista cuyo nombre ha quedado inscrito junto a otros genios individuales del deporte español, como Bahamontes, Severiano Ballesteros, Manuel Santana, Ángel Nieto o Indurain.

 

Medalla de Bronce en Saint Moritz’74

En 1974, fue medalla de Bronce en el Mundial de Saint Moritz. Dos años más tarde, sus hermanos Juan Manuel y Ricardo participaron con él en los Juegos Olímpicos de Innsbruk y también compitió en los de Lake Placid’80. Luego, compitió como profesional en EEUU durante tres años, para después ser profesor de esquí en Francia y Suiza. Retirado ya de la competición –con 37 títulos como campeón nacional–, Fernández Ochoa regresó a España donde representó a la marca de ropa deportiva Ellesse. También abrió dos tiendas, con sus apellidos, de material deportivo en Madrid. En 1988, entró a formar parte del comité ejecutivo de la candidatura de Sierra Nevada para los Campeonatos del Mundo de 1995 y, en 1990, se encargó de la presentación ante la Asamblea de la FIS de la sede andaluza. En octubre de ese año murió su padre. 

 

Lágrimas por Blanca

Contratado como comentarista deportivo de TVE y, luego, de Tele 5, Francisco Fernández Ochoa vivió uno de los peores episodios de su vida en las Olimpiadas de Calgary (Canadá), en 1988, a las que su hermana Blanca acudía como favorita. Pero una inoportuna caída borró las esperanzas de que ésta emulara la hazaña de su hermano. «No es justo, no es justo», repetía desde el micrófono Paquito, que lloraba cuando bajó a abrazar a su hermana a la pista. Años después, explicaba que seguía sin poder ver las imágenes de la caída de su hermana sin que le saltaran las lágrimas. Fue Paco quien animó a la esquiadora para que siguiera con su carrera deportiva y Blanca Fernández Ochoa consiguió ganar la medalla de Bronce en 1992, en las Olimpiadas de Albertville (Francia).

Crítico con muchos de los presidentes de Federación y demoledor en su juicio sobre Johann Muehlegg (campeón olímpico alemán nacionalizado español, que perdió una de sus tres medallas de Oro por dopaje en los Juegos de Salt Lake City), Francisco siguió siendo un poder «fáctico» en el mundo del deporte, en general, y del esquí, en particular. Forofo del Real Madrid, entusiasta practicante de golf y muy aficionado a los toros, actuó como novillero en festivales taurinos benéficos. Su popularidad, su vehemencia y su carácter extrovertido le llevaron a ser uno de los concursantes del reality show «La granja», de Antena 3, lo que acentuó su condición de personaje mediático. Destacó por ser alguien que no se callaba nunca lo que pensaba de los demás, aunque muchos le perdonaban sus punzantes comentarios por su simpatía.

 

«Prefiero enfermar yo a que lo haga mi familia»

Dos meses después de acabar con «La granja de los famosos» llegaría el mazazo. Un día, Paquito detectó que tenía un bulto en la ingle y, al poco, le comunicaron que tenía un cáncer linfático. Operado de urgencia, Paquito se sometió luego a un tratamiento de radioterapia y quimioterapia que le dejó sin pelo. Su mujer y su hermana Blanca se raparon también la cabeza como muestra de solidaridad. En enero de 2006, el esquiador volvió a ingresar: el tumor había hecho metástasis en varias partes de su cuerpo. Fue necesaria una nueva intervención y todavía tendría que someterse a otra tercera. «No tengo derecho a venirme abajo», aseguraba en una entrevista televisiva que conmovió a media España por su entereza a la hora de afrontar la enfermedad y asumir lo que viniera. «Prefiero sufrirla yo que alguien de mi familia», explicaba este hombre casi obsesionado porque se le viera siempre feliz. Lo fue y, aunque visiblemente desmejorado y ya en silla de ruedas, estuvo radiante durante el homenaje que el 28 de octubre del 2006 le tributaron en Cercedilla, en el que se descubrió una estatua en su honor. 9 días después, falleció en su casa, tranquilo y rodeado de su familia. Seguramente, le hubiera gustado vivir más para enseñar a esquiar a su nieto y acabar su libro de memorias: «La vida, un eslálom».