Asunción Balaguer

Actriz y viuda de Paco Rabal

En la vida de esta gran actriz hubo tres etapas: sus inicios como diva del teatro, su retiro tras casarse con Paco Rabal y su vuelta a los escenarios al morir el gran actor.

 

Asunción Balaguer

 

Asunción Balaguer Golobart nació el 8 de noviembre de 1925 en Manresa, pero creció en Barcelona. Fue una de los seis hijos del matrimonio formado por un prestigioso médico y la hija de un rico industrial textil. «Mi madre era jovencísima cuando se casó con mi padre, que ya ejercía de médico, así que sus diferencias desencadenaban constantes discusiones», explicaba la actriz sobre sus padres, de los que decía que se casaron por conveniencia y se separaron de igual modo. La madre le dio, como a sus hermanos, una educación moderna, que en ella tuvo el plus artístico porque, desde pequeña, le encantaban el teatro y la poesía. Un hermano le regaló el «Romancero gitano», de García Lorca, y se lo aprendió de memoria. «Al recitarlo, lloraba», recordaba en una entrevista. 


Estudiante de teatro y de Filosofía y Letras

En el colegio siempre la eligían para leer y recitar, pero fue una obrita que protagonizó a los 13 años con sus amigas lo que la llevó a escoger su futuro: sería actriz. Una elección extravagante en su acomodada familia, pero que su madre respaldó sin problemas. Tras estudiar interpretación en el Institut del Teatre y, más tarde, Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona, Balaguer se fue a Madrid en 1944 para trabajar (al principio, su madre le impuso una «carabina» para intentar preservarla de la vida «licenciosa» de los faranduleros) en la compañía Lope de Vega, que dirigía José Tamayo y donde interpretó obras de Shakespeare, Thornton, Wilder y los clásicos españoles.

 

Convertida en la actriz principal de un elenco con nombres como Carlos Lemos, Alfonso Muñoz o Josefina Santaolalla y en lo que parecía el inicio de la carrera de una gran diva de los escenarios, Asunción se cruzó con el hombre de su vida. Hijo de minero, guapo y con voz ronca, Francisco Rabal era un joven murciano de 23 años que, de electricista en los rodajes, había dado el salto a los escenarios. Llegó a la Lope de Vega para sustituir a otro actor y, de su primer encuentro, Asunción recordaba que «al oír mi acento catalán, me hizo un chiste tonto sobre catalanes que no me hizo ninguna gracia». Pero la inteligencia, autenticidad y generosidad del que, con el tiempo, sería uno de los mejores actores españoles, acabaron por ganarla. La amistad dio paso al amor y, durante un trayecto en autocar desde Córdoba a Algeciras, Paco se le declaró.

 

Era 1949 y, dos años después, se casaron en Barcelona durante el rodaje de «Perseguidos», un drama de José Luis Gamboa en el que coincidieron y que fue la primera experiencia de Asunción ante las cámaras. Antes de la boda, Paco le puso una condición: con ellos vivirían la abuela, el padre, la hermana, la tía y un primo del actor porque Rabal se había hecho responsable de todos. «Mi madre estaba negra, pero yo acepté. Eran gente buena, aunque se asustaban de que yo llevase pantalones», contó la actriz, que sólo le pidió una cosa: que, si dejaba de quererla, se lo dijera enseguida. 
Hijos antes que trabajo


En los primeros años de casada, Asunción siguió haciendo teatro y cine, pero la llegada de sus hijos –Teresa, nacida en 1952, y Benito, en 1954– la apartaron prácticamente de la profesión. Sólo actuó esporádicamente. «Paco estaba todo el día de viaje, trabajando, y alguien tenía que quedarse al frente de todo», explicaba esta mujer, que aseguraba que no lo vivió como un sacrificio o renuncia. Decía que lo que más le gustaba del mundo era recibir a su marido en casa con todo preparado. Pero esta mujer alegre y generosa tuvo que encajar situaciones que otras esposas no hubieran tolerado. 


Y es que, paralelamente a su exitosa carrera como actor, Rabal se consagró como un mujeriego de órdago, un juerguista impenitente y un tipo que bebía más de la cuenta. Balaguer estaba al tanto de casi todas sus aventuras e incluso reconocía que prefería que estuviera con otras mujeres que emborrachándose. Y es que, tras algunos de esos saraos, Rabal tuvo accidentes que estuvieron a punto de costarle la vida. Con todo, Balaguer estuvo un par de veces a punto de abandonarlo, especialmente cuando supo que el actor había tenido un hijo fuera del matrimonio. 

 

Paco Rabal Asunción Balaguer


Mitigó la pérdida de Paco volviendo a actuar


Siempre a la sombra de su marido, al que consideraba mejor intérprete que ella, Asunción fue trabajando más conforme sus hijos se hicieron mayores y formaron sus propias familias: Teresa se casó con Eduardo Rodrigo y adoptaron dos hijos –Luis y María– y Benito tuvo cuatro hijos de tres relaciones: Liberto, Candela, Nander y Guevara. 


Así, en los años 80 y 90, Asunción intervino en filmes como «Lulú de noche», «El hermano bastardo de Dios», «El sueño del mono loco», «Cómo ser mujer y no morir en el intento», «El pájaro de la felicidad» o «El largo invierno», entre otras. En algunas, coincidió con su esposo, hijos o su nieto Liberto.


El 29 de agosto del 2001 fue una fecha fatídica en su biografía. Ese día, cuando volaba con su marido de vuelta de Francia, Paco Rabal falleció. Con él, se fueron 50 años de matrimonio y el amor de su vida. Para salir de la depresión en que la sumió aquella pérdida, Balaguer decidió recuperar la pasión que dejó por su matrimonio: la interpretación. Y su regreso fue bien acogido por la profesión y el público.


«He tenido todo lo que soñé y he sido feliz»

Le fueron saliendo papeles en películas, como «Barcelona nit d’hivern»; series –«La que se avecina», «Gran Hotel», «Olmos y Robles» o «Merlí»– y obras de teatro. Su interpretación de una vieja corista en el musical «Follies» (2012)) le valió el Premio Max a la mejor actriz de reparto y fue la constatación de que era una intérprete como la copa de un pino. En ese mismo año Rafael Álvarez, «el Brujo», le ofreció uno de los trabajos más aplaudidos del tramo final de su carrera, el monólogo «El tiempo es un sueño».  «He tenido todo lo que soñé. He sido muy feliz. Me han pasado muchas cosas, pero de todo he salido», decía Balaguer, en lo que sería una especie de testamento artístico de esta mujer alegre, optimista y a la que todo el mundo quería, que volvió a hacer teatro con su nieto Liberto en la obra «Una vida robada» y se despidió con «Sueños y visiones del rey Ricardo III».

 

Falleció un 23 de noviembre, a los 94 años, de un ictus del que no se recuperó. Sus cenizas fueron enterradas en Águilas, junto a Paco Rabal, el hombre al que le dedicó el mejor papel de su vida


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