Margarita Xirgu

Actriz de teatro catalana de talla universal

Genial intérprete que revolucionó el universo escénico con sus interpretaciones. Republicana, culta y de izquierdas, pasó en el exilio la segunda mitad de su vida.

 

Margarita Xirgu

 

Margarita Xirgu i Subirà nació en Molins de Rei (Barcelona) el 18 de julio de 1888. Fue hija de Pere Xirgu, un cerrajero que trabajaba como montador de máquinas, y su mujer, Pepeta Subirà, ama de casa. Gracias a su padre, que sabía leer en una época en la que esto no era usual, y que era un gran aficionado al teatro, descubrió la lectura y la pasión por las artes escénicas. A los 8 años, cuando su familia se instaló en Barcelona tras unos años viviendo en Girona, se ganó sus primeros aplausos leyendo un manifiesto sindical ante un grupo de obreros.  


Forjada en el teatro aficionado de los ateneos

Tras una infancia llena de penurias económicas, empezó a trabajar a los 12 años en un taller de pasamanería. Combinaba el trabajo con los ensayos en el grupo de teatro del Ateneo Obrero al que pertenecía su padre, donde debutó con la obra de Josep Feliu i Codina, «Lo nuvi». En esa época, los cuadros escénicos aficionados representaban una obra distinta cada domingo, por lo que los actores ensayaban a diario, tras sus larguísimas y agotadoras jornadas laborales. Aquello le permitió adquirir una gran experiencia interpretativa –representaban desde dramas a vodeviles– y conocer a todos los autores catalanes. Apasionada, intuitiva y trabajadora, Xirgu debutó profesionalmente en 1906 (con un sueldo de 8 pesetas) en el Teatro Romea de Barcelona con «Mar i Cel», de Àngel Guimerà, un año después de que le diagnosticaran una tuberculosis. Crítica y público acogieron con entusiasmo a aquella actriz inteligente y talentosa, de espléndida figura y perfecta dicción, que transmitía todo tipo de emoción con sus ojos, rostro y movimiento. 


Un año después, sufrió un terrible revés: su padre murió de un infarto y ella se hizo cargo de su madre y su hermano pequeño, Miquel, que, con los años, trabajaría con ella, diseñando los decorados y vestuario de sus obras. Los apuros económicos la obligaron a buscar teatros que le ofrecieran mejores condiciones económicas, pero el dinero nunca fue su motor: ella siempre quiso elegir los autores que representaba.

 

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Margarita Xirgu en su camerino, rodeada de ramos de flores.


Su boda, a los 22 años, no la apartó del teatro

Mujer sin prejuicios y valiente, sus originales ideas sobre la interpretación causaron varios escándalos: fue la primera actriz que se atrevió a salir a escena en bañador y con las piernas depiladas, y el Teatro Principal de Barcelona le rescindió el contrato después de que, en el estreno de «Salomé», de Oscar Wilde, bailara la danza de los siete velos enseñando el ombligo. Poco después de esto, el 22 de septiembre de 1910, Margarita se casó con Josep Arnall, «Pepitu», joven de buena familia al que conocía desde hacía cinco años y gran aficionado al teatro, aunque por timidez no había pisado jamás un escenario. Matrimonio moderno «avant la letre», convinieron en que él no interferiría en las actividades profesionales de su mujer. Porque Margarita, entonces una joven de 22 años que poseía un brutal magnetismo sobre las tablas, no se planteó ni por un segundo dejar su carrera tras convertirse en una mujer casada. No sólo eso, sino que en 1911 creó su propia compañía de teatro, con la que, poco después, haría su primera gira internacional, que la llevaría, con gran éxito, a los escenarios de Argentina, Chile y Uruguay. 


En 1914, tras aprender a hablar correctamente castellano, Margarita se presentó por primera vez en un teatro de Madrid con «Patio azul», de Santiago Rusiñol. Al año siguiente, esta mujer que se peinaba y maquillaba como las estrellas del cine mudo (probó suerte en la gran pantalla, pero la experiencia no le llenó), se atrevió a estrenar «El yermo de las almas», de Valle-Inclán, un autor «maldito». 


La actriz que apostó por Federico García Lorca

La obra no gustó al público, como tampoco agradó la adaptación de «Marianela», de Benito Pérez Galdós, donde encarnaba a una joven andrajosa y contrahecha. El atrevimiento de salir a escena con los pies desnudos y mal vestida –desafiando las normas tradicionales dramáticas– fue muy criticado, pero demostró que a Xirgu no la guiaba el éxito comercial, sino su profundo compromiso con el teatro. Interesada por las nuevas corrientes teatrales, introdujo en su repertorio autores desconocidos en España como Bataille, Zola, Lenormand, Pirandello, Sardou, Shaw, Rice o Camus. Pero el que marcaría su carrera era de Granada y se llamaba Federico García Lorca.

 

Se conocieron en 1926, cuando el poeta le pidió que representara su drama «Mariana Pineda», rechazado por otras actrices, temerosas de la represalia de la dictadura de Primo de Rivera contra un texto sobre una mujer revolucionaria que luchó contra el despotismo de Fernando VII, que la condenó a muerte. «Si me gusta, la haré», le dijo Margarita. La estrenó el 24 de junio de 1927 en Barcelona con decorados y figurines de Salvador Dalí. En los siguientes años, Federico y ella trabaron una relación de mutuo cariño y admiración y ella protagonizaría otras obras lorquianas como «La zapatera prodigiosa», «Yerma», «Bodas de sangre», «Doña Rosita la soltera» y «La casa de Bernarda Alba». Durante la primera mitad de los años 30, Xirgu se consolidó como una de las actrices más importantes de España.  

 

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Margarita Xirgu con el dramaturgo Benito Pérez Galdós, autor de «Marianela», cuya interpretación causó una gran polémica.


Una gira que acabó en un exilio de por vida


En enero de 1936, zarpó con su compañía desde Santander con destino a América para su cuarta gira. Lorca tenía que ir con ellos pero, en el último momento, cambió de idea. Sí la acompañaba Irene Polo, una joven periodista barcelonesa con la que la actriz mantenía un secreto romance. Un mes después, su esposo murió en La Habana y el 18 de julio, el mismo día que cumplía 48 años, Franco dio el golpe de estado que inició la guerra civil española. Poco después, la actriz recibió la noticia del asesinato de García Lorca, que la dejó sumida en una gran tristeza. 


Cuando el dictador llegó al poder, en 1939, Margarita estaba en Argentina. Poco después, la procesaron en España por roja y confiscaron sus bienes. Condenada al exilio, ella luchó contra el franquismo con sus armas: el teatro, la dignidad y la memoria. Vivió en varios países hasta afincarse en Uruguay, donde fue directora de la Escuela Municipal de Arte Dramático, desde donde divulgó su personal método interpretativo. Entre sus alumnos cabe citar a Alberto Closas, Sancho Gracia o Ana Diosdado.

 

Allí vivió con su segundo marido, el también actor Miquel Ortín, con el que se había casado en 1941. No tuvo hijos de sus matrimonios. Nacionalizada uruguaya, Margarita Xirgu falleció el 25 de abril de 1969, a los 80 años de edad, en un hospital de Montevideo por complicaciones tras una operación quirúrgica.

 

En 1988, coincidiendo con el centenario de su nacimiento y recuperada la democracia en España, sus restos mortales pudieron ser repatriados, siendo enterrada en Molins de Rei. Junto a ella, recibió sepultura su marido, Miquel Ortín, que la había sobrevivido 11 años.
 

 


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