Guillermo del Toro

Ganador del Oscar a la mejor dirección y película

«La forma del agua» le ha convertido en el tercer mexicano –tras A. Cuarón y A. González Iñárritu– que gana un Oscar al mejor director. También se ha llevado la estatuilla a la mejor película. Hollywood ha reconocido, así, su particular cine de autor, plagado de deliciosos e increíbles monstruos.

Guillermo del Toro Gómez llegó al mundo el 9 de octubre de 1964 en Guadalajara, capital del estado mexicano de Jalisco. Nacido en una estricta familia católica de clase media, con antepasados procedentes de Alemania e Irlanda, siempre se llevó bien con sus padres, Federico y Guadalupe, un empresario y una mujer aficionada a la quiromancia, que, sin embargo, estuvieron muy ausentes durante su infancia. Criado en casa de su abuela, Guillermo estudió en una escuela de jesuitas donde la enseñanza se basaba en «la letra con sangre entra». «Cada profesor tenía una vara de madera y te podía dar en los nudillos, en las palmas o directamente en el culo. Había personajes sádicos, totalmente buñuelescos en esa escuela. No era mixta, sino sólo para niños y había mucha violencia. Vi niños apuñalarse con compases, darse en la cabeza con una madera con un clavo o romperse, literalmente, los dientes», explicó en una entrevista este hombre que recuerda haber visto su primer cadáver a los 4 años. Durante su infancia, Guillermo vivió aterrorizado por la posibilidad de que a sus padres se les ocurriera enviarle a un internado. No llegó a suceder, probablemente porque era buen estudiante, especialmente en Historia y Literatura. «Fui un niño muy extraño», explica de sí mismo este hombretón rubicundo y sonriente, que se recuerda de muy pequeño devorando la información de las enciclopedias que había en su casa y coleccionando insectos. 


Literatura, pintura y la magia de los cómics 

Lector voraz, disfrutaba con los libros de Mark Twain y H. P. Lovecraft y se enamoró de los lienzos de Leonardo da Vinci o Francisco de Goya, pero lo que de verdad le volvía loco era el mundo épico, fabuloso y fantástico que proponían los cómics. Admirador del ilustrador del género de terror Richard Corben, a muy corta edad ya poseía una nutrida colección de cómics, muchos de «anime», género japonés muy poco conocido entonces. Siendo muy pequeño descubrió la magia del cine y tanto le fascinaban las películas que, con apenas 8 años, empezó a experimentar con la cámara de Super 8 que tenía su padre. 
Tras acabar la secundaria, Guillermo estudió en el Centro de Investigación y Estudios Cinematográficos. Fan de películas como «Carrie», de Brian de Palma, o «La niebla», de John Carpenter, su primer trabajo estudiantil fue «Pesadilla», un corto rodado en plano-secuencia basado en una mano pegajosa que salía de un excusado. Tanto que, un año después, tuvo una segunda parte. Para entonces, Guillermo era un adolescente de 17 años cuya habitación estaba decorada con pósteres de aliens, personajes de ficción, monstruos y todo tipo de calcomanías fluorescentes.  

 

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Guillermo del Toro dándoles instrucciones a Sally Hawkins (derecha) y Octavia Spencer durante el rodaje de «La forma del agua».


Su madre, protagonista de uno de sus cortos

Al mismo tiempo, Del Toro experimentaba en él mismo con maquillajes de fantasía y formó su propia compañía: Necropia. En el colectivo Cine Crítica, que reunía a un grupo de profesores, estudiantes y amigos apasionados del cine, hizo «Matilde», cortometraje rodado en casa de su abuela y protagonizado por su madre, que encarnaba a una mujer en silla de ruedas que vivía sola y pasaba el tiempo tejiendo. De repente, aparecía una grieta en la pared, que iba creciendo, ella metía la aguja de tejer y… Entusiasta colaboradora, su madre volvió a aparecer en otra de sus cintas, «Geometría», rodada en 1987, donde también actuó su padre. «En los cortos que hacía entonces –ha asegurado Anne María Meier, crítica de cine suiza que conoció a Del Toro en un taller de guión cuando el cineasta mexicano tenía 16 años– ya se veía su imaginación, su lado fantástico de interpretar la realidad».
En 1986, Guillermo contrajo matrimonio con Lorenza Newton, la joven que había conquistado su corazón cuando ambos estudiaban bachillerato en el Instituto de Ciencias. Con esta directora de arte y veterinaria ha sido padre dos niñas: Marina, de 22 años, y Marisa, de 16. Ahora se ha sabido que se separaron en febrero del 2017 y se divorciaron pocos meses después.  
Tras su boda, Del Toro empezó a trabajar en «Hora marcada», una serie de televisión mexicana en la que dirigió varios capítulos. Pero sería en la Muestra de Cine Mexicano en Guadalajara, en la que colaboraba haciendo todo tipo de labores (desde chófer a transportista de las cintas que participaban en el certamen) donde estrenó su ópera prima, titulada «Cronos». Escrita y dirigida por él en 1993 y protagonizada por el argentino Federico Luppi, se trataba de una particularísima vuelta de tuerca al mito del vampiro. Palabra que, de forma deliberada, no se mencionaba en todo el film. Ganadora de ocho premios Ariel, los más importantes del cine mexicano, también triunfó en Cannes. 


Su padre estuvo 72 días secuestrado

Cuando empezaba a despegar la carrera de Del Toro, que atesora una enorme cantidad de cuadernos en los que anota ideas, dibuja y reflexiona, el director vivió uno de los episodios más dramáticos de su vida. En 1997, cuando estaba trabajando «Mimic», le comunicaron que su padre había sido secuestrado en Guadalajara y pedían un millón de dólares de rescate. Guillermo no podía encarar semejante pago. La situación fue dramática hasta que intervino James Cameron. Cuando el director de «Titanic» y «Avatar» supo lo que pasaba, puso el dinero a su disposición. Así, 72 días después, Federico del Toro fue liberado, sano y salvo. Desde entonces, Cameron es como un hermano para Guillermo, que jamás ha vuelto a vivir en México: él y su familia residen allí donde esté rodando. 
Protagonizada por Mira Sorvino y producida por el ahora defenestrado Harvey Weinstein, «Mimic» le llevó a Hollywood, pero, por interferencias del estudio, acabó perdiendo el control del guión. El batacazo le permitió aprender que, pese a todas las cortapisas y censuras, siempre tendría poder sobre el elemento visual de una película. Un aprendizaje que se reflejaría en su siguiente trabajo, «Hellboy», filme basado en los cómics de Mike Mignola y que tendría una secuela en el 2008. Antes de eso, el director mexicano rodó en España «El espinazo del diablo» (2001) y «El laberinto del fauno»(2006). 


Tres Oscar menores por «El laberinto del fauno» 

Esta historia de una niña de la posguerra española, Ofelia, que se va a vivir con su madre a un pueblo, fue un éxito de taquilla, la crítica la cubrió de alabanzas y tuvo 97 premios internacionales, entre ellos tres Oscar de categorías técnicas. El siguiente proyecto, «El hobbit», Del Toro lo empezó como director, pero acabó de guionista. Tampoco llegó a buen puerto «En las montañas de la locura», truncada aproximación al mundo de Lovecraft con Tom Cruise como protagonista. Pese a esos fracasos, este hombre que se compró Bleak House, una casa de aspecto gótico en Los Ángeles para guardar miles de objetos de todo tipo, jamás renunció a su estilo. Tras dirigir «Pacific Rim» (2013) y «Crimson Peak» (2015), su bellísima y singular «La forma del agua», historia de hadas moderna sazonada con el terror de los cuentos clásicos, le ha llevado a ganar dos Oscar. Y, esta vez, de los importantes.