Herman Melville

Autor de «Moby Dick»

Se ha cumplido el bicentenario del nacimiento de uno de los escritores que revolucionó la narrativa norteamericana, aunque «Moby Dick», su obra maestra, no tuvo éxito hasta 30 años después de su muerte.

 

Herman Melville

 

Herman Melville nació el 1 de agosto de 1819 en la ciudad de Nueva York (EEUU). Fue el tercero de los ocho hijos que tuvieron Allan Melville, un hombre rico y culto que había estudiado en Francia y viajado por Europa, y Maria Gansevoort, una mujer refinada, con estudios y muy piadosa. Su familia paterna estaba lejanamente emparentada con la aristocracia inglesa, mientras que la materna provenía de los primeros pobladores neerlandeses de la isla de Manhattan.

 

Creció, feliz, en una casa con lujos y sirvientes

Herman y sus hermanos –Gansevoort, Helen, Augusta, Allan, Catherine, Frances Priscilla y Thomas– llevaron una vida acomodada en una casa que disponía de todos los lujos y varios sirvientes, pero esa feliz existencia, criados por unos padres cálidos y amorosos, no duraría mucho, cambiándole por completo la existencia al futuro escritor, al que, de niño, le gustaba leer, dibujar y practicar artes marciales. Allan, el padre, tuvo que cerrar en 1830 la tienda de productos franceses de importación que regentaba en Nueva York, y se trasladó ese año con su familia a Albany, donde entró en el negocio de las pieles.

 

Pero, las cosas no le fueron mucho mejor, probablemente debido a su inestabilidad emocional, y muy pronto se vio al borde de la quiebra. Hundido anímicamente y sin saber cómo remontar la ruina económica en la que había caído, el hombre murió el 28 de enero de 1832, dos meses antes de cumplir los 50 años. Oficialmente, la muerte se achacó a la pulmonía que había contraído durante un viaje de dos días en un carruaje abierto a dos grados bajo cero, pero otras fuentes apuntan a que se trató de un suicidio encubierto. En cualquier caso, Allan Melville dejó como única herencia un cúmulo de cuantiosas deudas a bancos y familiares.

 

Herman, que tenía 14 años cuando se quedó huérfano, no tuvo más elección que abandonar los estudios para ayudar a su madre y a su hermano mayor a sacar la familia adelante. Trabajó en un banco, un almacén y una granja, pero a los 17 años, viendo que sus posibilidades de prosperar no eran muchas, se embarcó como grumete en un navío que hacía la travesía entre Nueva York y Liverpool (Inglaterra). «La necesidad de hacer algo por mí mismo, unida a una natural disposición para el vagabundeo, conspiraron dentro de mí para lanzarme al mar como marinero», escribiría años más tarde.

 

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Allan Melville, padre del escritor, que murió cuando éste tenía 14 años.

 

Tres balleneros y una tribu de caníbales

No le gustó demasiado y, de regreso a Nueva York, se matriculó para estudiar Topografía, al tiempo que se empleó como maestro de escuela, pero aquella experiencia no le resultó nada gratificante. Así, visitó a un tío suyo que vivía en Illinois, intentando buscar oportunidades en aquel estado, pero tampoco le funcionó. De nuevo en Nueva York y sin encontrar ninguna ocupación que le permitiera vivir y fuera mínimamente agradable, volvió a optar por embarcarse.


 En 1841, zarpó de New Bedford en el ballenero «Acushnet», que, según manifestaría años después, fue para él «mi Yale y mi Harvard». Salieron desde Fairhaven (Massachusetts) hacia el Pacífico, vía cabo de Hornos, pero sus modales cultivados y su buena educación chocaron enseguida con las zafias maneras de los otros marineros. Tras una larga travesía, el barco ancló en una de las islas Marquesas, en los Mares del Sur, donde –con otro compañero– Melville desertó del barco. Vivió durante cuatro meses con los taipi, una tribu de caníbales que le acogieron amistosamente.

 

Después, embarcó de nuevo, esta vez en un ballenero australiano, el «Lucy Ann», que le llevaría hasta Tahití y donde las cosas no fueron mucho mejor para él. Tras participar en un motín, acabó en la isla de Moorea, plantando patatas a cambio de un pequeño jornal. Una ocupación que no aguantó mucho tiempo y que le hizo regresar, por tercera vez, al mar. Esta vez se enroló en el «Charles and Henry», otro ballenero de Nantucket, con el que desembarcaría en Hawai en abril de 1843.

 

Meses después se enroló como marinero en la fragata «United States» con la que desembarcó en Boston el 14 de octubre de 1844, yéndose después a vivir con su familia en Lansingburg. Seducidos por las aventuras que explicaba, sus familiares y amigos le animaron a escribir. Así nació su primer libro, «Taipi», donde relataba su periplo de navegante. Temática que repetiría en sus dos siguientes novelas: «Omoo» (1947) y «Mardi» (1949). El fracaso de este último, una mezcla de ficción y conocimiento enciclopédico, le obligó a cambiar el rumbo de su trabajo para hacer frente a sus responsabilidades familiares, ya que el 4 de agosto de 1847 se había casado con Elizabeth Shaw, hija de un juez de Massachusetts. Tuvieron cuatro hijos: Malcolm, Stanwix, Bessie y Frances.

 

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Elizabeth Shaw Melville, esposa del escritor.

 

«Moby Dick», la historia de una obsesión

Lo consiguió con sus siguientes trabajos: «Redburn» (1849), que contiene numerosos elementos autobiográficos, y «Casaca Blanca» (1847), sobre sus viajes de juventud. Ambos volvieron a hacer las delicias de los lectores. En el otoño de 1850, Melville compró Arowhead, una granja en Pittsfield. Allí se hizo muy amigo de Nathaniel Hawthorne, aclamado escritor de «La letra escarlata». Entablaron una relación de amistad tan estrecha que Melville le dedicó «Moby Dick», en cuya redacción empleó dos años de su vida de forma casi obsesiva. Publicada en 1851, es la historia del capitán Ahab en su desesperada y obsesiva persecución de la ballena blanca que le había arrancado una pierna, narrada en la persona de Ismael, un joven e inexperto marinero que se embarca en el «Pequob», ballenero comandado por Ahab. Novela cargada de simbolismo y de reflexiones sobre el bien y el mal, la existencia de Dios y el lugar de cada uno en el universo, cuenta con detalladas descripciones de la vida en el mar y está redactada con un estilo cautivador. La frase inicial de la obra («Call me Ishmael») es una de las más conocidas de las letras inglesas. Al igual que otras piezas maestras de la literatura, casi nadie entendió entonces el profundo significado de la que ahora está considerada como obra cumbre de la narrativa estadounidense.

 

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Herman Melville con Nathaniel Hawthorne, novelista con el que entabló una gran amistad.

 

Un fracaso literario y el suicidio de su hijo 

 La novela fue un completo fracaso. Ni siquiera se llegaron a vender los 3.000 ejemplares de la primera y única edición. Aunque algunos de sus libros posteriores –«Benito Cereno» o «Bartleby, el escribiente», entre otros– volvieron a tener buena acogida, Melville nunca se recuperó de aquel golpe, al que se sumó, en septiembre de 1867, el mazazo del suicidio de su primogénito, Malcolm. Para entonces, llevaba un año trabajando como inspector de aduanas de Nueva York, un trabajo que le había ayudado a estabilizarse y a superar sus problemas con el alcohol. La muerte en 1886 de su otro hijo varón, Stanwix, de tuberculosis, le sumió en una gran depresión. 
El 28 de septiembre de 1891 Melville murió, a los 72 años, por una dolencia cardíaca. Olvidado por la crítica y el público, su obra empezó a recuperarse durante la segunda década del siglo XX, hasta ser reconocido como uno de los grandes nombres de la literatura universal. «Moby Dick» y algunas de sus obras han sido adaptadas a televisión, cine y teatro. Entre ellas destaca la película «Moby Dick», dirigida por John Huston y protagonizada por Gregory Peck. 

 

 

 


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