Eduardo Barreiros

Pionero de la industria automovilística española

Gallego sin estudios ni formación que, gracias a su olfato de negocio y su capacidad de trabajo, creó un imperio industrial del motor en la España de la posguerra

 

Eduardo Barreiros

 

Eduardo Barreiros Rodríguez nació en Gundiás (Ourense) el 24 de octubre de 1919. Fue el primero de los seis hijos (después nacerían María, Graciliano, Mari Luz, Valeriano y Celso) de Luzdivina, una mujer inteligente, trabajadora y muy religiosa, y Eduardo, un hombre que, poco antes de que naciera su primogénito, emigró a la isla de Gran Canaria para montar una fábrica de cedazos. Así, durante sus primeros años, Eduardo vivió con su madre y su abuelo Francisco. 


Dorinda, la mujer de su vida y madre de sus hijos

Cuando tenía 4 años, su padre los fue a buscar a Galicia y la familia se instaló en la localidad canaria de Tamaraceite, donde el patriarca del clan tenía su negocio. Pero en 1925, debido a una enfermedad del abuelo, regresaron todos a la península. Fue entonces cuando el padre compró un autobús de segunda mano, un Panhard-Levasos con capacidad para 18 personas, que hacía el recorrido entre Ourense y Luintra. La fascinación del joven Eduardo por los motores hizo que, a los 12 años, dejara de estudiar para empezar a trabajar en el negocio de su padre como revisor y encargado del mantenimiento del viejo autobús. Vista la pasión que sentía por conocer al detalle el funcionamiento de los motores y su habilidad para reparar cualquier máquina que caía en sus manos, a los 16 años empezó a trabajar como aprendiz en un taller de mecánica por 2 pesetas al día. 


En 1940, cuando tenía 20 años, conoció a Mª Dorinda Ramos, una jovencita de 15 que estaba interna en el colegio de las Carmelitas de Ourense estudiando para ser maestra. La primera vez que la vio, como él mismo explicaría, «no me atreví a decirle nada porque siempre fui tímido. Pasaron dos semanas, en las que tuve muchas ganas de volver a verla porque me había enamorado de aquella muchacha con la que no había cruzado ni una palabra. Era guapa y sencilla, encantadora». Al cabo de siete años, en los que era capaz de caminar 10 kilómetros sólo para verla, se casó con ella. De aquel matrimonio nacieron dos hijos: en 1952, Mariluz, que fue esposa en segundas nupcias de Jesús de Polanco, presidente del Grupo Prisa, y en 1954, Eduardo Javier. Dory, como la llamaba familiarmente, estuvo al lado de Barreiros durante toda su vida y le acompañó en todas sus aventuras empresariales, que empezaron en la posguerra.   


De los autobuses a una empresa de construcción

Y es que después de la Guerra Civil, Eduardo siguió con el negocio familiar, pero comprendió que la línea de autobuses no tenía porvenir porque era difícil conseguir licencias para los grandes recorridos. Así que la vendió y, en 1945, fundó una empresa de construcción, BECOSA (Barreiros Empresa Constructora SA), con la que ganó varios concursos de obras públicas e infraestructuras, después de diseñar y construir maquinaria que le permitía realizar los trabajos en menos tiempo, con el consecuente ahorro de costes que eso suponía.  


Realizando las obras de ampliación del puerto de Castellón, se dio cuenta de que en España había poca disponibilidad de gasolina mientras que era relativamente fácil conseguir gasoil, combustible que, además, tenía dos ventajas: era más barato y suponía un consumo menor. Y tuvo una idea que iba a ser providencial. Empezó a hacer pruebas con los motores de aviones de la guerra y de camiones alemanes que estaban inservibles para transformar los motores de gasolina en motores de diésel. En 1951, patentó el procedimiento de conversión y, al cabo de tres años, se trasladó a Madrid, donde fundó Barreiros Diésel, una empresa que se dedicaría a la fabricación de motores, camiones, tractores, autobuses y automóviles, a pesar de la durísima competencia de dos empresas que contaban con el beneplácito y todos los apoyos del régimen franquista: Enasa y Seat. 


Dodge Dart y Simca, sus emblemáticos coches

En 1957, Barreiros consiguió su primer gran contrato: fabricar 300 camiones para el ejército portugués tras superar a otras marcas de peso, como Mercedes o Bedford, en las pruebas que se hicieron y en las que Eduardo se puso al volante de un camión para llevarlas a cabo. Desde ese momento, su expansión fue imparable. No sólo inició la fabricación de tractores, sino también de autobuses y autovolquetes o «dumpers». Pero en su mente estaba la idea de construir automóviles. Por eso, en 1963, vendió el 40% de Barreiros Diésel a la firma estadounidense de coches Chrysler para producir en España algunas de sus marcas. Fue entonces cuando Barreiros-Chrysler comercializó modelos tan míticos como el Dodge Dart –el coche que conducían los ministros y las grandes autoridades militares de la época– o el Simca 1000. 


En 1965, Barreiros exportaba sus camiones a 27 países, daba empleo a 25.000 trabajadores en su factoría madrileña de Villaverde y se relacionaba con personalidades como el entonces príncipe Juan Carlos o el rey Faisal de Arabia Saudita. Su fama traspasó fronteras y el diario «The New York Times» dijo de él que era uno de los empresarios no americano más importantes del mundo. Barreiros destacó también por cuidar a sus empleados. Les pagaba bien, construyó una clínica en la planta de producción, hizo obligatorios los reconocimientos médicos y daba ayudas para la adquisición de la vivienda. Como recordó uno de sus trabajadores en el 2000, cuando inauguraron en Madrid una calle con su nombre: «Él dio muchas facilidades a los trabajadores. Hizo posible que muchos tuvieran su camión. Cuando no tenían dinero, iban al despacho de don Eduardo y él mismo les recibía. A veces entregaba los vehículos por muy poco dinero». 

 

Barreiros juan carlos sofia

Eduardo Barreiros y su esposa, Dorinda, con los entonces príncipes Juan Carlos y doña Sofía, cuando ésta probaba un Simca 1000. 

 


Fincas agrícolas, sementales y minas

En 1969, debido a las pérdidas que sufrió el negocio, Eduardo vendió su parte de la empresa a Chrysler, comprometiéndose antes y por contrato a no realizar ninguna actividad que estuviera relacionada con el motor durante cinco años. Pero alguien como él, un emprendedor infatigable, no podía quedarse quieto, así que decidió probar suerte en otro sector, el de la ganadería y la agricultura. Compró una finca de 5.000 hectáreas en Ciudad Real y fundó Puvasa (Explotaciones Puerto Vallehermoso), que en poco tiempo y gracias a que introdujo métodos y tecnología modernas en el campo, se convirtió en uno de los más importantes laboratorios de inseminación artificial de Europa y en la principal fuente de abastecimiento de sementales para las ganaderías del continente. No sólo se dedicó a esta actividad; también compró varias bodegas y fundó, en Ourense, el Centro Minero de Penouta para la explotación en esa zona de las minas de estaño y pirita. 


Asesor de Fidel Castro hasta su muerte

Pero su gran pasión seguían siendo los motores así que, en 1980, creó la sociedad Diesel Motores Industrias SA, un negocio que le abriría las puertas de Cuba, donde montó la fábrica Amistad Hispano-Soviética, con la que exportaba camiones y autobuses a países del Este. Allí ejerció también como asesor de Fidel Castro. Precisamente por su relación con el régimen castrista, Barreiros pasó de ser llamado por algunos sectores de la prensa española «el diésel del régimen» al apelativo de «comunista oficial del régimen». Su papel en Cuba fue tan destacado, que, en 1991, fue nombrado doctor Honoris Causa en Ciencias Técnicas por la Universidad de La Habana, ciudad en la que falleció meses más tarde, en febrero de 1992, de manera inesperada a causa de un infarto.


Casi 30 años después, este hombre sigue vivo gracias a la Fundación Eduardo Barreiros, creada, en 1997, por su hija Mariluz. Esta organización, que ha cedido las fotos para esta biografía, lleva a cabo muchas actividades relacionadas con el mundo de la automoción y sirve para recordarnos que Barreiros fue un adelantado a su tiempo y un innovador, que, resolviendo en parte el problema de la escasez de gasolina en la posguerra, contribuyó a la industrialización del país.


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