Eleanor Roosevelt

Creadora del papel de primera dama en EEUU

La esposa de Franklin D. Roosevelt fue una luchadora incansable por los derechos de los más desfavorecidos y una de las mujeres más influyentes de la ONU.

 

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Anna Eleanor Roosevelt nació el 11 de octubre de 1884 en Nueva York. Fue la hija mayor de Elliott B. Roosevelt –hermano del presidente Theodore Roosevelt– y Anna Rebecca, y tuvo dos hermanos menores, Elliott y Hall. En octubre de 1892, cuando tenía 8 años, su madre murió de difteria y, meses después, su hermano Elliott también falleció de la misma enfermedad. Al poco, su padre ingresó en un sanatorio por sus problemas con el alcohol, que le llevaron a la muerte en agosto de 1894. 

 

Varios años en un internado de Londres

Eleanor y su hermano Hall se fueron a vivir con su abuela, Mary Livingstone Ludlow. Sus necesidades materiales estaban cubiertas, pero la pequeña era tremendamente infeliz y creció como una niña insegura. No mejoró las cosas el hecho de que fuese educada en casa hasta los 15 años. A partir de entonces, y ante la insistencia de su tía Anna Roosevelt Cowls, estudió en la Academia Allenswood, un internado inglés de Wimbledon donde estuvo entre 1899 y 1902. Gracias a su tutora allí, Marie Souvestre, que le inculcó una gran autoestima, maduró y forjó la fuerte personalidad que la caracterizaría el resto de su vida y marcaría su ambición social y política. 

 

En diciembre de 1902, ya de regreso a EEUU, ingresó en la aristocracia neoyorquina debutando en el baile del hotel Waldorf Astoria. Empezó a llevar una intensa vida social y se unió a varias organizaciones, como la Liga Nacional de Consumidores, que defendía los derechos de los trabajadores y animaba a comprar productos fabricados en empresas en las que no había explotación infantil, o la Liga Junior, que trabajaba para mejorar la salud infantil, la nutrición y el acceso a la educación de los inmigrantes que vivían en el deprimido barrio neoyorquino del Lower East Side. 

 

Casada con su primo 

Ese mismo año, conoció a Franklin Delano Roosevelt, su primo en quinto grado, e iniciaron una relación secreta. Un año después, se comprometieron pese a la oposición de la madre de Franklin, Sara Delano, que intentó torpedear aquella unión. Sus esfuerzos no dieron resultado y Eleanor y Franklin se casaron el día de San Patricio, el 17 de marzo, de 1905, siendo el padrino de la novia su tío, el presidente Theodore Roosevelt. 

 

Durante la década siguiente, Eleanor Roosevelt se dedicó exclusivamente a la maternidad, ya que tuvo seis hijos de su matrimonio con Franklin: Anna (1906); James, (1907); Franklin Delano Jr., que murió al cabo de un mes, en 1909; Elliott (1910); otro niño al que también llamaron Franklin Delano Jr. (1914) y John (1916). Su vida estaba totalmente controlada por su dominante suegra, que vivía al lado, se inmiscuía en todos los asuntos domésticos y en la crianza de sus nietos y criticaba constantemente a su nuera.  En 1911, aprovechando que Franklin fue elegido senador del estado de Nueva York, se mudó a Albany, la capital, y pudo alejarse de Sara. Allí, empezó a conocer los entresijos de la vida política y volvió a participar en organizaciones como hacía antes de casarse.  
Tras estallar la Primera Guerra Mundial, en 1914, ingresó en la Cruz Roja y apoyó la Liga de las Mujeres Votantes, la Liga de Mujeres de la Unión de Comercio y la División de Mujeres del Partido Demócrata. 


Un divorcio «abortado» por su suegra

En septiembre de 1918, Eleanor descubrió que su secretaria, Lucy Mercer Rutherfurd, tenía un «affaire» con su esposo. Quería pedir el divorcio, pero su suegra lo impidió para evitar un escándalo en la carrera política de su hijo. Pactaron que, a cambio de mantener las formas, Sara Delano le pagaría a su nuera una casa y la ayudaría a financiar sus tareas sociales. Desde entonces, la pareja llevó una relación como amigos y colegas, pero con vidas separadas. 

En la década de los años 20, durante la campaña presidencial de Franklin, Eleanor conoció a la periodista Lorena Hickok, a la que todo el mundo conocía como Hick, que la entrevistó durante los viajes y mítines del matrimonio por todo el país. Las dos mujeres consolidaron una relación íntima que duró́ años y pasó por varias etapas en las que fueron amantes, confidentes, consejeras y grandes amigas. Su historia de amor se mantuvo en secreto durante décadas, pero está reflejada en las más de 3.000 cartas que se intercambiaron. «Me has hecho crecer como persona, por el solo hecho de ser merecedora de ti. Recuerdo tus ojos, con una especie de brillo burlón en ellos, y la sensación de esa esquina suave, justo al noreste de tu boca, contra mis labios…», le escribía Eleanor a Lorena. Para rematar sus epístolas, ambas  recurrían al francé́s con un «Je t'aime and je t'adore» (te quiero y te adoro). A partir de 1938, la relación se fue enfriando por las múltiples obligaciones de Eleanor, convertida en primera dama. Sin embargo, ésta le escribió a Hick una carta diciendo: «Querida, sé que no estoy tan disponible para ti, pero te sigo queriendo»

 

En 1933, cuando su marido asumió la presidencia de  EEUU, ella le empezó a dar contenido al cargo de primera dama que, hasta entonces, sólo había tenido funciones ceremoniales. Eleanor fue asesora presidencial, dio más de 300 conferencias de prensa para mujeres periodistas, implementó programas de bienestar social, defendió en muchos actos públicos los derechos femeninos y los derechos civiles, y tuvo una columna en un periódico donde vertía sus opiniones en defensa de los más desfavorecidos. Fue pionera y precursora al crear el papel de primera dama tal y como lo conocemos. 

 

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Eleanor Roosevelt con un cartel de la Declaración de los Derechos Humanos, de la que fue impulsora.

 

Simpatizante del bando republicano español

Durante los 12 años que estuvo en la Casa Blanca –fue la primera dama que más tiempo ha ocupado esa posición, entre 1933 y 1945–, participó activamente en campañas antirracistas de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color y, cuando estalló la Guerra Civil española, no disimuló sus simpatías por el bando republicano. Durante un viaje oficial a Inglaterra, ella y Franklin «adoptaron» a Kerman Mirena Iriondo, un niño vasco que, tras huir de España, había sido acogido por una organización civil británica. 

 

Declaración de los Derechos Humanos

En 1945, tras la muerte de su esposo, siguió con su activismo. Su habilidad negociadora, su compromiso social y su experiencia en todas las organizaciones en las que había trabajado hicieron que el presidente Truman la nombrara delegada de EEUU en la Asamblea Nacional de la ONU calificándola como la primera dama del mundo. Un año más tarde, durante la reunión inaugural de la Asamblea, leyó una carta para celebrar el final de la II Guerra Mundial donde decía: «Esta nueva oportunidad para la paz se ha ganado por medio de los esfuerzos conjuntos de hombres y mujeres que han trabajado por los ideales comunes de libertad humana en un momento en el que la necesidad de un esfuerzo unido ha superado las barreras de raza, credo y sexo»
Como presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, fue impulsora de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sin duda, su mayor legado. Además, durante la redacción de la misma, exigió que se reemplazara la expresión «todos los hombres» por la de «todos los seres humanos», lo que provocó un encendido debate con los hombres de la comisión, que no entendieron el matiz diferencial. Pero ella tenía muy claro que la mujer necesitaba su propia voz. 

 

Eleanor Roosevelt dejó las Naciones Unidas en 1951, pero continuó escribiendo (publicó cuatro libros), dando conferencias y estuvo activa en el Partido Demócrata hasta su muerte, con 78 años, el 7 de noviembre de 1962. Su personalidad fue tan importante, que el presidente John F. Kennedy y dos expresidentes, Truman y Eisenhower, presidieron su funeral. Está enterrada en el cementerio de Hyde Park, al lado de su esposo.