Salvador Dalí

Genio del surrealismo

Completa biografía de uno de los máximos exponentes del surrealismo, el artista, Salvador Dalí

 

Salvador Dalí

 

Salvador Felipe Jacinto Dalí Domènech nació el 11 de mayo de 1904 en Figueres (Girona), hijo de Salvador Dalí, notario, y Felipa Domènech. Su hermano mayor, también Salvador, había muerto a los 7 años de meningitis. Que hubiera nacido a los nueve meses de esa muerte y que, con 5 años, sus padres le dijeran que era la reencarnación del fallecido, le acarreó una profunda crisis de identidad y un carácter déspota y excéntrico, que sufriría especialmente su hermana, Anna María, nacida en 1908. 


Tras haber sido un escolar mediocre, empezó secundaria en los Hermanos Maristas mientras que un amigo de su padre recomendó que hiciera clases de dibujo tras apreciar lo buenas que eran sus primeras pinturas. Tenía 15 años cuando escribió: «Seré un genio y el mundo me admirará. Quizás seré despreciado o incomprendido, pero seré un gran genio, porque estoy seguro de ello». Unas palabras premonitorias. En 1919, participó en una exposición colectiva en su ciudad natal y le dijo a su padre que quería ser pintor. Éste aceptó, con la condición de que se sacara el título de profesor en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Al poco, llegó la primera tragedia de su vida: su madre murió por un cáncer de útero. Él tenía 16 años y encajó muy mal que, un año después, su padre se casara con su tía materna, Catalina.


Amigo de Buñuel, García Lorca, Miró y Picasso

Llegó a Madrid con 18 años vistiendo como un dandy y con un bigote a lo Diego Velázquez (su pintor favorito), que perfilaría hasta convertir en seña de identidad. En la Residencia de Estudiantes se hizo amigo de Luis Buñuel y Federico García Lorca. Con ellos, pasaba más tiempo en tertulias y juergas que en las clases. Allí se familiarizó con el dadaísmo e hizo sus primeros trabajos como ilustrador antes de que, en 1923, lo expulsaran de la Academia. De regreso a Figueres, en 1924, estuvo en la cárcel 12 días, aunque no se sabe exactamente el motivo. Tras su primera muestra individual en Barcelona y haber conocido en París a Pablo Picasso y Joan Miró, en 1927, lo expulsaron definitivamente de la Academia, circunstancia que celebró, convencido de la incompetencia total del tribunal para examinarlo. No estuvo mucho tiempo en casa de su padre. Logró que le costeara una estancia en París, donde asistió al éxito del filme «El perro andaluz», cuyo guión había escrito con Buñuel. Allí, gracias a su personalidad apabullante, innovadora y magnética, se integró en el grupo de artistas surrealistas, encabezado por André Breton. En las vacaciones del verano de 1929 en Cadaqués, Dalí vivió un suceso determinante en su vida: conoció a Helena Ivanovna Diakonova, una rusa 10 años mayor que él, a la que llamaban Gala y que era la esposa del escritor francés Paul Éluard, con el que tenía una hija, Cécile.    

 

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Dalí, fotografiado en su Casa-Museo de Portlligat.


Enamorado de Gala, que abandonó a su marido

Dalí, que era virgen y creía ser homosexual, se enamoró de aquella mujer menuda, ambiciosa, dura, inteligente, promiscua y atractiva, pese a no ser una belleza. Dicen que le gustó sobre todo su culo, la zona del cuerpo femenino que más le atraía. Cuando quedaron para verse a solas, Dalí acudió a la cita vestido con ropa ajustada, collar de perlas, un geranio en la oreja y el cuerpo embadurnado con sangre, cola de pescado, estiércol de cabra y aceite. «De la noche a la mañana, Dalí ya no era el mismo. Toda concordancia de ideas desapareció entre nosotros, hasta el extremo de que yo renuncié a trabajar con él. No hablaba más que de Gala, repitiendo todo lo que ella decía», escribió Buñuel en sus memorias. Convertida en su musa, ella abandonó a su marido y a su hija y se fue a vivir con Dalí a una casita en Port-lligat, una cala de Cadaqués.

 

Poco después, el pintor rompió con su padre. Tras ver que Dalí había escrito junto a un cuadro «a veces, escupo en el retrato de mi madre para entretenerme», le exigió que se retractara. Dalí no lo hizo, el notario le desheredó y el artista le envió una carta con un condón lleno de su semen: «¡Ya no te debo nada!». Pasaron años sin verse.


«Performances» y declaraciones escandalosas

Dalí y Gala se casaron por lo civil en París en agosto de 1934, dos años después de la primera exposición individual del pintor en la capital francesa. La rusa fue la clave para que el ampurdanés consiguiera su meta: hacer de sí mismo una marca millonaria. Su fórmula: ser tan artista como personaje. 


Tras unos años en Francia y, más fugazmente, en otros países europeos, el estallido de la II Guerra Mundial condujo al matrimonio a Nueva York, donde la sociedad norteamericana los recibió con los brazos abiertos. Seducidos por sus escandalosas declaraciones públicas, sus estrafalarios atuendos y sus continuas «performances», los Dalí se convirtieron en pieza imprescindible de la vida mundana neoyorquina. Sus visitas a las casas de los mecenas más acaudalados de la época, que empezaron a comprar su obra como locos, eran sonadas. En esa etapa, empezó a experimentar con la escultura, la manufactura de muebles, la joyería, los decorados para ballet e, incluso, el mundo del cine. Con Walt Disney hizo un cortometraje, aunque la obra no se estrenaría hasta el 2003. Pero su desmedida pasión por el dinero y su deriva hacia posiciones políticas fascistas disgustaron profundamente a sus correligionarios surrealistas que, tras apodarlo «ávida dollars» le sometieron a «juicio» y lo expulsaron del movimiento, a lo que Dalí respondió con su genuina y casi cándida egolatría: «No podéis. Yo soy el surrealismo». 
En julio de 1948, Gala y Dalí volvieron a vivir en Cadaqués. Un mes después se casaron por la Iglesia. Consagrado internacionalmente, el déspota y excéntrico ampurdanés se convirtió en el artista más célebre del franquismo. Empezó entonces su etapa «mística-nuclear», caracterizada por mezclar temas religiosos y científicos. Dos años después, en septiembre de 1950, falleció su padre, con el que se había reconciliado. 


Exhumado de su tumba en el Museo de Figueres

Sin más familia directa que una prima hermana, Dalí legó su obra al Estado español en 1972. Tres años antes, el artista compró el castillo de Púbol, que decoró para Gala y donde ésta mantenía relaciones sexuales con sus jóvenes secretarios. Por su parte, él se hacía fotos con esculturales rubias, como la transexual Amanda Lear. En una tumba diseñada por Dalí en Púbol, fue sepultada Gala, que falleció el 10 de junio de 1982. Con el artista muy debilitado por el avance del Parkinson y convertido en marqués por el rey Juan Carlos, su entorno se movilizó para crear la Fundación Gala-Salvador Dalí, entidad privada que gestiona el Teatro-Museo de Figueres, la Casa-Museo Salvador Dalí de Portlligat y la Casa-Museo Castillo Gala-Dalí de Púbol.

 

El pintor murió en Figueres, a los 85 años, el 23 de enero de 1989, dejando más de 1.500 pinturas, algunas fundamentales en la historia del arte. Pese a que quería ser enterrado en Púbol, junto a Gala, sus restos recibieron sepultura en el museo de Figueras. De allí fueron exhumados en marzo del 2018 por la reclamación de paternidad de una mujer, Pilar Abel, que resultó no ser su hija.