Judy Garland

Leyenda trágica de la música y el cine

El estreno de «Judy», con la actuación de Oscar de Renée Zellweger en el papel de la que fue una de las grandes estrellas de Hollywood, repasa los últimos años de vida de esta artista de voz sublime, que fue víctima de abusos, adicciones y traumas.

 

Judy Garland

 

Frances Ethel Gumm nació el 10 de junio de 1922, en Grand Rapids (Minnesota, EEUU). Sus padres, Frank Gumm y Ethel Milne, se dedicaban al teatro musical, y ella debutó a los 2 años con sus dos hermanas mayores, Mary Jane y Dorothy, con las que formó el trío The Gumm Sisters. En 1929, Frances hizo su primer corto, «The Big Revue», y, pocos años después, adoptó el nombre artístico de Judy Garland. 


Con 13 años, la contrató la Metro Goldwyn-Mayer. Al jefe de esos estudios, Louis B. Mayer, no le importaba que su aspecto no se ajustase a los cánones de belleza de la época –la llamaba «mi jorobadita»–, ya que estaba seducido por su voz prodigiosa. Actuó emparejada con el también jovencísimo Mickey Rooney, con el que rodó nueve filmes, entre ellos «Los hijos de la farándula» y «Chicos de Broadway» y se convirtieron en una de las parejas más exitosas de la historia del cine. Pero tras ese aparente éxito, la joven vivió una auténtica tortura. Para soportar el ritmo al que la sometía la Metro (18 horas diarias de rodaje, seis días a la semana), tomaba anfetaminas para trabajar y barbitúricos para dormir. Y, para no engordar, la obligaban a dietas muy restrictivas y a fumar para quitarle el apetito. Aquel cóctel, sumado a su inseguridad, su mala relación con su madre y sus complejos, la destrozaría: la hizo adicta a las drogas y al alcohol y marcó sus relaciones y su vida. 


Un Oscar por su trabajo en «El mago de Oz»    

La película que la lanzó al estrellato fue «El mago de Oz», donde interpretó «Over the Rainbow», que es la canción más versionada de la historia. Durante el rodaje, la obligaron a consumir más fármacos que nunca y a llevar un corsé que le apretaba brutalmente el pecho, ya que el personaje, Dorothy, tenía 12 años y ella había cumplido los 16. En contrapartida, «El mago de Oz» le valió ganar el Oscar a mejor actriz.  


En la década de los 40, su carrera siguió con películas como «Desfile de Pascua», que hizo con Fred Astaire; «Las chicas de Ziegfeld», coprotagonizada con James Stewart y Hedy Lamarr, o «El pirata», donde coincidió con Gene Kelly. En lo personal, las cosas no le iban tan bien. A los 18 años, era una joven muy insegura, que buscaba desesperadamente el amor. En 1939 empezó a salir con el músico Artie Shaw, 12 años mayor que ella, pero el romance duró tres meses y dejó a la actriz con la autoestima por los suelos, ya que Artie la abandonó por Lana Turner. 


Poco después, conoció al compositor David Rose, de 31 años, con quien se casó en 1941, aunque su controladora madre y su «jefe», Louis B. Mayer, se oponían. La unión duró poco, y la pareja se divorció en 1944, después de que su esposo, su propia madre y la Metro la obligaran a abortar. Ese mismo año, mientras rodaba «Cita en San Luis», se enamoró de su director, Vincent Minnelli. Se dieron el «sí, quiero» el 15 de junio de 1945 y, nueve meses después, tuvo a su primera hija, Liza, que heredaría su talento y también sus adicciones. Trabajó con su marido en más películas, aunque con muchos problemas porque las adiciones de la actriz aumentaban. En 1947, a los 25 años, sufrió una crisis nerviosa y tuvo que ser internada en un psiquiátrico, donde la trataron con «electroshocks» e intentó suicidarse cortándose las venas. 

 

judy harland Mickey Rooney

Judy Garland con Mickey Rooney en «Chicos de Broadway», una de las nueve películas que rodaron juntos.


Despedida tras su segundo intento de suicidio

Tras recibir el alta, Garland fue incapaz de retomar sus compromisos profesionales. Los rodajes eran un infierno con ella y, en 1950, cuando se recuperaba de su segundo intento de suicidio, la Metro la despidió. «Lo único que veía delante de mí era confusión», diría años después la actriz. 


En 1951 el matrimonio con Minnelli llegó a su fin. En parte por sus graves problemas de depresión, adicciones y ansiedad, pero también por la doble vida que llevaba su esposo, quien ocultaba con matrimonios su homosexualidad. 


A principio de los 50, Judy desapareció del cine porque Hollywood no se fiaba de ella, pero, gracias a su tercer marido, Sidney Luft, productor y  representante, consiguió volver. La pareja se casó en 1952 y tuvo dos hijos: Lorna, nacida el mismo año y que también tendría problemas de adicciones, y Joseph (1955). 


Antes, y como ya le ocurrió con su primer esposo, Judy se había sometido a otro aborto en contra de su voluntad, que la dejó muy tocada. En esos años, los productores de Hollywood decidían sobre el cuerpo de las mujeres que trabajaban para ellos y los abortos estaban a la orden del día para mantener la figura de actrices como Bette Davis y Joan Crawford, que pasaron por esa misma experiencia. 


A pesar de este golpe y de los excesos de Judy, Sidney supo reconducirla. Le organizó  una gira por el Reino Unido, que fue un éxito; un espectáculo en Broadway, que le valió un Premio Tony, y, en 1961, una actuación en el Carnegie Hall de Nueva York que, tras editarse en disco, fue número uno de las listas durante 13 semanas y ganó un Grammy. Esos éxitos marcaron el regreso de Judy al cine, por todo lo alto, en 1954, con «Ha nacido una estrella», que le supuso una nominación al Oscar. Pero todo eso no duró mucho. 
El productor y Judy se separaron en 1963 y la actriz sólo rodaría tres películas más antes de morir: una de Cantinflas, «Pepe», donde hacía un pequeño cameo; «Vencedores o vencidos», por la que volvieron a nominarla al Oscar y «Podría seguir cantando», un drama musical coprotagonizado con Dirk Bogarde.


Su último marido era el que le pasaba la droga

Mientras su carrera –que también llegó a TV con «El show de Judy Garland»– se iba apagando, su vida personal seguía dominada por la inestabilidad y la angustia que le provocaba la batalla legal que mantenía con Sidney por la custodia de sus hijos. 


Su búsqueda del amor, o de protección, continuó, y en 1964 se casó por cuarta vez, con el actor Mark Herron. Pero esa relación tampoco tenía futuro: primero, porque él, como Minnelli, era gay, y segundo, porque a los seis meses, Judy le acusó de maltrato. 
No fue su último matrimonio: en 1969 se casó en Londres con Mickey Deans, quien le conseguía las drogas que necesitaba. «Por fin, alguien me quiere de verdad», dijo tras anunciar aquel enlace. 


Profesionalmente, Garland vivió sus últimos años (los que narra la película «Judy», protagonizada por Renée Zellweger), en el ostracismo. Tampoco es extraño. En 1967, iba a volver a Hollywood para rodar «El valle de las muñecas», pero no se presentó a los ensayos, por lo que fue sustituida por Susan Hayward. Sí estuvo  activa hasta el final en la música, aunque dando muestras de una gran decadencia desde 1967, cuando ofreció su último gran concierto, en Boston, ante 100.000 personas. En 1968, las cosas le iban tan mal que cantaba en un pequeño bar de Manhattan y, en 1969, con serios problemas de salud, actuó en el club nocturno de Londres Talk of the Town. Allí llegaba cada día ebria, y en una ocasión fue incapaz de acabar «Over the Rainbow».  


Su vida en Londres duró poco. El 22 de junio de 1969, la legendaria estrella fue hallada muerta por su quinto esposo en el baño de su piso en el barrio de Belgravia. Oficialmente, fue una muerte accidental por sobredosis de pastillas. Tenía 47 años. Paradójicamente para alguien que siempre se había sentido sola, a su funeral, en Nueva York, asistieron 20.000 personas. 

 


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