Martin Luther King

Líder de la lucha antirracista en EEUU

El 4 de abril se cumplen 50 años del asesinato de este reverendo que, con su lucha pacífica, consiguió que los ciudadanos negros tuvieran los mismos derechos legales que los blancos. Su muerte fue uno de los magnicidios del siglo XX.

Martin Luther King nació el 15 de enero de 1929, año de la Gran Depresión en EEUU. Vino al mundo en Atlanta, capital del estado sureño de Georgia. Su padre y su abuelo fueron pastores de la Iglesia baptista y dirigentes de la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP). La niñez de Martin transcurrió en una confortable casa de la zona más acomodada del barrio negro de Atlanta, pero, en su primer curso escolar, experimentó la primera muestra de racismo: un día fue a jugar con unos niños blancos, pero los padres de éstos se lo impidieron, conminándole a irse con otros niños de su raza. Aquel episodio quedó grabado en la mente de quien, con el paso de los años, se convertiría en uno de los principales luchadores no violentos por los derechos de los negros en EEUU.


Estudiante brillante 

Martin fue un niño emotivo e impulsivo, al que le costaba dominar su vivo genio. Tenía, además, una notable inteligencia que le hacía destacar en la escuela por encima de sus compañeros. Era tal su capacidad para aprender que acabó la escuela secundaria a los 15 años, ya que podía hacer los cursos de dos en dos. Tras su graduación en 1948, se ordenó pastor baptista y fue nombrado asistente de la iglesia que dirigía su padre. Ese mismo año ingresó en el Croxer Theological Seminary, en el estado norteño de Pennsylvania, donde se diplomó en 1951 con la máxima graduación y obtuvo una beca para estudiar en la Universidad de Boston, la ciudad más aristocrática de EEUU. En 1955, se doctoró brillantemente en Filosofía y Teología. 


Del pacifismo de Gandhi al gesto de Rosa Parks 

En su formación intelectual, le influyó la obra de Walter Rauschenbusch, que le llevó a conjugar los principios cristianos con los problemas sociales que afectaban a las personas de su raza. También le inspiraron las enseñanzas de Gandhi, en especial, la técnica de la acción y la lucha sin violencia. Siendo estudiante en Boston, conoció a Coretta Scott, una joven de Alabama, que cursaba canto en la universidad. Se casaron en 1953 y tuvieron cuatro hijos: Yolanda, Martin Luther, Dexter y Bernice. Dos años después, King aceptó ser predicador en una iglesia de Montgomery, capital de Alabama. 
Allí, un día de diciembre de 1955, Rosa Parks, de 42 años, terminó su trabajo como costurera y tomó un autobús para volver a su casa. Al no encontrar asiento en la zona «para negros», se sentó en la reservada para los blancos. Cuando subió al vehículo un pasajero blanco y la conminó a dejar su sitio, la mujer se negó a cederle el asiento. Fue inmediatamente arrestada. 

 

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 Martin Luther King con Coretta, con la que se casó en 1953.


Un año desafiando al Ku Klux Klan 

Eso provocó una enérgica respuesta de la comunidad negra de Montgomery, que reaccionó fundando una asociación de la que King, que se había hecho muy famoso por sus encendidos discursos, fue elegido presidente. Tras más de un año de protesta pacífica, desafiando las amenazas del terrible Ku Klux Klan, los tribunales federales declararon ilegal la segregación en los transportes. Esa victoria judicial hizo de Martin Luther King un héroe. No sólo para la población negra, sino también para los blancos liberales que creían en la igualdad.
En 1957, varios líderes negros se unieron en la Southern Christian Leadership Conference, eligiendo a King como presidente. Como tal, viajó por todo el país pronunciando discursos. Al año siguiente lo detuvieron por primera vez, precisamente en Montgomery, su ciudad, pero la policía tuvo que ponerlo en libertad ante la reacción de la comunidad negra. 
Ese mismo año publicó su primer libro, «Marcha hacia la libertad». Precisamente cuando firmaba ejemplares en Harlem, el barrio negro de Nueva York, una mujer de color le clavó un estilete en el tórax. King se quedó inmóvil y eso le salvó la vida. El atentado, sin embargo, no le hizo desistir de su lucha. Una vez se recuperó, volvió a organizar actos de protesta para reclamar igualdad de derechos para los negros. Sus discursos levantaban tantas ampollas que fue varias veces detenido. En enero de 1960, dejó Montgomery para irse a Atlanta. Un mes después, cuatro estudiantes negros de Carolina del Norte entraron en una tienda, hicieron varias compras, se sentaron en la barra del restaurante y pidieron café. Se les negó por su raza, pero ellos se quedaron en sus asientos hasta que la tienda cerró. Ése fue el principio del llamado «movimiento de los plantones», con el que jóvenes negros y blancos protestaban contra la segregación y la discriminación mediante acciones no violentas. Martin Luther King colaboró con los estudiantes, coordinando las protestas. El resultado del movimiento es que muchos restaurantes y servicios públicos de los estados norteamericanos del sur empezaron a atender con normalidad a los clientes de color.
En 1961, cuando estaba dirigiendo uno de sus sentidos discursos a una gran multitud en Montgomery, varios miles de racistas blancos se congregaron frente al edificio donde tenía lugar el acto. Ante esta situación, King ordenó cerrar las puertas y pidió a los reunidos que cantaran «We Shall Overcome» (Venceremos), un himno gospel (espiritual) que se convertiría en una de las señas de identidad de su lucha. Lo que apuntaba como una tragedia se resolvió sin problemas gracias a la rápida intervención del entonces ministro de Justicia, Robert Kennedy. 


Premio Nobel a los 35 años de edad 

El 28 de agosto de 1963, Martin Luther King organizó su acción más espectacular: la marcha sobre Washington, que reunió a más de 250.000  personas para presionar al Congreso en favor de la ley de los derechos civiles. Allí, al pie de la estatua de Abraham Lincoln (que abolió la esclavitud), pronunció su famoso discurso «Yo tengo un sueño», en el que mostró su esperanza de que un día existiría la igualdad racial en su país. Tres meses después, cuando le comunicaron el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy, King comentó a sus allegados: «Yo tendré el mismo fin». En 1964, el presidente Lindon B. Jonhson aprobó la ley de la Igualdad de los Derechos Civiles, que prohibía la discriminación en los lugares públicos. Al año siguiente, King ganó el Premio Nobel de la Paz. Tenía 35 años y fue uno de los más jóvenes de la historia en obtener este galardón. 


Declive del movimiento pacifista de King

Tras haber conseguido la abolición de las leyes contra los negros, King empezó a darse cuenta de que no se alcanzaría nunca la igualdad sin combatir la pobreza, que es la verdadera raíz de las injusticias y discriminaciones. Para entonces, sus consignas para la lucha pacifista habían perdido fuerza, frente a otras propuestas de acción más directa y violenta de grupos radicales como Black Power o el activista Malcolm X, asesinado en 1965. Los disturbios raciales aumentaron en un país, donde la atención pública estaba centrada en la guerra de Vietnam. Contrario a ella, King siguió su trabajo, mientras era perseguido por el FBI, que lo consideraba un agente del comunismo internacional.
El 4 de abril de 1968 se instaló en el motel Lorraine de Memphis, uno de los epicentros del movimiento antirracista. Iba a asistir a un mitin para apoyar una huelga de empleados de la limpieza de los sanitarios públicos cuando un blanco, James Earl Ray, le disparó con un fusil. King, de 39 años, murió en el acto y aquella conspiración nunca se aclaró. A los 50 años de su muerte, el sueño por el que dio la vida sigue sin ser realidad. Si ahora continuara vivo tendría la certeza de lo que empezó a intuir en sus últimos años de vida: que, además de derechos legales, hay que erradicar la pobreza para conseguir la igualdad. Tras él, el movimiento político de la causa afroamericana no ha encontrado ninguna voz tan potente como la de este religioso que es uno de grandes hombres de la historia.