Emily Brontë

Gran escritora inglesa del siglo XIX

Autora de «Cumbres borrascosas», su única novela y uno de los grandes clásicos de la literatura romántica de todos los tiempos

 

Emily Brontë

 

Emily Jane Brontë nació el 30 de julio de 1818 en Thornton, en el condado inglés de Yorkshire. Sus padres, el reverendo Patrick Brontë y su esposa, Maria, se habían casado en 1812 y tuvieron otros cinco hijos: Mary, Elizabeth, Anne, Charlotte y Branwell. Siendo el único varón, éste era la gran esperanza de la familia, aunque sólo llegó a ser un pintor mediocre, responsable de los retratos que se conservan de Emily, Anne y Charlotte. 


Su madre murió cuando era muy pequeña

El padre de Emily, de origen irlandés, estudió filosofía y letras en la Universidad de Cambridge y fue maestro de escuela antes de ser clérigo anglicano. En 1820, le nombraron rector de la localidad de Haworth. Allí, los Brontë vivieron en la casa parroquial, Parsonage, situada junto al cementerio y próxima al siempre inquietante páramo, donde no había árboles ni flores y siempre soplaba el viento. 


Un año más tarde, recién instalados en su nuevo hogar, su esposa murió de cáncer a los 38 años, dejando a Patrick a cargo de sus seis vástagos. El reverendo siempre fue un hombre muy estricto y austero que, una vez, llegó a arrojar al fuego unas botas de colores que le ha­bían regalado a sus hijos porque eran demasiado alegres. Además, les obligaba a seguir una dieta a base de patatas con la intención de forjar su carácter. A pesar de esta personalidad tan inflexible, fue una influencia positiva en la vida de Emily y sus hermanos porque los trataba como adultos, conversaba con ellos de temas de actualidad y les recomendaba libros –desde la Biblia, hasta obras de Shakespeare, Lord Byron, Homero o Sir Walter Scott– y artículos de periódico. Eso hizo que las hermanas Brontë quisieran saber de todo y manifestaran sus opiniones en voz alta, algo que en el siglo XIX no estaba bien visto en una mujer. 


En 1824, Emily Brontë ingresó en el colegio Cowan Bridge, un internado para las hijas de los clérigos, donde también estaban sus hermanas, Mary y Elizabeth. Sólo pasó allí seis meses, de noviembre de 1824 a junio del año siguiente. No sólo experimentó la dureza de los métodos de enseñanza de las profesoras, sino también la enfermedad y posterior muerte de Mary, de 11 años, y Elizabeth, de 10, por tuberculosis. Aquello provocó su salida del internado. De vuelta a casa, fue instruida por su padre mientras su tía materna, Elizabeth, se ocupaba de ella y de sus hermanos como si fuera su nueva madre. En 1826 ocurrió algo fundamental para que empezara a escribir: su padre le regaló a su hermano una caja de soldaditos de madera. Eso hizo que los hermanos inventaran historias sobre las figuritas, que escribían en diminutos trozos de papel y les llevó a crear un mundo imaginario, que bautizaron con el nombre de Angria. Fue el primer contacto de Emily con la escritura, que ya no abandonaría.  


En una época en que la mujer sólo podía aspirar ser ama de casa, institutriz, ama de llaves o maestra, ella optó por lo último y, desde el 29 julio de 1835 hasta octubre del mismo año, enseñó en la escuela de la señorita Wooler, en Roe Head, pero echaba de menos su hogar y decidió regresar. Más adelante, en 1838, probó suerte como institutriz en Halifax, pero, también añorada, lo dejó.  


Una joven intolerante, meticulosa y maniática

Emily fue la más apasionada de las hermanas. Era muy sensible y enfermaba cuando se alejaba de su hogar y tenía que relacionarse con desconocidos. La escritora Elizabeth Gaskell explica que, si bien era muy trabajadora y responsable, también era «una joven intolerante, exageradamente meticulosa y maniática, con problemas para relacionarse con la gente», hasta el punto de que no tenía amigas y prefería estar sola o con sus hermanas. Un episodio de su vida que refleja en gran medida su carácter poco afable y algo huraño se produjo cuando dejó a un perro de la familia «medio ciego y aturdido», según Gaskell, tras pegarle un puñetazo por haber ensuciado la ropa. Hay estudiosos de su obra que apuntan la posibilidad de que sufriera el síndrome de Asperger, lo que explicaría que en su familia todos, especialmente Charlotte y Anne, se empeñaran en protegerla e impedir que se sobresaltase para evitar episodios tan violentos. 


Publicaron con seudónimos masculinos

Pensando en la necesidad de encontrar un trabajo, ya que las rentas de la familia fueron a parar a la educación del hermano varón y no había suficiente dinero, Charlotte tuvo una idea: crear una escuela para chicas en Haworth y poder mantener a toda la familia unida y en su casa. Con esto en mente, Emily y sus dos hermanas se fueron a Bruselas, en 1842, para perfeccionar su dominio del francés y el alemán y aprender a dirigir un centro en la escuela del profesor Constantin Héger. Para costear su estancia, ella daba clases de música e inglés. Fue una época difícil por las duras condiciones laborales que tenían que soportar. «Mi trabajo dura de 6 de la mañana a 11 de la noche», diría Emily. Pero aquella estancia en Bruselas no duró demasiado, ya que se vio interrumpida por la muerte de su tía Elizabeth y su obligado regreso a Haworth en 1845. De regreso, además, las hermanas tuvieron que renunciar a su sueño de fundar su escuela porque el estado de su hermano, Branwell, era preocupante, ya que cada vez consumía más alcohol y opio. Por otro lado, las reformas necesarias para convertir Parsonage en un internado femenino eran demasiado costosas. 


Emily no había dejado de escribir, sobre todo poemas, desde que habían inventado el mundo ficticio e infantil de Angria. Un día, Charlotte descubrió unos versos suyos. Le gustaron y le propuso publicar un poemario con sus propios poemas y los de Anne. Emily aceptó, pero con la condición de firmar con pseudónimo masculino para intentar tener más éxito. Así, en 1846, nacieron Currer, Ellis y Acton Bell, tres supuestos escritores –cuyas iniciales son las de las hermanas– que eran los «alter ego» de las Brontë. 


Les costó unos 50 euros imprimirlo y se vendieron menos de 10 copias, pero recibió buenas críticas. Charlotte se animó y lanzó una segunda propuesta más atrevida a sus hermanas: escribir, cada una, una novela. El resultado fueron tres joyas de la historia de la literatura: «Jane Eyre», de Charlotte; «Agnes Grey», de Anne, y, por último, «Cumbres borrascosas», de Emily Brontë

 

Carátula de la película "Cumbres borrascosas"

Cartel del filme «Cumbres borrascosas» (1939).


Una obra inspirada en un amor adolescente

El público no acogió bien «Cumbres borrascosas». Se la criticó como «una obra demasiado salvaje, confusa e inconexa» porque es una novela llena de pasión, que se atrevió a tratar temas tabú, como el maltrato a la mujer, el alcoholismo o la independencia y la capacidad de decisión que tiene el género femenino. En definitiva, en la historia de Heathcliff y Catherine, inspirada probablemente y como dice la periodista Ángeles Caso, por el amor de adolescencia de la escritora por Robert Clayton, un muchacho pobre y asilvestrado con el que jugaba en los páramos de Haworth. Emily reveló una verdad que no le gustó a la moral victoriana de su época: que los hombres y las mujeres son capaces de amar con idéntica pasión. Es decir, son iguales. 
Pese al frío recibimiento de la obra, con los años se convirtió en un clásico de la literatura inglesa y, en 1939, fue llevado a la gran pantalla con Laurence Olivier, Merle Oberon y David Niven como protagonistas. En 1992, volvió a las pantalla grande con Juliette Binoche y Ralph Fiennes.


Al año siguiente de publicarse, la tragedia golpeó a Emily con fuerza. En septiembre, devorado por sus adicciones, su hermano Branwell murió a los 31 años, a pesar de la devoción con la que ella le cuidó en sus últimos meses de vida. Sumida en una depresión y muy debilitada por una tuberculosis, la escritora murió poco después, el 19 de diciembre. Tenía 30 años. 

 


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