Chiquito de la Calzada

Genial humorista

El pasado 11 de noviembre moría, a los 85 años, este singular malagueño que hizo reír a millones de personas con su personalísima manera de hacer humor. Un estilo que creó escuela y, sobre todo, que fue adoptado por la gente de la calle.

Gregorio Esteban Sánchez Fernández nació el 28 de mayo de 1932 en Málaga. Fue el segundo de los tres hijos de un electricista que sentía pasión por el flamenco. De él sacó su afición por el cante y, con 8 años, demostró que tenía dotes como cantante. Poco después, dejó la escuela para integrarse en el grupo Los Trinitarios, con su hermano Tomás y un amigo, con los que cantaba una canción llamada «Los boqueroncitos». Siendo adolescente, Chiquito de la Calzada (nombre artístico que le puso su padre porque era pequeño y vivían en el barrio de la Calzada de la Trinidad) pasó a formar parte de los Capullitos Malagueños, con los que actuó en las noches de juerga a las que se entregaban los señoritos andaluces de la época.

 

Así fue como, «con muchas fatiguitas» como él mismo decía, se fue fogueando en el mundo de la farándula, donde tuvo que aguantar los abusos de muchos empresarios explotadores, porque «no tenía otra cosa». Siguió su carrera de cantaor actuando con figuras como Manolo Caracol, Lola Flores o Juanito Valderrama y con «shows» en el Teatro Calderón o el Circo Price. Así fue como, peor que mejor, hizo del flamenco su modo de vida.  

 


El 8 de diciembre de 1958, Gregorio se casó con Pepita Gómez, una cordobesa que era bailarina en el circo chino de Manolita Chen, de la que se había prendado cuando ella fue a una actuación suya dos años antes. «Cuando vi a esa mujer en primera fila me dije: “¡Hasta luego, Lucas!”, ésta ya no se me va», decía de su esposa. Pepita sufrió tres abortos naturales y no pudo darle hijos, pero fue su fiel compañera más de 50 años. «Hay que derrochar mucho arte y cariño para que un matrimonio dure tanto», aseguraba en una entrevista. Y él, que era un hombre bondadoso y la amaba con locura, así lo hizo.


Dos años trabajando y ahorrando en Japón 


Durante la década de los 60, Chiquito de la Calzada fue tirando como podía hasta que, en 1971, le salió la posibilidad de ir a Japón como miembro de un cuadro flamenco en el que la estrella era el gran Camarón de la Isla. «Japón es un hormiguero, por la gloria de mi madre. Y se mueve mucho: todos los terremotos del mundo están allí», explicaba Chiquito, que aguantó dos años allí con el objetivo de ahorrar dinero para la entrada de un piso. «Allí lo pasé fatal», había explicado de esa etapa. «Dormía con un cuchillo porque una vez me robaron la cartera. Además, era un país carísimo, una barra de pan costaba como un empaste», contaba con su habitual gracejo, poniéndose más serio cuando recordaba que, estando allí, murió su madre y no pudo ir al entierro.  
Finalizada la etapa japonesa, volvió a España, donde su nombre empezó a hacerse conocido entre ricos y empresarios, que lo contrataban para fiestas y convenciones. 

Mario Conde y Jesús Gil  entre sus admiradores  

Era entonces un hombrecillo calvo y con enormes patillas que tanto podía conmover cantando por bulerías como hacer llorar de risa a su público con sus chistes. Mario Conde y Jesús Gil fueron dos de los que se tronchaban con su repertorio. Chistes que se le ocurrían en su casa, estando en bata y que él anotaba en una libretita. Desde muy pequeño, siempre le había encantado hacer reír a la gente que tenía a su alrededor. 
Su salto a la fama fue fruto de la casualidad. Un día, en una actuación en un club de Torremolinos, estaba entre el público el productor y director Tomás Summers, que se quedó enganchado a aquel tipo con aquel humor diferente, que hablaba «raro» mientras hacía sonidos guturales y daba saltitos con la mano en las lumbares o se sacudía como si recibiera descargas eléctricas. 

 

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Chiquito de la Calzada en una de sus actuaciones.


«Genio y Figura» le catapultó hacia la fama


Summers lo contrató para el programa que preparaba para Antena 3: «Genio y Figura». Era 1994 y Chiquito de la Calzada ya había cumplido los 62 años. Tras el estreno, un mandamás de la cadena pidió quitar al «señor mayor» que, a su juicio, perjudicaba la emisión. Pero Summers se empeñó en mantenerlo, convencido de lo contrario. Acertó de pleno porque el malagueño se convirtió en el alma del programa. Con sus camisas cantonas y sus pantalones sobaqueros se ganó a una audiencia de cinco millones. Meses después del pelotazo de «Genio y figura», se lanzó un vídeo con sus mejores chistes que vendió 300.000 copias y generó tres millones de euros.

 

Maestro del humor surrealista, artífice de unos movimientos corporales únicos y con mucha gracia al contar chistes, su fama llegó a ser un fenómeno en España, donde los expertos en cultura de masas le retrataron como un «genio del lenguaje». Su tirón mediático era tan grande que dio el salto al cine. Con el director Álvaro Sáenz de Heredia hizo «Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera» y «Brácula, Condemor III», donde compartió cartel con Bigote Arrocet. La tercera, con el mismo director, fue «Papá Piquillo». Tres películas de calidad ínfima donde el común denominador era que Chiquito hacía de Chiquito. Eso era lo que quería ver el público, para quien se convirtió en un icono. Tanto, que el humorista malagueño protagonizó libros y programas de tele y radio, se codeó con la Familia Real y hasta tuvo una línea de aperitivos. Paralelamente a su triunfo, le salieron una legión de imitadores. Uno de ellos, según cuentan, era el mismísimo rey Juan Carlos.


El durísimo golpe de la muerte de su esposa 


Con el cambio de siglo y la llegada de un humor más correcto, la estrella de Chiquito –admirador de Cantinflas por «cómo movía el culillo»–, perdió brillo. Con todo, sus actuaciones, en las que compaginaba improvisación con preparación exhaustiva del repertorio, seguían siendo sinónimo de éxito y le ofrecieron varios cameos en cine: en «El oro de Moscú» (2003), en «Franky Banderas» (2004), protagonizada por Juan Luis Galiardo y María Barranco; en el vídeo promocional de «Spanish Movie», donde enseñaba a pronunciar su famoso «Te da cuennn?» al actor estadounidense Leslie Nielsen, y en «Torrente 5. Operación Eurovegas», de Santiago Segura. Dos años antes de esta última película, en el 2012, la muerte de su querida Pepita por un infarto le apartó de los escenarios. «Me ha roto el corazón y el sentido, se me ha ido la vida», le explicó entre lágrimas a Bertín Osborne.

 

Según los que le conocían, Chiquito de la Calzada cambió tras enviudar. Se deprimió y empezó a desorientarse, aunque, siempre que salía a la calle, se alegraba cuando alguien le paraba para hacerse una foto y le despedía con su «Hasta luego, Lucas». Su salud empeoró en los últimos meses hasta que falleció el 11 de noviembre del 2017. Cuenta Andreu Buenafuente, admirador suyo, que una vez le preguntaron si creía que había vida tras la muerte y él respondió: «No sé si hay Vida, pero seguro que hay Fanta y Coca-Cola». Seguramente que ahora se estará tomando alguna, bien fresquita, con su Pepita.