George H. W. Bush

Presidente del final de la Guerra Fría

Fue vicepresidente de Ronald Reagan y el 41º presidente de EEUU. Padre de otro presidente estadounidense, dirigió la primera Guerra del Golfo

 

George H. W. Bush

 

George Herbert Walker Bush nació el 12 de junio de 1924 en Milton, Massachusetts (EEUU). Sus padres eran Dorothy Walker y Prescott Shelton Bush, banquero, senador republicano e hijo de un magnate de la siderurgia. Criados en la opulencia, los cinco hermanos Bush (cuatro varones y una niña) se educaron en colegios de élite, a los que llegaban en coche con chófer. En la escuela, destacó como jugador de rugby, béisbol y tenis, pero no como estudiante. En 1942, tras entrar su país en la Segunda Guerra Mundial, se alistó en el Ejército. Un año después, completado su entrenamiento, se convirtió en el piloto más joven de su país. A finales de 1944 su avión fue derribado cuando bombardeaba objetivos japoneses en el Pacífico. Volvió a casa con una medalla y el grado de subteniente.  


Una de sus seis hijos murió de leucemia

De vuelta a EEUU, se casó con su novia de toda la vida, Barbara Pierce, hija de un editor de revistas, y, al poco, se matriculó en la Universidad de Yale para cursar Economía. Allí, mientras él se ganaba fama de carismático, nació su primer hijo, George. Después, vendrían al mundo John, Neil, Marvin, Dorothy y Robin. Ésta falleció de leucemia con 3 años, en el que fue uno de los peores golpes de su vida.


A principios de los 50, acabados sus estudios, rechazó la oferta de su padre para integrarse en una empresa del holding paterno. Con su mujer y su hijo se instaló en el estado de Texas, donde creó su propia empresa de prospección petrolera, la Bush-Overby Company, que en 1953 pasaría a llamarse Zapata Petroleum Corporation (1953), y, cinco años después, daría lugar a la Zapata Offshores Company (1958), con sede central en Houston. 


En 1963, ya convertido en millonario gracias al petróleo, entró en el mundo de la política activa en las filas del Partido Republicano. Tres años después, consiguió un escaño en la Cámara de Representantes en Washington, que revalidó en un segundo mandato. Pero en 1970, perdió su puesto como senador republicano por Houston. Lejos de ser castigado por aquel tropiezo, el presidente Richard Nixon le premió de una forma muy inusual: a pesar de su total inexperiencia diplomática y su total falta de información en asuntos internacionales, le nombró embajador ante las Naciones Unidas entre 1971 y 1973. 


De vuelta a Washington, fue elegido presidente del Comité Nacional Republicano, puesto desde el que tuvo que hacer frente al escándalo del Watergate. Apoyó a Nixon hasta el momento en que la Corte Suprema ordenó a éste que entregara las cintas de las escuchas ilegales. Entonces, le pidió a su mentor una carta de renuncia para salvar al partido. George Bush se planteó entonces ser vicepresidente con Gerald Ford, pero fue relegado a favor de Nelson Rockefeller. Ford le nombró sucesivamente director de la Oficina de Enlace con el Gobierno Chino y, después, le encomendó la dirección y renovación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). 


Vicepresidente del actor Ronald Reagan

En 1980, tras cuatro años de interregno demócrata con Jimmy Carter, volvió a intentar la carrera a la Casa Blanca, presentándose a las elecciones presidenciales con un programa de centro. Sin embargo, fue derrotado en las primarias republicanas por un candidato mucho más conservador y carismático, Ronald Reagan, quien lo eligió como vicepresidente. Bush fue el fiel escudero de la política ultraliberal del exactor de Hollywood, posibilitando la delirante política internacional de Reagan, que incluía el despliegue de los misiles Persing en Europa y la «guerra de las galaxias».


Su absoluta lealtad política se vio recompensada cuando Reagan, en 1988, le avaló para ser el nuevo candidato presidencial republicano. Prometió entonces trabajar por «una nación más amable», pero no dudó en hacer campaña explotando los trapos sucios de su rival (el demócrata Michael Dukakis), al tiempo que intentaba borrar la imagen de privilegiado que sus rivales daban de él. 
El 20 de enero de 1989, George H. W. Bush hizo realidad su sueño: se convirtió en el 41º presidente de los Estados Unidos, sin saber que su mandato se vería ensombrecido por la popularidad de que había gozado Reagan. Meses después de llegar al despacho Oval, ordenó la invasión relámpago de Panamá para acabar con Manuel Noriega, antiguo aliado de la CIA al que la justicia norteamericana acusaba de narcotraficante y espía de Fidel Castro. Si, en Panamá, la intervención fue rápida y contundente, también lo sería la que emprendió, en 1991, contra otro antiguo «amigo» de EEUU, Sadam Hussein, después de que el dictador iraquí invadiera Kuwait. Para frenar a Sadam, Bush organizó y lideró una coalición internacional que contó con el apoyo de la ONU. El presidente también certificó, junto con el dirigente soviético Mijail Gorbachov, el final de la Guerra Fría y de la carrera armamentística entre EEUU y la URSS. 

 

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Con su hijo primogénito, George Jr., que, como él, también fue presidente de Estados Unidos.


Promesa incumplida

Pero, sus éxitos en política exterior no fueron suficientes para hacer posible que volviera a ganar las elecciones presidenciales del año siguiente. Los votantes estadounidenses no le perdonaron que traicionara su promesa electoral de no subir los impuestos. Ser derrotado por el demócrata Bill Clinton fue un amargo trago personal para Bush, que decidió retirarse de la vida pública, aunque, más adelante, dedicó mucha de su energía a las causas benéficas a través de su organización «Mil puntos de luz». Gran aficionado a la pesca y la caza, en 1995 se dio de baja como miembro de la Asociación Nacional del Rifle por desacuerdos con el extremismo de su nuevo liderazgo. Vitalista extremo, celebró su 80º aniversario saltando en paracaídas y vio, con placer, cómo dos de sus hijos siguieron sus pasos: George llegó a ser el 43º presidente y Jeb fue dos veces gobernador de Florida, aunque no tuvo suerte en la carrera presidencial.


Sully, el perro que fue su último compañero

Condecorado por Obama en el 2011 por sus labores filantrópicas, pasó los últimos años de su vida en silla de ruedas debido al Parkinson que sufría. Tras la muerte de su esposa, en abril de este año, se le asignó un perro labrador entrenado por el Ejército, Sully, para que lo acompañase en todo momento. Bush falleció, a los 94 años, el 30 de noviembre de 2018 en su casa de Houston. Por la capilla ardiente, instalada en la rotonda del Capitolio, desfilaron miles de estadounidenses y a su funeral, celebrado en la catedral Nacional de Washington, asistió el presidente Donald Trump, y su esposa, Melania. Pese a las malas relaciones que siempre existieron entre Trump y los Bush (al parecer el patriarca de este clan político votó por Hillary Clinton), George quiso que su última despedida tuviera el más alto rango. Descansa en el cementerio de College Station (Texas), al lado de su esposa y su hija.


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