Rubens

Gran pintor barroco de la escuela flamenca

Completa biografía del autor de «Las tres Gracias»

Sir Peter Paul Rubens   Portrait of the Artist   Google Art Project

 

Pedro Pablo Rubens nació el 28 de junio de 1577 en la población de Siegen, actualmente Alemania. Su padre, Jan Rubens, había nacido en Amberes (Bélgica) y estaba casado con María Pypenlincks. Ambos eran católicos convertidos al calvinismo y, ante el temor por las revueltas religiosas en un territorio por entonces español, huyeron a la ciudad germana de Colonia. Abogado y exmagistrado, Jan Rubens fue nombrado asesor jurídico de Ana de Sajonia, segunda esposa del príncipe Guillermo de Orange. Acabaron siendo amantes y la dejó embarazada, lo que le valió dos años de cárcel, antes de desterrarlo a la ciudad de Siegen con la prohibición de ejercer su profesión. María perdonó a Jan y tuvieron tres hijos: Baldina, Philip y Peter Paul, al que conocemos como Pedro Pablo Rubens.

 

Estudiante de alemán, flamenco y español

Cuando el futuro pintor tenía 12 años murió su padre y su madre, convertida de nuevo al catolicismo, regresó a Amberes con su prole. La familia estaba en la ruina y, aunque Pedro Pablo siguió estudiando retórica y gramática en latín y griego, además de alemán, flamenco y español, pronto tuvo que dejar los estudios para trabajar como paje de una condesa. El chico ya había mostrado sus dotes pictóricas y su madre consiguió que pudiera dar salida a su vocación artística con el maestro Tobias Verhaecht, un pariente lejano. Siguió después su aprendizaje con varios pintores destacados de Amberes, donde hacía copias de obras de grandes maestros hasta que, en 1598, obtuvo el título de maestro en el Gremio de San Lucas.

 

Tres hijos con su primera esposa, Isabella Brant

En 1600, Rubens partió hacia Venecia para entrar al servicio del duque de Mantua  como pintor de su corte. Además de encargarse de retratar a sus mecenas, los pintores de la corte copiaban los cuadros de artistas célebres que el aristócrata quería para adornar sus palacios. Así, durante los ocho años que permaneció en Italia, Rubens aprendió, copiando, las técnicas de clásicos como Rafael o Miguel Ángel, especialmente en sus viajes a Roma donde recibió sus primeros encargos, como el altar de Santa Helena en la iglesia de la Santa Cruz, su primer retablo.

 

Su dominio de los idiomas le sirvió para convertirse en diplomático y, en 1603, encabezó la embajada enviada por el duque de Mantua a la corte de Felipe III en Valladolid. En 1608, Rubens regresaba a Amberes ya que su madre había enfermado. Murió antes de su llegada y el artista se quedó allí para siempre. Al año siguiente era nombrado pintor de corte del archiduque de Austria y de la infanta Isabel Clara Eugenia de España, hija de Felipe II, gobernadores de los Países Bajos españoles. Ese mismo año se casaba con Isabella Brant, miembro de la alta burguesía local. Ella tenía 18 años, él 32. Con Isabella tuvo tres hijos: Clara Serena (1911), que murió a los 12 años; Albert (1614) y Nicholas (1618).

 

Rubens y Isabella

El pintor con Isabella Brant.

 

Era la época de la «Tregua de los Doce Años», que ponía paz en unas tierras que llevaban decenios sumidas en cruentas guerras. Viendo que Amberes volvía a ser una ciudad próspera, Rubens no desperdició la ocasión. Cuando la corporación municipal le encargó decorar la Cámara de los Estados con «La Adoración de los Reyes Magos» se convirtió en el pintor más prestigioso de la ciudad y el favorito de la nueva clase acomodada. Tanto, que creó su propio taller en una casa diseñada por él mismo a modo de palacio italiano, la Rubenshuis, que hoy se puede visitar en la capital flamenca.

 

Era un taller enorme en el que daba empleo a muchos aprendices y pintores que le ayudaban en sus creaciones. No sólo cuadros, también hacía tapices, estampas, grabados, esculturas y objetos decorativos. Una auténtica fábrica en cadena en la que Rubens sólo hacía los bocetos o pintaba únicamente la cara y las manos y el personal hacía el resto bajo su minuciosa supervisión. Hombre culto, religioso y rico, que destacaba como pintor, diseñador, dibujante, arquitecto, escritor, políglota, diplomático y hasta coleccionista de antigüedades, era adorado por reyes, aristócratas y eclesiásticos.

 

El rey Felipe IV, su principal admirador

Rubens siguió compaginando su labor artística con la diplomática viajando a Inglaterra y los Países Bajos (actual Holanda) como agente de Isabel Clara Eugenia. En 1628, fue reclamado por el nuevo monarca español, Felipe IV, para recibir de primera mano noticias sobre las negociaciones del tratado de paz que debía firmarse entre España y los Países Bajos. El pintor permaneció en Madrid nueve meses, donde aprovechó para mostrar sus dotes artísticas de forma compulsiva, realizando unos 40 cuadros encargados por Felipe IV, otros para la infanta Isabel y algunos para sí mismo. El rey se convirtió en su principal admirador sin importarle que el pintor de la corte oficial fuera Diego Velázquez. Éste y Rubens llegaron a hacerse muy amigos y, en «Las meninas», del célebre artista sevillano, los cuadros que decoran la estancia son copias de obras de Rubens.

 

FelipeIV

Rubens fue el pintor favorito del rey Felipe IV de España, su principal cliente.

 

Isabella había fallecido en 1626, a los 34 años, víctima de la peste. «Perdí a una excelente compañera, a quien uno podría tener que amar con razón porque ella no tenía vicio femenino. No era errática ni débil sino buena y genuina. Su pérdida me deja inmensamente triste. Sólo el tiempo puede curar esta herida», le escribió Rubens en una carta a un amigo. Cuatro años le duró la herida. En 1630, tras cumplir 53 años, volvió a casarse con Hélène Fourment, de 16 años y sobrina de su primera esposa. El propio Rubens justificaba su decisión en otra carta: «Decidí casarme porque descubrí que aún no era apto para el celibato. Elegí una mujer joven de una familia decente pero burguesa, aunque todos me aconsejaron que tomara una mujer noble. Elegí una chica que no se sonrojaría cuando me viera tomar mis pinceles. Para ser sincero, parecía difícil perder el precioso tesoro de la libertad a cambio de los abrazos de una anciana».

 

Hélène, su segunda esposa y musa

 

RubensHeleneFourment

Rubens con su segunda esposa, Hélène, y su hijo Peter Paul.

 

Con ella tuvo cuatro hijos: Clara Johanna (1632), Frans (1633), Isabella Hélène (1635), Peter Paul (1637) y Constancia Albertina, que sería una hija póstuma. Hélène se convirtió en la gran musa del pintor y definió los rasgos de la figura femenina que predominarían durante su última etapa como pintor. A ella le debemos algunas de sus obras más conocidas, como «El juicio de Paris» o «Las Tres Gracias» (Hélène es la de la izquierda). Ésta última es una obra que Rubens pintó para él, sin intención de venderla, pero, al fallecer, los herederos la subastaron en contra de los deseos de la viuda. Lo adquirió la Casa Real española, aunque no llegó a exponerse porque el monarca declaró la obra «impúdica» y la escondió en los sótanos de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Hoy se exhibe con orgullo en el Museo del Prado, donde se concentra la mayor colección de Rubens del mundo.

 

Aquejado de gota, compró un castillo en el campo en 1935 donde pasó sus últimos años. Murió por una insuficiencia cardíaca el 30 de mayo de 1640, a los 62 años. Está enterrado en la iglesia de Santiago de Amberes.

 

 

 

 


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