Brigitte Bardot

Icono sexual y animalista

Mito erótico de los 60, acaba de publicar en Francia «Lágrimas de combate», libro donde hace balance de una vida marcada por el éxito en el cine y por su pasional defensa de los animales.

Brigitte Anne-Marie Bardot nació el 28 de septiembre de 1934 en París. Su padre, Louis Bardot, era ingeniero industrial y dueño de una fábrica de bombonas de oxígeno y su madre, Anne-Marie Mucel, trabajaba en una casa de modas. Tanto Bebé, como la llamaban desde niña, como su hermana, Marie-Jeanne (Mijanou), cuatro años menor, recibieron una estricta educación. A los 7 años, cuando se sentía fea por la ortodoncia y las gafas que llevaba, empezó a practicar ballet y la danza le ayudó a superar sus complejos y le hizo soñar con ser bailarina.   
Pero, a los 15 años, siguió el consejo de su madre y aceptó ser modelo. «Elle» la sacó en portada y aquella imagen de una Brigitte delgada y curvilínea, de labios sensuales y mirada desafiante fue el primer paso de la formación de su mito. Tres años después, debutó en el cine con la película «Le trou normand», que impresionó al aspirante a director de 22 años Roger Vadim. Su flechazo, sin embargo, no gustó a los padres de Brigitte. Cuando lo conoció, Louis Bardot le recibió con una pistola sobre la mesa: «Si tocas a mi hija...», le dijo señalando el arma. Esa noche, los padres se encontraron a Brigitte con la cabeza metida en el horno y el gas encendido. Un intento de suicidio que tuvo el efecto deseado, ya que, el 19 de diciembre de 1952, Roger se convirtió en su marido y su maestro en el mundo del cine. En los siguientes cuatro años, la joven participó en 17 películas que pasaron sin pena ni gloria, pero en 1956 todo cambió.


Mito erótico conocido por las siglas B.B.

Ese año, Vadim la dirigió en «Y Dios creó a la mujer», película que fue un gran escándalo y la hizo famosa por las escenas eróticas más que por sus dotes interpretativas. Las críticas fueron muy adversas, pero Brigitte (1,70 de altura y con medidas 91-57-89) se convirtió en un mito erótico conocido por las dos siglas más sexies de la historia: B.B. El rodaje de esa película tuvo otro efecto en su vida ya que Bardot conoció a Jean Louis Trintignant. Al principio no le gustó. «Tiene pinta de palurdo», le dijo al productor, pero, finalmente, ocurrió lo inevitable y se liaron. Aquel idilio no molestó a Vadim, que ya pensaba en divorciarse de ella. Bardot, que siguió manteniendo una gran amistad con su exmarido, se fue con Trintignant pero la suya fue una breve historia, ya que el actor se marchó al servicio militar y ella conoció al cantante Gilbert Bécaud. «Debería haberme echado a llorar cuando Jean Louis se fue, pero, en lugar de eso, pensé: “Gracias a Dios”», contarí́a Brigitte años después. 
En 1957, la actriz vivió un sonado idilio con el cantante Sacha Distel y, después, en 1959, llegó a su vida Jacques Charrier, su compañero en la película «Babette se va a la guerra», la primera en la que la Bardot no aparecía desnuda. Brigitte se quedó embarazada e intentó abortar en Suiza, como ya había hecho cuando se quedó encinta de Vadim, pero ante el deseo de Jacques de ser padre, aceptó tener al bebé. 


Divorciada, renunció a su hijo de 2 años

La pareja contrajo matrimonio el 24 de junio de 1959 y, el 11 de enero de 1960, nació Nicholas en un apartamento de París donde se preparó una habitación para el parto, ya que la actriz se negaba a salir de casa, agobiada por el acoso mediático. Para entonces, la joven Bardot ya había empezado a aborrecer el cine y la fama. «Siento que he desperdiciado mi vida. Nunca debería haber hecho películas», declaró en una entrevista, donde también explicó lo mal que llevaba la maternidad: «¿Cómo puedo educar a un niño cuando yo aún necesito una madre?», aseguraba. 
Quizás por esa falta de sentimiento maternal, en 1962, cuando Brigitte y Jacques se divorciaron, ella renunció a su hijo, de manera que Nicholas, que hoy vive en Noruega, nunca ha tenido una relación fluida con su madre. Sobre todo desde que, en 1996, en su biografía, «Iniciales B.B.», la actriz describió la experiencia de su embarazo con estas durísimas palabras: «El feto era un tumor que se alimentó de mí durante nueve meses. Fue una pesadilla». Por culpa de esa descripción, perdió una demanda que le interpuso su hijo, al que tuvo que indemnizar. Con el tiempo, las relaciones se han suavizado, aunque apenas se ven. 
Mientras su vida privada se tambaleaba, su carrera cinematográfica se consolidaba con títulos como «La verdad», que protagonizó con el actor Sami Frey, con quien vivió un corto romance; «Los amores célebres», con Alain Delon; «Vida privada», con Marcelo Mastroianni; «Querida Brigitte», con James Stewart, y «¡Viva María!», dirigida por Louis Malle y que hizo con la francesa Jeanne Moreau y el norteamericano George Hamilton.  
Tras separarse de Charrier, vivió un idilio durante tres años con el promotor brasileño Robert Zaguri, pero, en 1966, Brigitte se enamoró de uno de los «playboys» del momento, el suizo alemán Gunter Sachs, quien, para conquistarla, sobrevolaba cada noche con su helicóptero la residencia de la actriz en Saint Tropez, lanzando miles de rosas rojas (se dice que, una vez, llegó a lanzarle unas 1.200). 

 

310959 web

Brigitte Bardot con el productor italiano Carlo Ponti y el director Jean-Luc Godard. 


Boda en Las Vegas 

Consiguió enamorarla y, en 1966, la pareja se casó en Las Vegas (EEUU). Tampoco duró mucho. Tres años después y, pese a los regalos carísimos de Sachs a su esposa (tres brazaletes de platino de Cartier, el primero con 50 rubíes, el segundo con 40 diamantes y el tercero con 7 zafiros), el matrimonio hizo aguas. «Gunter no me ha dado lo que los hombres suelen dar a una mujer: ternura», explicaría B.B. para justificar su nuevo fracaso sentimental. Por su parte, Sachs dijo: «Tres años con Brigitte Bardot son como 30 con cualquier mortal». Desconocemos cuál fue la verdadera razón, pero sí que Brigitte vivió un idilio en 1968 con el cantante Serge Gainsborough, con quien grabó la célebre y muy sensual «Je t'aime, moi non plus». Respecto a esa canción, la actriz le pidió al músico que no lanzase aquel disco para evitar un conflicto en su matrimonio, por eso Gainsborough preparó otra versión, la que se hizo famosa con la voz de Jane Birkin. 


«Cuando no estoy enamorada, me aburro»

Cuando se divorció de Gunter, Bardot tenía 35 años y, en los cinco siguientes, su lista de amantes siguió creciendo porque siempre necesitaba un hombre al lado. «No puedo vivir sin pasión. Cuando no estoy enamorada, me aburro», reconoció la actriz que, según algunos medios franceses, ha tenido más de 100 amantes. 
La fama de Brigitte, convertida en un auténtico icono de Francia, eran tan grande que, en 1968, aceptó hacer de modelo de Marianne, el símbolo la República, a propuesta del presidente Charles de Gaulle. Éste, fascinado por el encanto y «sex-appeal» de la mujer más bella del mundo, llegó a decir que B.B. «aportaba tantas divisas a Francia como Renault». Más recientemente el ultraderechista Frente Nacional –del que Bardot se manifiesta simpatizante– también la eligió como icono para su cartel de campaña en las elecciones del 2014. 


Un cáncer de pecho que logró superar

Pese a su fama internacional, en 1973, después de haber rodado 48 películas en 21 años, decidió abandonar el cine y dar un giro radical a su vida. «Yo regalé mi belleza y mi juventud a los hombres. Ahora voy a dedicarme a entregar mi sabiduría y mi experiencia, lo mejor de mí, a los animales», aseguró. Muchos creyeron que era sólo un arrebato, pero fue definitivo. Lo único que la actriz lamentaba, tras décadas dedicada al cine, era no haber trabajado con directores como Fellini y Bergman.  
La Madrague, su residencia en Saint Tropez, que adquirió en 1958 con los beneficios de «Y Dios creó a la mujer», se convirtió en su santuario desde finales de los años 70. Poco después, sufriría, como acaba de revelar en su último libro «Lágrimas de combate», un cáncer de pecho que logró superar. Actualmente, vive entre esa casa, situada a orillas del mar, y La Garrigue, en las montañas que rodean esa localidad de la Costa Azul francesa. Allí tiene medio centenar de animales –desde un poni y un asno hasta siete cerdos, ocho cabras, una tortuga, gallinas y 17 perros y gatos– que cuida con una dedicación absoluta. Su amor por los animales –siente más compasión por ellos que por las personas– le llevó a crear, en 1986, la Fundación Brigitte Bardot, para lo que subastó sus joyas y vendió algunas de sus propiedades. Esta organización lucha contra las corridas de toros, la caza, los zoológicos, la ganadería industrial, los abrigos de piel y el consumo de carne de caballo. Uno de sus mayores éxitos es haber logrado, en el 2009, que la Unión Europea prohibiera la importación de productos derivados de la caza de focas. «Es uno de los pocos triunfos de mi vida», dijo Brigitte que, en el 2016, le envió una carta al rey Felipe VI explicándole la terrible situación de maltrato de los galgos de caza en España. Según ella, no tuvo respuesta.  
En agosto de 1992, la actriz se casó con el empresario ultraderechista y exasesor de Jean-Marie LePen Bernard d'Ormale. «Llevaba siete años recluida como una monja. Me había despedido de bastantes cosas. Era quizás una purificación antes de conocer al hombre de mi vida. Porque lo sé, Bernard es el hombre de mi vida, ¡para siempre!», declaró en una entrevista dos meses después del enlace, que tuvo lugar en Noruega. 
Contra los musulmanes, homosexuales y parados 
En los últimos años, sus apariciones en prensa no han sido por la labor de su fundación o por su pasado cinematográfico, sino por sus posiciones radicales y sus ataques contra los musulmanes, sus insultos a homosexuales y su desprecio hacia los desempleados. Prueba de ello es que, en el 2008, ya había sido condenada en cinco ocasiones por incitar al odio racial desde las páginas de sus libros o bien en declaraciones a diferentes medios de comunicación. 
A los 83 años, Brigitte sigue en pie de guerra en su lucha incansable por los animales y no quiere ni oír hablar de jubilación. «Es un horror. Es por eso que la gente se muere de aburrimiento», ha dicho. De igual manera, la que fue la mujer más bella del mundo e icono sexual de los 60 y 70 se muestra totalmente contraria a la cirugía estética. «Vivo muy bien con mis arrugas, me pertenecen. Yo conozco mujeres pasadas por “liftings” y no parecen más jóvenes, sino más ridículas», declaró B.B., a quien no le gustaría ser recordada como mito erótico del cine, sino como «el hada madrina de los animales».