Miguel Boyer

Ex ministro socialista y marido de Isabel Preysler

Conoce la biografía de este expolítico socialista que se hizo famoso por la expropiación de Rumasa y por su romance con la «reina de corazones» Isabel Preysler, con la que acabó casándose.

 

Miguel Boyer con la ginecóloga Elena Arnedo, su primera esposa.

 

Miguel Boyer Salvador nació el 5 de febrero de 1939 en San Juan de Luz (Francia). Fue el primogénito de los cuatro hijos varones de José Boyer, un ingeniero de telecomunicaciones militante de Izquierda Republicana y telegrafista del presidente de la República, Manuel Azaña, y su esposa, Carlota Salvador, perteneciente a una adinerada familia emparentada con el general Baldomero Espartero y con Amós Salvador y Rodrigáñez, que fuera gobernador del Banco de España, ministro de Hacienda y presidente del Gobierno.

 

Por sus ideas políticas, el matrimonio tuvo que exiliarse tras la victoria de Franco en la Guerra Civil española. Miguel residió en la ciudad francesa hasta que, con 2 años, sus padres pudieron volver a España. Cursó el bachillerato en el Liceo Francés de Madrid y, en 1958, mientras estudiaba Ciencias Físicas y Económicas en la Universidad Complutense de Madrid, ingresó en las Juventudes Socialistas. Cuatro años después, estuvo seis meses en Carabanchel por asociación ilícita y propaganda ilegal. En la universidad conoció a Felipe González, militante de las Juventudes Obreras Católicas. Sus antecedentes penales le impidieron trabajar como físico nuclear por lo que se decantó hacia la economía.

 

En 1964, contrajo matrimonio con la ginecóloga Elena Arnedo, hija de la escritora Elena Santiago. Al año siguiente nació su hija, Laura, y, en 1969, llegó al mundo un varón, Miguel. Un año antes, Boyer había sido expulsado del PSOE por su secretario general en el exilio, Rodolfo Llopis, pero años después volvió al partido. Su especial habilidad con los números le llevó a trabajar en el Banco de España y, posteriormente, tuvo un cargo de responsabilidad en el Instituto Nacional de Industria (INI). Más tarde, fue director de planificación de Explosivos Río Tinto y, en 1981, director de planificación del Instituto Nacional de Hidrocarburos. Paralelamente a su currículo profesional, desarrolló su carrera política presentándose, sin éxito, como senador por Logroño en las primeras elecciones generales de 1977. Dos años después, sin embargo, fue elegido diputado por Jaén, escaño al que renunció en 1980, al no poderlo compatibilizar con su trabajo de consejero de Presidencia en el Banco de España. 

 

Tras la victoria electoral del PSOE el 28 de octubre de 1982, Felipe González, presidente del Gobierno, le nombró ministro de Economía, Hacienda y Comercio. Al poco de su toma de posesión, acudió a una reunión con Carlos Falcó, marqués de Griñón, en la finca toledana del aristócrata, donde conoció a Isabel Preysler, la exmujer de Julio Iglesias que era entonces la actual esposa del empresario vitivinícola. Poco tiempo después, el ministro y la «reina de corazones» volvieron a coincidir en las tertulias organizadas por Mona Jiménez, que, con la excusa de unas excelentes lentejas, reunía a empresarios, políticos, artistas y gente de la «jet-set».

 

Encuentros amorosos en pisos de Madrid y París

Entre Isabel y Miguel Boyer surgió el flechazo y empezaron a verse a escondidas en apartamentos de amigos en Madrid o en París, a donde Isabel contaba con la complicidad de su amiga, Carmen Martínez-Bordiú. Cuando el romance fue «vox populi», Boyer dejó el domicilio familiar para trasladarse a la vivienda que había en el ministerio. La anécdota de esta relación la protagonizó Fernando Morán, ministro de Asuntos Exteriores, quien, una vez, nada más bajar del avión, preguntó: «¿Ha llegado ya Boyer? ¿Y "la China"?», apodo malicioso que, según dicen, nació entre el personal del ministerio de Hacienda.


Durante sus dos años y medio como ministro, Miguel Boyer expropió las empresas y bancos de Rumasa, propiedad del empresario jerezano José María Ruiz Mateos, quien en mayo de 1989 protagonizó su famosa agresión al político cuando, al grito de «¡Que te pego, leche!», le propinó un puñetazo que le hizo volar sus sempiternas gafas. Boyer también promulgó un decreto –popularmente conocido por su apellido– por el que se liberalizaban los horarios comerciales y se modificaba la Ley de Arrendamientos Urbanos, y logró el equilibrio de la balanza de pagos, reduciendo la inflación de un 14% al 9%. Sin embargo, no redujo el paro ni evitó la caída del consumo interno. El 6 de julio de 1985 dimitió de su cargo por sus desavenencias con el entonces vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, y por el revuelo que había provocado su romance. Tras su renuncia, Boyer aceptó el cargo de presidente del Banco Exterior de España y pidió la separación de su esposa, al mismo tiempo que Isabel hizo lo propio con su marido. Cansados de esconderse, en el verano del 86, el mismo año en que fue abuelo por primera vez, se publicaron las primeras fotos de la pareja que se convirtió en uno de los ejes principales de la «beautiful people» del momento.


El 2 de enero de 1988, Boyer y Preysler se casaron por lo civil en los juzgados de la madrileña calle Pradillo y el 18 de abril de 1989 tuvieron su única hija en común, Ana, actual pareja del tenista Fernando Verdasco. Desde el principio, el exministro congenió muy bien con los vástagos anteriores de Preysler (Chabeli, Julio José y Enrique Iglesias y Tamara Falcó), que se refieren a él llamándole tío Miguel. 

 

Con Isabel Preysler, en la boda de Ana Aznar.

 

Una mansión bautizada ­como «villa meona»

Mientras Isabel se ganaba muy bien la vida como imagen de Porcelanosa, Boyer aceptó diferentes cargos en empresas privadas como Cartera Central, el Grupo de Fomento y Construcciones y Contratas (FCC) y la Compañía Logística de Hidrocarburos. Aunque pieza preferente de los paparazzi, los Boyer Preysler procuraron siempre hacer una vida tranquila, al margen de los actos sociales. 
En 1992, la pareja se trasladó a una espectacular mansión recién edificada en un terreno de 5.000 m2 que compraron al empresario Fernando Fernández Tapia en la lujosa urbanización madrileña de Puerta de Hierro. Alfonso Ussía, del periódico «Abc», bautizó aquella vivienda de 2.000 m2 como «villa meona» por los 14 baños de que dispone. Aquella manifestación de poderío económico, costó unos 111 millones de pesetas de la época (660.000 euros) y supuso numerosas críticas a Boyer.

 

 «Isabel es una mujer ­extraordinaria y feliz»

Aunque poco dado a hablar de temas personales, el economista no tuvo reparos en manifestar públicamente que «Isabel es una mujer extraordinaria, con una gran capacidad de ser feliz, incluso cuando las cosas vienen mal dadas (…). Es una persona de gran inteligencia a la que le gusta estar en casa». Por su parte, Preysler aseguraba que, con su marido, había encontrado «la horma de mi zapato. Me da el amor que necesito y es el hombre de mi vida». Discreto, inteligente, culto y excelente conversador, a Miguel le encantaba pasar inadvertido, aborrecía los acontecimientos sociales y se desvivía por sus nietos. El 27 de febrero de 2012 sufrió un ictus que mantuvo en vilo a la familia por lo mucho que afectó a su estado de salud. Tardó cinco meses en volver a caminar y, 11 meses después, reapareció en sociedad en un coloquio sobre los 35 años de la democracia. «Estoy contento, muy contento. Gracias a mi mujer, me he salvado. Sólo tengo palabras de agradecimiento hacia mis médicos y mis amigos», comentó entonces. 

 

Miguel Boyer fallecía el 29 de septiembre de 2014 debido a una embolia pulmonar.