La vida de Concha Velasco (capítulo 3): Paco Marsó la dejó sola en su noche de bodas

Paco Marsó, el hombre con el que se casó, la hizo feliz, le dio otro hijo, pero también le dio muy mala vida con sus infidelidades, adicciones y negocios ruinosos

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La actriz y Paco Marsó tuvieron una relación llena de altibajos.

Redacción

A finales de 1976, poco quedaba ya de aquella niña que soñaba con ser bailarina y levantar al público con su talento, la Conchita que siendo una cría se lanzó a trabajar sobre los escenarios para salvar a su familia de una difícil situación económica y que, a los 15, debutó en el cine fascinando con su maravillosa sonrisa y sus infinitas piernas.

Concha cumplió los 37 años gozando de fama pero sin amor, ya que debía afrontar en soledad pero con valentía la maternidad de un niño cuyo padre no quería salir a la luz pública. Sin embargo, apenas dos meses después, llegó de nuevo a su vida Paco Marsó.

Como un vendaval

Cuando se reencontraron en 1976 en la película "Mi mujer es muy decente, dentro de lo que cabe", ya no se contuvieron y dieron rienda suelta a su pasión. Y así, aunque sabía que él tenía otras amantes, se enganchó a él.

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Paco Marsó (arriba, en la película en la que conoció a Concha) no tuvo éxito como actor.

De hecho, tampoco el propio Adolfo Marsillach pudo evitar que esa relación siguiera adelante. Enamorado de Concha, el catalán entró un día en su camerino y le estampó un beso en la boca que ella recuerda que fue "de cine", y le dijo: "¡No te cases con Paco!". Pero ella, embaucada por el fogoso almeriense, no pudo más que decirle que sí cuando él se cansó de llevar su relación en la clandestinidad y le pidió matrimonio.

Una boda sencilla

Se casaron el 18 de abril de 1977, pero, en su noche de bodas Concha descubrió que su futuro junto a Paco iba a ser tan pasional como intempestivo, cuando él no apareció en toda la noche. Asustada y hecha un mar de lágrimas llamó a su suegra, que le dijo: "¡Uy, hija! Ya te acostumbrarás". "Y me acostumbré", reconocía años después una desencantada Concha, que al lado de Marsó vivió un matrimonio tormentoso.

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Concha y Paco el día de su boda.

Sin embargo, ella aguantaba porque él siempre quiso como un padre a su pequeño Manuel, y tuvieron otro niño, Francisco, que nació en abril de 1979. Pero lo que para la prensa parecía un matrimonio idílico que disfrutaba de maravillosos veranos en Formentor, de puertas para adentro era un mar de peleas, infidelidades y broncas violentas.

Vicios y malas inversiones

Ella llevaba grabado a fuego lo de "el show debe continuar", por lo que Concha blanqueaba su realidad con su sonrisa sobre el escenario mientras ejercía de abnegada mamá. Paco, que enseguida empezó a gestionar el dinero que ganaba su mujer, pasó de ser actor secundario a empresario y se atrevió incluso a montar un negocio de puertas blindadas que fracasó, así que decidió hacerse productor de espectáculos que protagonizaba su mujer, como "Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?", donde Concha compartiría escenario con José Sacristán.

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 Con José Sacristán en la obra "Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?".

Así entró la actriz en los años 80, triunfando sin descanso y compaginando todos los trabajos que podía, entre los que destacaron la serie "Teresa de Jesús", en el 83 y donde casi se queda ciega por culpa de un desprendimiento de retina, y uno de los grandes éxitos teatrales de su carrera: "Mamá, quiero ser artista", que se estrenó en el 86, al que siguió "Carmen, Carmen", en el 88. Ya entonces el dinero que ganaba Concha desaparecía rápidamente en los vicios y nuevas inversiones de Marsó, que a menudo fueron fallidas. Prueba de ello es que con la obra "La truhana" perdió 130 millones de pesetas.

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La serie "Teresa de Jesús" ha sido uno de los mejores trabajos de interpretación de la actriz vallisoletana.

Así, el matrimonio llegó a 1990 con una gran crisis, acrecentada por las continuas infidelidades de él. Que el papel protagonista de la siguiente producción, "Ay, Carmela", cayera en Carmen Maura y no en Concha no ayudó a Marsó a apaciguar las aguas tan turbulentas que en su casa generaron un tsumani. Concha pidió el divorcio, pero siempre cuenta cómo presentando "Viva el espectáculo" tuvo en su plató a Isabel Pantoja promocionando su disco "Se me enamora el alma". Y, justo cuando empezó a cantar un fragmento de una de sus canciones, Velasco se puso a llorar y, al día siguiente, retiró la demanda de divorcio. La mujer fuerte y valiente que siempre había sido seguiría apretando dientes y luciendo sonrisa para su querido público a pesar de su drama interior.

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Una fabulosa deuda

Y así siguió durante toda la década de los 90, en la que Concha guardaba para sí sus problemas conyugales mientras brillaba en la tele, medio en el que la irrupción de las cadenas privadas haría que las ofertas se disparasen con "Querida Concha", "Queridos padres" o "Encantada de la vida", la serie "Compañeros" o "Sorpresa, sorpresa", donde sustituyó a Isabel Gemio.

Sin embargo, su constante trabajo no pudo evitar que Hacienda engullera sus ingresos porque había acumulado una gran deuda por el impago de los IVA, algo que se agravó con las juergas de Paco y su mala previsión a la hora de producir. Así, su siguiente batacazo fue la obra "Hello Dolly", con la que, a pesar de llenar a diario durante meses el Teatro Calderón, perdieron 600 millones de pesetas.

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Concha trabajó incluso anunciando unas compresas contra las pérdidas leves habituales, pero eso no evitó que en el 2002 tuviese que vender su chalet de La Moraleja, a lo que se sumó el embargo de un piso en el centro de Madrid. Y es que debía al erario público la friolera de 721.000 euros, que finalmente saldó.

Con esos problemas y una relación muerta desde hacía años, en el 2005 Concha no soportó más la presión y se separó de Marsó. "Le eché de casa porque estaba cansada de que viniera tarde o de que no viniera, y de que, cuando lo hacía, muchas veces durmiera en el pasillo", ha dicho.