Rocío Dúrcal

La reina de las rancheras

Esta madrileña excepcional, fallecida de cáncer en el 2006 a los 61 años de edad, fue una de las cantantes españolas con más ventas en la industria discográfica

Rocío Dúrcal Fue Una Grandísima Cantante De Rancheras.

Rocío Dúrcal fue una grandísima cantante de rancheras.

María de los Ángeles de las Heras Ortiz nació el 4 de octubre de 1944 en el madrileño barrio de Cuatro Caminos. Fue la primogénita de seis hermanos: Jacinto, Carlos, Antonia, Arturo y Susana. Cuando era pequeña, su familia se trasladó a Valencia, ya que el padre, taxista de profesión, encontró trabajo como probador de camionetas. En la capital valenciana fue donde empezaron a llamarla Marieta, nombre con el que la conocen sus familiares y amigos más íntimos.

Artista gracias a su abuelo paterno, Tomás 

Simpática, vivaracha y muy cariñosa, Marieta estudió en el colegio religioso del Sagrado Corazón de Jesús, al que algunas veces faltaba porque tenía que ayudar a su madre en el cuidado de sus hermanos pequeños. El primero que se fijó en su prodigiosa voz fue su abuelo paterno, Tomás. «Mi abuelo fue mi primer fan. Yo iba a buscarlo al bar donde jugaba al dominó y él me mandaba subir a las mesas y cantar. Creía en mí como artista», explicaba Rocío de su infancia. Cuando la niña tenía sólo 10 años, su abuelo la llevó al programa de radio «Conozca a sus vecinos». Después, Marieta entró en la categoría de las aspirantes a artista que buscaban su primera oportunidad en concursos de la radio y de la televisión. Al principio, cantaba flamenco, imitaba a Marifé de Triana y utilizaba el nombre artístico de Rocío Benamejí, que luego cambiaría por el de Rocío Fiestas, y llegó a quedar finalista del concurso de TVE «Primer aplauso». «Nuestra familia era muy humilde y mi abuelo, que siempre confió en mi talento, tenía unas broncas enormes en casa porque mi padre le decía: “Usted será el culpable de que la niña vaya por el mal camino”». Cuando tuvo edad de empezar a trabajar, entró de aprendiza en una peluquería. Lavaba cabezas, ponía bigudís de permanente, secaba melenas y las clientas le daban propina cuando cantaba.

El productor Luis Sanz, su descubridor artístico

Pero, gracias al empeño del abuelo Tomás, que no se dejó impresionar por el talante agorero de su hijo, Marieta no se hizo peluquera sino que se convirtió en Rocío Dúrcal a los 15 años. El cambio de nombre fue idea de Luis Sanz, uno de los productores importantes del momento. «Elegí Dúrcal poniendo un dedo a ciegas sobre el mapa de España y cayó sobre ese pueblo granadino», cuenta la cantante del origen de su seudónimo artístico. Sanz andaba entonces a la caza de nuevos talentos y pensó que aquella jovencita pizpireta y simpática podía ser una de esas niñas prodigio que tanto gustaban al público. La contrató en exclusiva para su productora, Época Films, y le dio el papel protagonista de la que sería su primera película: «Canción de juventud», dirigida por Luis Lucía. Estrenada cuando tenía 16 años, el «duende» de Rocío caló entre los jóvenes. De la noche a la mañana, la madrileña se convirtió en una adolescente modelo, en una jovencita prodigio. «Nosotras éramos más bien avanzadas, simpáticas, descaradas incluso, pero no prodigio. Niños prodigio son los que a los cuatro años tocan el violín que te mueres, como Mozart», matizaba hace algunos años.

Una casa más grande con su segunda película

Parte de las 75.000 pesetas que Marieta cobró por su debut cinematográfico las destinó a comprarse un colchón «como Dios manda, para no volver a dormir en el que teníamos, de borra, que era durísimo, en el que dormíamos mi hermana Cuca y yo», recordaba en una entrevista. También le compró a su padre un Seat 1.400, «porque toda la familia no cabíamos en el 600 que teníamos». Con sólo 16 años, tuvo que asimilar una serie de obligaciones: estudiar inglés, tomar clases de canto y baile, viajar… Entusiasta y disciplinada, Marieta lo aceptó todo con profesionalidad y sin dejar que el éxito la cambiara. «El éxito es peligroso cuando dejas que conduzca tu vida. Te olvidas de quién eres de verdad. La admiración que la gente te profesa es porque tu trabajo es bueno y eso es lo que se espera de ti, que seas profesional».
A los 17 años realizó su primer viaje a México, donde tuvo un recibimiento apoteósico. En 1962, rodó, también a las órdenes de Luis Lucía, la que sería su segunda película: «Rocío de la Mancha». Por su trabajo cobró 750.000 pesetas, que permitieron a su familia mudarse a una casa más grande. En los dos años siguientes, Rocío fue la estrella de «La chica del trébol» y «Tengo 17 años». A partir de 1965, se independizó de Luis Sanz (con el que, no obstante, siempre conservó una excelente amistad) y creó su propia productora. Con ella rodó «Más bonita que ninguna» (1965), «Acompáñame» (1965), «Buenos días, condesita» (1966), «Amor en el aire» (1967) «Cristina Guzmán» (1968) y, en el mismo año, «Las Leandras».
Todas esas películas le granjearon una enorme popularidad en España y América latina, donde ha recibido numerosos premios, como el Popular, del Diario «Pueblo», que recibió en 1964, el Pergamino de Ciudadana Honoraria de Puerto Rico, el premio a la Mejor Actriz del Sindicato Nacional del Espectáculo o la Medalla a la Popularidad como Mejor Actriz.

La artista, durante el rodaje de «Las Leandras en 1969.

Un noviazgo de seis meses con Juan Pardo

Aunque metida en la rueda del cine y convertida en una celebridad, Marieta siguió viviendo en la casa paterna, donde su padre la obligaba a estar en casa a las diez de la noche. Tenía pocas amigas de su edad por culpa del trabajo, pero mantenía sus gustos de jovencita. Por ejemplo, le encantaba la música de los Brincos, un conjunto formado por cuatro chicos: Fernando, Manolo, Juan Pardo y Antonio Morales, que usaba el nombre artístico de Junior. La actriz se sabía todas las canciones del grupo, a cuyos miembros conoció personalmente en 1965, en los Estudios Bronson. Más tarde, se hicieron amigos cuando Luis Sanz empezó a representarlos.
En 1968, Juan Pardo, que no ocultaba que la actriz le encantaba, la invitó a tomar una copa y, al poco tiempo, empezaron a salir juntos. Para entonces, los Brincos ya se habían disuelto y Juan Pardo y Antonio Morales habían formado un dúo llamado Juan y Junior. Mientras se dejaba querer por Juan, Marieta se dio cuenta de que quien verdaderamente le gustaba era Junior. Pero no se atrevía a decirle nada porque una de sus amigas, una tal Rosa, estaba coladita por él. «Yo no quería meterme por medio y, además, no tenía ninguna seguridad de que Junior quisiera salir conmigo. Su tipo ideal de mujer entonces era Marisol. A mí incluso me encontraba un poco hortera», explicaba la cantante.
Rocío y Juan Pardo fueron novios durante seis meses, pero la relación finalizó porque la actriz se dio cuenta de que no estaba verdaderamente enamorada. Pardo se resistía a aceptar aquella ruptura y un día, a través de su amigo Junior, le hizo llegar una nota en la que le decía que no podía olvidarla y le pedía que volvieran a estar juntos. «Aquella tarde, Junior y yo fuimos a merendar y yo pensé que esa vez no iba a andarme con tonterías. De repente, me declaré: “Estoy enamorada de ti. Te quiero y ¿tú a mí?”. Se quedó petrificado, pero me contestó: “Yo también” y nos besamos».

Boda multitudinaria en El Escorial

Después de un tiempo manteniendo en secreto su relación, Junior le explicó a Juan Pardo lo que estaba sucediendo. El músico no lo encajó muy bien y, a los pocos meses, el dúo se disolvió. Afortunadamente para el despechado novio, volvió a enamorarse y, casualidades de la vida, acabó casándose con Emy de la Cal, que había sido novia de Ricky, hermano de Junior.
Nueve meses después de hacer oficial su noviazgo, Antonio y Marieta decidieron casarse. Su padre no veía con buenos ojos aquel enlace, porque pensaba que su hija mayor iba al matrimonio embarazada, así que el padrino de boda fue su hermano Jacinto. El matrimonio de Rocío Dúrcal y Junior se celebró en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial el 15 de enero de 1970. Como ambos eran muy famosos, fueron muchísimos los curiosos que abarrotaron el templo para ver la boda.
Convertidos en marido y mujer, la pareja hizo una luna de miel de 20 días por París y Roma. A finales de ese año, Rocío dio a luz a Carmen, su primera hija. El segundo, un varón al que llamaron Antonio, nació en 1974 y la familia se completó en 1979 con Shaila.

Rocío y Junior celebrando la Navidad con sus hijos Carmen y Antonio.

Retirada del cine y estrella de la canción

En la década de los 70, Rocío Dúrcal protagonizó películas como «La novicia rebelde» (1971), «Marianela» (1972), por la que recibió el Premio del Círculo de Bellas Artes a la mejor actriz, «Me acuesto a las nueve y cinco» (1973), «Díselo con flores» (1974) o «Me siento extraña» (1977). También hizo incursiones en el teatro: «La muchacha sin retorno» (1977), dirigida por Torcuato Luca de Tena, y «Contacto peculiar» (1978), bajo la dirección de Adolfo Marsillach, con quien había trabajado años atrás en la comedia musical «Un domingo en Nueva York» (1963) y «Cleopatra», drama grabado para TVE de nuevo a las órdenes de Luca de Tena. Mujer de talante progresista, en febrero de 1975, Marieta fue una de las artistas que se sumó a la huelga de actores y actrices de teatro que tuvo lugar cuando en España todavía había una dictadura.
A finales de los años 70, Rocío Dúrcal dejó el cine para dedicarse por entero a la canción. Su trayectoria musical ha estado siempre respaldada por grandes compositores, como Juan Carlos Calderón, Augusto Algueró, Juan Gabriel o su marido, 
Junior, que dejó su propia carrera artística para respaldar la de su mujer y cuidar de su familia, ya que su esposa, por trabajo, estaba obligada a largas ausencias. 

Una excepcional cantante de rancheras 

Aunque durante años el repertorio de la cantante fue muy variado (pasodobles, baladas, rock and roll, vallenato, cumbias, rumbas…), donde realmente encontró sus señas de identidad artística fue con las rancheras. Su interpretación es tan excepcional que Rocío Dúrcal encandila hasta a los mexicanos. Gracias a los temas de Juan Gabriel, que le ha compuesto hasta una decena de elepés de rancheras, la Dúrcal tenía un público muy fiel en la América Latina, donde la consideran una gran artista. Es una de las cantantes con más discos de oro y platino en su haber y ha vendido más de 25 millones de copias de sus álbumes. Especialmente unida a México, donde cuenta con casa propia, en 2001 presentó en la capital azteca «Entre tangos y mariachi», álbum con el que también volvió a los escenarios españoles tras una década de ausencia. Pero no había sido una ausencia total, ya que, en 1997, Dúrcal protagonizó, junto a José Sancho, la serie «Los negocios de mamá», dirigida para TVE por su descubridor, Luis Sanz. 
Un año antes, Rocío y su marido habían tenido que encajar la inesperada noticia de que su hija Carmen, de 25 años y actriz de profesión, iba a ser madre. La joven mantenía entonces una relación sentimental con el joven empresario Óscar Lozano, con el que rompió al poco de que naciera su hijo, Christian, el 29 de octubre de 1996. Menos traumática fue la llegada de los otros dos nietos de la cantante y actriz, los gemelos Aitor y Antonio, nacidos en 2003. 

Una operación para extirparle la matriz

En 2001, tuvo que someterse a una operación en Houston en la que se le extirpó la matriz para atajar un cáncer. Tres años después, la enfermedad volvió a reproducirse y tuvo que hacer quimioterapia. Sin embargo, cumplió con el compromiso de grabar el álbum «Alma Ranchera», como un homenaje a la música de este género, aunque debido a su tratamiento, no pudo ir de gira para promocionarlo. La artista no consiguió vencer la batalla contra el cáncer y falleció el 25 de marzo de 2006 a la edad de 61 años en su casa de Torrelodones, pasando sus últimos días en compañía de su familia. Sus restos mortales fueron trasladados al tanatorio de La Paz de Alcobendas, a donde acudieron admiradores y amigos de la cantante. Al día siguiente de su fallecimiento, su cuerpo fue incinerado, por deseo de su familia y sus cenizas fueron distribuidas entre España, en su casa de Torrelodones, y México, donde descansan en la Basílica de Guadalupe.