Analía Gadé

Actriz argentina que triunfó en España

Fue una de las artistas más famosas del cine y del teatro español de finales del franquismo y la Transición.

 

La actriz Analía Gadé

 

María Esther Gorostiza Rodríguez del Busto nació el 28 de octubre de 1931 en Córdoba (Argentina). Fue hija del segundo matrimonio de Fermín Gorostiza, vasco afincado en Argentina, que era padre de otro hijo, Carlos, nacido en Buenos Aires en 1920 de un primer matrimonio con la también vasca Jacinta Aguirregabiria. Once años mayor que la futura actriz. Los dos hermanos no se conocieron hasta que ella tuvo 19 años. 

 

En 1936, los padres de María Esther (no hay ninguna referencia al nombre de pila de su madre, de la que la actriz nunca habló en sus entrevistas) se separaron y la chica fue enviada a un internado de monjas, donde estaría hasta los 15 años. Guapa y con unos espectaculares ojos azules, dio su primer paso hacia la fama cuando se escapó del internado para ir a un concurso de radio en el que buscaban actrices para una película. La echaron del colegio por la osadía, pero ella no se inmutó: su rostro gustó tanto a los organizadores del concurso, que ganó el premio: un pequeño papel en «La serpiente de cascabel», película con la que debutó en el cine. Asumió entonces como nombre artístico el seudónimo que había inventado para enviar cartas de amor secretas a su primo: Analía Gadé. Unió los nombres de Ana y Rosalía y el apellido lo hizo derivar de una marca de chocolatinas llamada Godel, que le pirraban. 

 

Se casó, a los 18 años, con un actor de 41

Rodando aquella primera película conoció al actor y director Juan Carlos Thorry (Torrontegui), que se convertiría en su marido. El suyo no fue un amor a primera vista, sino una relación que se forjó durante los siguientes rodajes en los que coincidieron. «Me enamoré como una bestia y él también de mí», explicaba la actriz. Thorry se separó de su mujer y, en 1951, se casaron por poderes en México, ya que en Argentina no había divorcio. Él tenía 41 años y ella, que no pudo ver cumplido su sueño de casarse de blanco y por la Iglesia, 18. Juntos formaron una compañía teatral y, a partir de ahí, trabajó muchas veces a las órdenes de su compañero sentimental. Pero él no fue su maestro en la interpretación. Milagros de la Vega, a la que conoció en su primera película, le transmitió los rudimentos de una profesión para la que Analía tenía dotes innatas. Así se había demostrado, en 1950, cuando Gadé debutó en el Teatro Corrientes de la capital porteña. Ella consideraba que su primer gran éxito en el cine fue la película «Ayer fue primavera» (1955)  y que, dos años antes, había triunfado en el teatro con «Colombe», del dramaturgo francés Jean Anouilh.  

 

Tras «Los tallos amargos», película de Fernando Ayala que se considera como uno de sus mejores trabajos en Argentina, Gadé llegó a España en 1955, contratada con su marido para hacer una temporada en el Infanta Beatriz de Madrid con la obra «La voz de la tórtola». Allí la vio el productor Jose Luis Dibildos, que, impactado por su belleza y versatilidad, le hizo un contrato para siete películas. Ella aceptó viendo que era también la manera de dejar Argentina tras la caída del general Perón, con el que sentía una gran afinidad política.

 

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Analía Gadé con el actor y director Fernando Fernán Gómez, del que fue pareja durante una década y con el que compartió protagonismo en más de 10 películas.

 

Química en la pantalla, amor y ruptura

La primera cinta que rodó en nuestro país, en 1956, fue «Viaje de novios», donde conoció a Fernando Fernán Gómez, con el que, según el director Pedro Almodóvar, formaría una de las parejas con más química del panorama español. Coincidirían en una decena de películas más, entre las que destacan «La vida por delante», «Ana dice sí», «Luna de verano», «Sólo para hombres», «La vil seducción» y «Las largas vacaciones del 36». «Fue uno de mis grandes amores. Era un ser maravilloso en todos los sentidos. En algún momento no me porté bien con él, pero, al final, supo perdonarme. Le quise muchísimo», decía la actriz del hombre por el que puso fin a su matrimonio en 1958. Pero, tras una larga relación con Fernán Gómez, la argentina se lió en 1969 con Espartaco Santoni, al que conoció en el rodaje de «Las melancólicas». «Era tan divertido, tan pasional», decía la actriz del seductor venezolano, quien relató en sus memorias que su primer encuentro íntimo con Gadé fue en un ascensor. 

 

Un problema en el útero le impidió ser madre

También se enamoró intensamente del valenciano Vicente Parra. «Le quise sabiendo todo lo que tenía que saber de él. No me importó que fuese bisexual porque mi pasión era tremenda. Él era un ángel. Con el paso del tiempo me di cuenta de que todo era muy difícil en aquella relación y que había que retirarse, pero no me arrepiento de haberle amado», aseguraba en una entrevista. Con ninguno de ellos tuvo ningún hijo. Al parecer, no podía por una deformación congénita en el útero. Se sometió a una intervención quirúrgica, pero no tuvo resultados positivos. No haber sido madre fue una de las cosas que peor llevó en su vejez.

 

Convertida en una de las actrices más cotizadas de la Transición, Gadé trabajó con casi todos los actores de renombre de la época, como José Luis López Vázquez, Alberto Closas, Alfredo Landa, Francisco Rabal, Fernando Rey, José Luis Pellicena o Arturo Fernández y cobijó entre sus brazos a Joan Manuel Serrat, en «Mi profesora particular» (1973), una de las incursiones del cantante catalán en el mundo del cine. Activa luchadora contra la censura que el régimen de Franco ejercía sobre las películas, la popularidad de Gadé fue tan grande que tuvo magacín propio en TVE, que se llamó «Analía Gadé nos cuenta». 

 

Enamorada del país que la había acogido profesionalmente, la actriz estableció su residencia en España, con la única interrupción de los tres años que vivió en su país natal entre 1979 y 1983, donde al año siguiente, su hermano, Carlos Gorostiza, fue designado secretario de Cultura del primer Gobierno democrático argentino tras la dictadura de Videla, presidido por Raúl Alfonsín. De vuelta a España, estrenó un monólogo sobre la vida de la poetisa Emily Dickinson y, en 1988, representó la obra de Alonso Millán, «Damas, señoras, mujeres», por el que ganó el premio de teatro Miguel Mihura. También trabajó en televisión, especialmente durante la década de los 90. En 1999, sufrió un infarto cerebral, del que afortunadamente se recuperó. Haber visto la muerte de cerca le hizo apostar por una vida más sana: dejó de fumar, caminaba y le dedicaba más tiempo a «hobbies» como hacer almohadones con puntillas o reformas en su casa. Eso no le libró de sufrir un segundo ictus, que también superó. 

 

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«Dulce pájaro de juventud», con Pep Munné, en el 2001, en el Teatro Albéniz, fue su despedida de las tablas.

 

Incinerada en la más estricta intimidad 

Tras la película de Oskar Aizpeolea «La rosa azul» y la versión teatral de «Dulce pájaro de juventud» con Pep Munné, a principios de siglo XXI, Analía Gadé se retiró y llevaba una vida tranquila. En el 2013, se la vio en el funeral de María Asquerino, actriz con la que, en su día, rivalizó por el amor de Fernán Gómez. Tres años después, en una revisión médica rutinaria, le detectaron un cáncer y se sometió a una operación en el Hospital de la Princesa de Madrid. Después de varias recaídas, fue ingresada en el Hospital de Santa Cristina, donde falleció el 18 de mayo. Los restos mortales de la que fuera un «sex symbol» para toda una generación se incineraron en la más estricta intimidad en Madrid, donde tuvo lugar una misa en su memoria.