Sean Connery

El más genuino «James Bond» de la pantalla

Este estupendo y atractivo actor escocés ha dado vida al prototipo más cínico y popular del mítico agente 007, personaje literario que interpretó en siete películas entre 1962 y 1982. 

Sean Connery Caracterizado Como El Archifamoso Agente Secreto James Bond.

Sean Connery caracterizado como el archifamoso agente secreto James Bond.

Thomas Connery nació el 25 de agosto de 1930 en la ciudad escocesa de Edimburgo (Reino Unido). Fue el tercer hijo de Joe, camionero de origen irlandés, y Effie, una asistenta doméstica. Desde pequeño Tam, como le llamaban en casa, compaginó la escuela con trabajillos que ayudaban a la economía familiar. El primero de esos trabajos lo tuvo a los 7 años, recogiendo lecheras por las granjas. Como adolescente, estaba más interesado en el boxeo y el fútbol –fue delantero centro con los Fetlor Amateurs– que en sus estudios en la Daroch School. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y su padre se incorporó a la sección de montaje de motores de aviación de la Rolls Royce, dejó la escuela para ponerse a trabajar. Tuvo diversos trabajos hasta que, a los 16 años, se alistó en la Marina. Tres años después se licenció por una úlcera de duodeno.

      

Un trabajador candidato a Míster Universo

De regreso a su ciudad natal, se ganó la vida en las actividades más variopintas: guardaespaldas, trabajador de pompas fúnebres, albañil, modelo… Su tiempo libre lo dedicaba a muscular el cuerpo en los gimnasios. Con 1,85 m de altura y unas facciones más que correctas, representó a Escocia en el concurso de Míster Universo en 1953. Quedó en tercer lugar y fue su trampolín para empezar en el mundo del espectáculo. Primero, formó parte del coro de la comedia musical «South Pacific» durante 18 meses. Después, cambió su nombre de pila por Sean y probó suerte en la televisión. En aquel entonces conoció a su primer gran amor, Julie Hamilton, una fotógrafa que sería decisiva en su carrera. Julie le hizo un completo book fotográfico, que enviaban a los agentes sin mucho éxito y se convirtió en el paño de lágrimas de sus duros comienzos.

      

James Bond, el personaje que cambió su vida

Tras infinidad de papelitos minúsculos en series de televisión, debutó en 1954 como figurante en una comedia romántica protagonizada por Errol Flynn. Sus inicios fueron un deambular por películas sin importancia hasta que la filial inglesa de la 20th Century Fox le ofreció un contrato de siete años. Su primer trabajo importante fue con Lana Turner en «Brumas de inquietud», pero su romance con la actriz norteamericana estuvo a punto de costarle caro: el gángster Johnny Stompanato, entonces amante de la Turner, llegó a Londres dispuesto a partirle las piernas si no dejaba en paz a su chica.
Tras romper su relación con Julie, Connery conoció a Diana Cilento, actriz e hija de un médico con título nobiliario. La pareja contrajo matrimonio en 1962 y, al año siguiente, tuvieron a su hijo, Jason. Por su parte, Connery adoptó como suya a Giovana, una hija de Diana.
En 1962, Sean Connery fue elegido para protagonizar «Agente 007 contra el Dr. No», primera película sobre el agente británico creado por el escritor Ian Flemming. Tras barajar los nombres de Trevor Howard, Richard Burton, James Mason y Peter Finch para el papel, los productores le dieron el papel a Connery. Según algunos, por un criterio económico: el escocés sólo cobró 15.000 dólares. Su actuación no convenció a la crítica, pero el público quedó entusiasmado con aquel personaje cínico con licencia para matar, que probaba los inventos más sofisticados y seducía a las mujeres más hermosas. Tras el éxito, «Desde Rusia con amor» fue la vuelta de Connery a las pantallas como James Bond. La segunda también fue un éxito y las películas del agente de Su Majestad empezaron a sucederse: «James Bond contra Goldfinger», «Operación Trueno», «Sólo se vive dos veces»… Al margen del guión, le dio una personalidad a Bond: elegante, sofisticado, misógino, extremadamente riguroso y frívolo, seductor e implacable… Todo aderezado con una burlona sonrisa y una manera única de subir la ceja.
Aunque rico y famoso, Connery era consciente del peligro del encasillamiento y odiaba al personaje. Decidió alternar las películas de Bond con otras producciones. Con «Marnie, la ladrona», de Alfred Hichtcock, «The Hill», de Sidney Lumet, en la que se metió en la piel de un antipático militar, o la comedia «Un loco maravilloso» intentó desmarcarse de las cada vez más repetitivas historias del agente 007. Sin embargo, fue James Bond quien lo convirtió en el actor más taquillero de EEUU en 1965 y 1966. Aprovechando su popularidad, pidió un millón de dólares, más un porcentaje de beneficios de taquilla, por hacer la sexta entrega de la serie, «Al servicio secreto de su majestad». Los productores se negaron a pagarle la astronómica cifra.

Sean Connery y su esposa, Micheline Roqueburne, en la ceremonia de entrega de los premios Óscar de 2003.

Una calvicie galopante oculta bajo el peluquín

Para entonces, su matrimonio con Diana Cilento se había ido al agua por las continuas separaciones a que les obligaban sus respectivas carreras. Dispuesto a demostrar su valía como actor, Connery se despojó del peluquín que ocultaba su calvicie galopante y se dejó un enorme mostacho. Al público le gustaban sus películas y también la crítica aplaudía sus actuaciones. 
Mientras tanto, la película «007 al servicio secreto de su Majestad británica» resultó un enorme fiasco. El australiano George Lazenby, que los productores habían elegido como sustituto de Connery, era guapo pero tan soso que la película fue una de las peores de las 21 de que consta –hasta el momento– la saga. Para la siguiente entrega, titulada «Diamantes para la eternidad», los productores tentaron a Connery con 1.200.000 dólares para que volviera a empuñar las armas del agente secreto. La película pulverizó todos los récords de taquilla y devolvió a Connery su primacía como actor taquillero. 
Tras una serie de películas no demasiado brillantes, en 1975 pudo demostrar su excelente nivel interpretativo con tres filmes de aventuras: «El viento y el león», «El hombre que pudo reinar» y «Robin y Marian». Después de estas tres obras, tan maestras como distintas, Connery, que es un hombre de gran sentido del humor, algo altivo y mandón, impaciente, elegante y con fama de tacaño, hizo películas menores como «Un puente lejano», «Meteoro», «Cuba» o «Los héroes del tiempo». No resistió la debilidad de ponerse de nuevo el peluquín para dar vida, por séptima vez en su carrera, al Bond de «Nunca digas nunca jamás». Esta sí fue la definitiva y con ella Connery se vengó de los productores, ya que la rodó sin contar prácticamente con ellos y después de una pelea judicial sin precedentes. 

Amante del golf y residente en Bahamas

Parecía que la carrera de Sean Connery, un gran aficionado al golf que tuvo casa en Marbella y ahora reside en Bahamas, estaba en su declive, pero el actor sorprendió con su personaje de Guillermo de Baskerville en la versión cinematográfica del libro «El nombre de la rosa». No fue una casualidad. Su trabajo en «Los intocables de Elliot Ness» (por el que obtuvo el Óscar al mejor secundario) y en «Indiana Jones y la última cruzada» dejó claro que Sean Connery vivía una segunda edad de oro en su carrera. La buena racha siguió con «Negocios de familia», «La caza del octubre rojo» y «La casa Rusia». En esta última demostró que, traspasados los 60, seguía siendo un gran seductor. Desde 1975 está casado con la pintora francesa Micheline Roquebrune, con la que sigue pese a que varias aventuras amorosas del actor han estado a punto de romper el matrimonio. En 1993 superó un cáncer de garganta y en 2000 la reina Isabel II lo nombró Caballero del Imperio Británico, condecoración que aceptó pese a ser un defensor acérrimo de la independencia de Escocia, si bien asistió a la ceremonia vestido con la tradicional falda escocesa. Entre sus últimos trabajos destacan «Descubriendo a Forrester» y «La liga de los hombres extraordinarios.