Astrid Lindgren

La creadora de «Pippi Calzaslargas»

Esta mujer sueca es una de las escritoras más importantes de la literatura infantil mundial por unos personajes que reivindican la igualdad entre los sexos

 

Astrid Lindgren

 

Astrid Ericsson (Lindgren, de casada) nació el 14 de noviembre de 1907 en la granja familiar de Näs, en la localidad sueca de Vimmerby. Segunda hija de Samuel August Ericsson y su esposa, Hanna Jonsson, tuvo tres hermanos. «Nací en una vieja casa roja, rodeada de campos de manzanos», recordaba la autora en su biografía, explicando que su infancia estuvo marcada por el cariño, la protección de sus padres y por los incansables juegos con sus hermanos. «¡Cómo jugábamos! ¡No parábamos! Desde el amanecer hasta el anochecer. Incansables, alegres, a veces poniendo nuestras vidas en peligro, pero sin ser conscientes de ello», decía.


Aparte de esos ratos de ocio, Astrid y sus hermanos tenían que trabajar en la granja, codo con codo, con otros trabajadores y temporeros, ya que, como no había maquinaria agrícola, se necesitaba mucha gente para sacar adelante las cosechas. «Para una niña como yo fue divertido y también aleccionador crecer como lo hice, con personas de todas las clases, tipos y edades. De ellos aprendí algunas cosas sobre la condición humana», aseguraría años después la escritora. Durante los descansos y las comidas, se explicaban historias, cuentos o anécdotas que Astrid escuchaba atentamente y que, años más tarde, le sirvieron para crear algunos de los personajes de sus libros.

 

En 1914, tras empezar a ir a la escuela, descubrió la lectura y devoró prácticamente todos los libros de la biblioteca. Tres años después, cuando comenzó secundaria, su profesora de lengua la alentó a escribir y solía leer sus relatos en voz alta en clase. Animada por aquella maestra, publicó a los 13 años su primer relato en el periódico de Vimmerby, el mismo en el que entró a trabajar al cumplir los 16, circunstancia que cambiaría su vida. Y no para bien. 


Tuvo un hijo, a los 18 años, siendo soltera

Como muchos adolescentes, pasó unos años en los que se sentía «melancólica y pensaba que era tan fea que nadie se enamoraría nunca de mí». Pero en la redacción del diario, donde se encargaba de corregir textos y escribir pequeñas reseñas y artículos, la joven vivió su primer amor. Fue con el editor, Reinhold Blomberg, un hombre casado y 30 años mayor que ella. Fascinado por su talento, estableció con ella una relación que fue más allá de lo profesional. En la primavera de 1926, Astrid, una joven moderna que fue la primera chica de Vimmerby que se cortó el pelo, advirtió que estaba en estado.
Toda su vida se desmoronó. Porque quedarse embarazada a los 18 y siendo soltera fue un escándalo que salpicó a toda su familia. Enfrentada a la incomprensión y a los prejuicios de todo el pueblo, decidió marcharse de Estocolmo y dar a luz en el Rigshospitalet de Copenhague, en Dinamarca, el único centro donde para dar a luz no le iban a pedir el nombre del padre. Su hijo, Lasse, nació el 4 de diciembre de 1926. Tras unas semanas juntos, Astrid lo dejó con Marie Stevens, la mujer que cuidaría de él hasta que ella pudiera hacerse cargo. 


De nuevo en Estocolmo trabajó como secretaria. Los primeros años allí fueron muy duros. Astrid alquiló una habitación y estudió Secretariado en el instituto Bar-Lock, mientras lograba sobrevivir gracias a la comida que le enviaba su familia desde la granja de Vimmerby. «Es un placer untar una gruesa rebanada de pan con la mantequilla de Vimmerby, poner una loncha del queso que hace mamá y luego comérmela. Y este placer se repite cada mañana, siempre que quede algo en la canasta que me mandan desde la granja», explicaba. 
En esa época aún mantenía contacto con Reinhold, el padre de su hijo, pensando que podrían casarse cuando él obtuviera el divorcio, pero, con el paso del tiempo, se dio cuenta de que no quería vivir con él en el pueblo, haciéndose cargo de sus siete hijos. Así que rompió la relación.


Empezó a escribir tras nacer su hija, Karin

Cuando finalizó sus estudios de Secretariado, entró a trabajar en varias empresas y, en 1928, fue contratada por el Real Automóvil Club sueco como secretaria de Sture Lindgren, con quien empezó a salir. Por aquel entonces, Astrid destinaba cada céntimo de su sueldo a viajar cada tres meses a Copenhague para visitar a su hijo y mantenía una correspondencia regular con Marie Stevens para saber cómo crecía el pequeño. En diciembre de 1929, los problemas de salud de Marie hicieron que no pudiera seguir cuidando a Lasse, por lo que Astrid se lo llevó a vivir con ella a Estocolmo. Nada más llegar, el niño cogió tosferina por lo que, para conservar su trabajo y seguir manteniendo a Lasse, siguió el consejo de su madre y lo dejó en la granja familiar en mayo de 1930. El pequeño no podía estar en mejores manos, pues no sólo estaba atendido por sus abuelos, sino también por sus tres tíos: Gunnar, Stina e Ingegerd.


En la primavera de 1931, se casó con Sture Lindgren y, por fin, pudo llevarse a su hijo con ella y disfrutar de cierta tranquilidad. En 1934, al poco de haber dado a luz a su segunda hija, Karin, empezó a escribir historias que publicaba en revistas y diarios locales, colaboraciones que compaginó con el trabajo de secretaria para ayudar a la economía familiar. 

 

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Pippi Langstrump, un icono de la igualdad

 

En 1941, Karin cogió una pulmonía y durante su enfermedad le pidió a su madre que le explicase una historia. Astrid empezó a relatarle las aventuras de la niña más fuerte del mundo, a la que su hija bautizó como Pippi Langstrump (calzaslargas), que se convertiría en uno de los personajes más famosos de la literatura infantil. «Como tenía un nombre tan raro, tenía que ser una chica diferente del resto», diría la escritora. ¡Y vaya si fue diferente! Pippi era una niña huérfana de 9 años, que tenía una fuerza descomunal, no iba al cole, dormía todo lo que quería y vivía sola con su mono y su caballo. 


Las historias de Pippi reunían las causas que más le importaban a Lindgren: el bienestar de niños y niñas, la defensa de su autonomía e individualidad –los expertos aseguran que esta obra fue fundamental para que, en 1979, Suecia se convirtiera en el primer país del mundo en prohibir el castigo infantil– y su lucha feminista por la igualdad de hombres y mujeres. De hecho, esta niña pelirroja de largas coletas y cara pecosa ha sido y sigue siendo un referente para niñas y niños, porque en sus aventuras demuestra que no hay diferencias entre ser chico o chica. 


En 1945, Astrid Lindgren publicó «Pippi Calzaslargas», un libro que se convertiría en serie de TV en 1969 y que cambió radicalmente su vida. El éxito que consiguió con las historias de esta niña rebelde le permitió dedicarse a la escritura, que se convirtió en su única pasión desde 1952, cuando murió su esposo. 

 

Entre sus obras, destaca «Cartas a Britta Mari»; la trilogía «Los niños de Bullerbyn»; «Miguel, el travieso» (también convertido en serie televisiva); «El gran detective Blomquist»; «Ronja, la hija del bandolero»; «El gnomo no duerme»; «Los hermanos Corazón de León» o «Historias de Navidad». En 1958, su extensa obra y los valores que transmitía –igualdad, respeto por la naturaleza, compromiso con la infancia– le hicieron ganar el premio Hans Christian Andersen, considerado el Nobel de la literatura infantil. A lo largo de su vida también fue reconocida con la Medalla de Oro de la Academia Sueca y el Premio Internacional del Libro de la UNESCO, en 1993, entre otros galardones. 


Un funeral de Estado celebrado el 8 de marzo

En 1998, cuando tenía 91 años, sufrió un derrame cerebral. Tras una lentísima recuperación, le costaba mucho asistir a actos públicos o seguir con su rutina diaria, pero se obstinó en continuar todo lo activa que pudo hasta su muerte. Falleció el 28 de enero del 2002 en su casa, acompañada por su hija Karin (Lasse había muerto en 1986) y, seguramente, también por todos los personajes infantiles a los que había dado vida en su imaginación. 
Su importancia y el cariño que los suecos profesan por su escritora preferida era –y es– tan grande que recibió, prácticamente, un funeral de Estado celebrado, además, el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Su ataúd recorrió parte de la ciudad de Estocolmo en un carruaje tirado por caballos. Las calles de esta ciudad se llenaron de miles de personas que tenían grabadas en su memoria las historias de la niña más fuerte del mundo, una joven pelirroja llamada Pippi Calzaslargas, capaz de las proezas más increíbles.