Miguel de Unamuno

Escritor y filósofo español

Uno de los grandes escritores de la Generación del 98.

 

Miguel de Unamuno Meurisse

 

Miguel de Unamuno y Jugo nació en Bilbao el 29 de septiembre de 1864. Fue el tercero de los seis hijos que tuvieron Félix y María Salomé, ella 17 años más joven que su marido y su sobrina. Félix había sido emigrante en México y, al regresar a España con una pequeña fortuna, abrió una panadería en Bilbao. La familia gozó de una situación económica desahogada hasta su muerte, a los 47 años, de tisis pulmonar. Miguel apenas tenía 5 años y recordaba que, aquel suceso, «condenaría a la familia a una vida austera, de apuros económicos».


Estudió en el colegio de San Nicolás. «Fui taciturno y melancólico, con un enorme fondo romántico y criado en el seno de una familia vascongada de austerísimas costumbres», escribió Miguel para autodefinirse. Allí conoció a una niña de su misma edad, Concha Lizárraga, que sería su esposa. La muerte de su padre, las desavenencias con su madre y el trágico asedio y bombardeo de Bilbao por las tropas carlistas cuando tenía 9 años marcaron su infancia y sus crisis existenciales futuras.

 

En 1875, ingresó en el Instituto Vizcaya para cursar el bachillerato y, en 1880, empezó la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. Se graduó en 1883, a los 19 años y con nota de «sobresaliente». Al año siguiente, obtuvo el doctorado con su tesis «Crítica del problema sobre el origen y la prehistoria de la raza vasca». Tras licenciarse, regresó a Bilbao donde pasó varios años dando clases particulares a domicilio. 


Su mujer, Concha, figura clave de su vida


En 1894, entró en la Agrupación Socialista de Bilbao y llegó a escribir varios artículos en la revista «La lucha de clases», pero abandonaría la agrupación en 1897 ya que, a raíz de una neurosis cardíaca en la que se creyó al borde de la muerte, sufrió una gran crisis de fe. Ésta le llevó a una profunda depresión que intentó capear refugiándose en el convento de los dominicos. Por otra parte, sus penurias económicas fueron aumentando tanto que pensó incluso en el suicidio. Sin embargo, de aquella experiencia salió reforzado y dio lugar a su etapa literaria más creativa. Su mujer, Concha, fue clave para él.


En crisis por la muerte de su hijo Raimundín


En 1900, le nombraron rector de la Universidad de Salamanca. Tenía 36 años y se convirtió en la persona más joven en ostentar ese cargo, pero la muerte prematura de su hijo Raimundín –nacido con hidrocefalia, que desembocó en una meningitis fatal cuando tenía 6 años– volvió a sumirle en sus disquisiciones sobre la vida y la muerte. Miguel siempre había estado muy unido al que llamaba «el ángel de la nada» e incluso había instalado su cuna en su despacho para que le hiciera compañía mientras escribía.
Como escritor fue muy polifacético. Desde cuentos a relatos cortos, pasando por cuadernos de viaje como «Por tierras de Portugal y España» (1911). Creó un nuevo estilo de novela al que él mismo denominó «nivola»: obras muy filosóficas, atemporales, con pocas descripciones de paisajes donde lo que importa son las angustias y obsesiones de los personajes que dialogan, y mucho, con el narrador. Ejemplos son «Niebla» (1914) o «La Tía Tula» (1921). También destacó en poesía, donde expresaba sus dudas sobre Dios, una de sus principales preocupaciones. Como dramaturgo, actualizó para el teatro obras griegas como «Fedra» (1918), aunque sin mucho éxito. También fue prolífico escribiendo cartas a sus amigos, entre tres y cuatro diarias hasta un total de 50.000, auténticas obras literarias cargadas de reflexiones.

 

Unamuno despacho de su casa

Sobre estas líneas, el famoso intelectual vasco, ya mayor, en el despacho de su casa, donde se sentaba a escribir y a leer durante muchas horas.

 


Un personaje antipático y represaliado 


Unamuno fue un hombre que se pasó la vida criticando a los que ostentaban el poder, ya fueran reyes, republicanos o dictadores. No se casaba con nadie y era un individualista convencido: «He molestado a todos los públicos y a todos los pueblos que he visitado y aunque, a la larga, digan que tenía razón, en el fondo les soy antipático. Tener razón es lo más antipático que hay», escribió en una de sus cartas. Por eso, fue destituido como rector de la Universidad en 1914; condenado en 1920 a 16 años de prisión y a 1.000 pesetas de multa por injurias a Alfonso XIII, aunque lo indultaron y no entró en prisión, y, en 1924, el dictador Primo de Rivera lo desterró a Fuerteventura. Entre 1925 y 1930, se autoexilió a Francia, sin su familia, y vivió en París y Hendaya. 


Al caer la dictadura de Primo de Rivera regresó a Salamanca, donde fue recibido como un héroe y lo eligieron concejal por la coalición republicano-socialista. Fue él quien, como alcalde honorario, proclamó la Segunda República desde el balcón del ayuntamiento salmantino el 14 de abril de 1931. Posteriormente, fue diputado en las Cortes y restituido a su cargo como rector de la Universidad. Pero por sus profundas desavenencias con el presidente Manuel Azaña, decidió no presentarse a las elecciones de 1933. Al año siguiente, murió su esposa por un derrame cerebral y se jubiló, siendo nombrado rector vitalicio de la Universidad de Salamanca. 


Tan desencantado había quedado de la República que apoyó el golpe militar de Francisco Franco en julio de 1936 por creerlo «un movimiento salvador» de restauración del orden y la tradición cristiana e incluso fue nombrado concejal del ayuntamiento de Salamanca por el gobierno de los sublevados. Pero muy pronto, se arrepintió de aquella posición política al ver la ola de represión franquista, con detenciones, torturas y fusilamientos indiscriminados. «No soy fascista ni bolchevique. Soy un solitario», decía de él mismo. 

 


«Venceréis, pero no convenceréis»


El 12 de octubre de 1936 tuvo lugar uno de los episodios más famosos de su vida cuando el intelectual vasco tuvo un enfrentamiento en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca con el general José Millán Astray, feroz fundador de la Legión, que le gritó «¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!», a lo que Unamuno le respondió: «Éste es el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir y, para persuadir, necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha», le espetó Miguel de Unamuno. 


Días después, Franco lo destituyó como rector de la Universidad y lo puso en arresto domiciliario. Triste y aislado, Miguel de Unamuno murió repentinamente en su domicilio salmantino de la calle Bordadores la tarde del 31 de diciembre de 1936 cuando recibía la visita de un amigo. Tenía 72 años de edad y fue enterrado al lado de su hija mayor, Salomé, en el cementerio de Salamanca con este epitafio: «Méteme, Padre Eterno, en tu pecho, misterioso hogar, dormiré allí, pues vengo deshecho del duro bregar». 


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