Sharon Stone

Actriz y mito sexual

El 10 de marzo la actriz estadounidense cumplía 60 años, edad a la que ha llegado siendo una de las mujeres más deseadas del mundo y una de las más consolidadas en Hollywood desde que, en 1992, saltara a la fama por «Instinto básico».

Sharon Yvonne Stone nació el 10 de marzo de 1958 en la pequeña ciudad de Meadville, Pensilvania, en el noreste de EEUU. Su padre, Joseph, ya fallecido, era empleado en una fábrica de herramientas; su madre, Dorothy, era ama de casa y distribuidora de una popular firma cosmética. Sharon fue la segunda de cuatro hermanos: Michael, mayor que ella y también actor, y dos más pequeños, Patrick y Kelly, con los que en 1991 crearía la oenegé Planet Hope, una organización para ayudar a los niños sin hogar. Su infancia fue austera y disciplinada, en un hogar «donde se llegaba a la hora y la cena se acababa cuando nuestro padre nos decía que podíamos levantarnos», según ha explicado la actriz.


Cerebro de superdotada y cuerpo de modelo

Desde niña, demostró tener una inteligencia privilegiada. Con un cociente intelectual de 154, muy por encima de la media, la escogieron para un programa de niños superdotados. Tras estudiar en el Instituto Saegertown, ganó una beca para cursar estudios de Arte y Escritura en la Universidad de Edinboro, donde se matriculó, con unas calificaciones escolares excelentes, a los 15 años. Aunque enamorada de la literatura, el cine era otra de sus grandes pasiones. Le encantaban las películas de Fred Astaire y Ginger Rogers y abrigaba la secreta aspiración de ser un día actriz. 
A sus 17 años, fue elegida «Miss Crawford County» y se presentó a «Miss Pensilvania». Allí, uno de los jueces la animó a probar suerte como modelo. Para disgusto de sus padres, dejó la universidad en 1977 y se fue a Nueva York. Guapa a rabiar, con un físico que cortaba el hipo y 1,74 de altura, enseguida la ficharon en la prestigiosa agencia Ford, que la envió a Europa. Pero al poco Sharon regresó a EEUU y se matriculó en clases de interpretación. Con 22 años, consiguió un papelito sin texto en la película «Recuerdos» (1980), de Woody Allen. «Fue una gran experiencia, que podría comparar con la pérdida de la virginidad», aseguró. En «Bendición mortal», un filme de terror de Wes Craven, le dieron su primer papel con frase y, en los siguientes años, consiguió trabajos en películas de segunda categoría y en series como «Mike Hammer» o «Remington Steele». En 1988, cuando aún era una desconocida, rodó en España «Sangre y arena», adaptación de la obra de Blasco Ibáñez dirigida por Javier Elorrieta. Sus compañeros de rodaje, entre los que estaban Ana Torrent y Antonio Flores, la apodaron Charito Piedra, traducción libre de su nombre. Para entonces, llevaba un año divorciada de Michael Greenburg, productor y guionista de la serie «MacGyver», con el que se había casado el 18 de agosto de 1984.


Con Schwarzenegger en «Desafío total»

En 1990, Sharon estaba desesperada porque no veía que tuviera futuro como actriz. Estaba a punto de dejar la interpretación cuando su agente recibió el primer papel con cara y ojos en los 10 años que llevaba postulándose como intérprete: ser la esposa de Arnold Schwarzenegger en «Desafío total». Aquella película de ciencia-ficción fue un éxito, ella empezó a colarse en la prensa y «Playboy» le ofreció hacer su primer desnudo. 
Pero su definitivo salto a la fama le llegó dos años después, en 1992, gracias al cruce de piernas –sin ropa interior– más famoso y provocativo de la historia del cine. Fue en la película «Instinto básico», donde interpretaba a Catherine Tramell, una inquietante escritora de novelas de intriga tan bella y seductora como aficionada a dar inquietantes usos al picahielos. Sobre la escena que la convirtió en uno de los mitos sexuales de Hollywood, Paul Verhoeven, el director del filme, siempre ha asegurado que Stone estaba al corriente y que había accedido encantada a hacerlo. Por su parte, ella se ha mostrado siempre más ambigua. Primero dijo que lo sabía, pero, en otras ocasiones, ha afirmado que fue engañada y utilizada por el director. 

ARCH 02071746 web

Su cruce de piernas sin ropa interior en «Instinto básico», el «thriller» que protagonizó con Michael Douglas, la hizo famosísima.

 


La mujer más deseada y bella del mundo

En cualquier caso, de lo que no hay duda es que la película la catapultó a lo más alto de la fama. «Cuando “Instinto básico” se estrenó, un viernes, yo tenía una vida. Al martes siguiente, ya tenía otra», ha recordado en alguna entrevista, así como que, cuando el filme se presentó en Cannes, «salí del coche y 10.000 personas gritaban mi nombre. Me tuve que cambiar de hotel». Mientras le llovían reportajes que la calificaban como la mujer más deseada y bella del mundo, también se encontró con cosas menos agradables, como hombres trepando hasta el tejado de su casa para llegar hasta ella. 
Convertida en estrella, Sharon pasó a tener el privilegio de escoger qué trabajos hacía. No quería encasillarse en papeles de seductora y buscaba demostrar que era algo más que una cara bonita. Interpretó papeles variados con diferentes resultados, hasta que llegó «Casino» (1995), de Martin Scorsese. Su papel como Ginger, la mujer del personaje interpretado por Robert de Niro, demostró que podía ser una buena actriz. Recibió su primer Globo de Oro y fue nominada al Oscar. Posteriormente, trabajó con reputados directores como Barry Levinson y Sidney Lumet, y el Día de San Valentín de 1998 se casó con Phil Bronstein, director del periódico «San Francisco Chronicle». Tras sufrir dos abortos, la pareja adoptó un niño, Roan Joseph, en el 2000. Vivía centrada en su familia y ajena al mundo exterior, hasta que Bronstein fue atacado por un dragón de Komodo en el zoo de Los Ángeles y tuvo que ser operado. Fue en el 2001 y, ese mismo año, Sharon vivió uno de los sucesos más graves de su vida: sufrió un derrame cerebral que la puso al borde de la muerte. Sharon explicó que vio la clásica «luz blanca» y oyó las voces de sus dos hijos no nacidos pidiéndole que regresara, pero lo peor es que le quedaron gravísimas secuelas. «Durante casi tres años no pude escribir mi nombre, tartamudeaba, perdí la visión en un ojo y, a veces, sentía en la pierna como si me hubieran asestado una puñalada», explicaba. Tuvo la suerte de dar con un doctor que la ayudó a recuperarse. «Poder memorizar otra vez 30 páginas de un guión para un rodaje ha sido para mí una verdadera victoria», decía. 


Adoptó, siendo soltera, a sus dos hijos menores

Pero su vida no volvió a ser la misma. Se volvió más religiosa y esa transformación fue una de las razones que, al parecer, la llevó a divorciarse en el 2004. Ya como soltera, adoptó dos niños, Laird Vonne y Quinn Kelly, y, en el 2008, su exmarido le quitó la custodia de su hijo mayor, Roan. Para entonces, su proyección profesional pasaba por momentos bajos. La secuela de «Instinto básico» había sido un fiasco de tomo y lomo y no tuvo mayor suerte con las otras películas que eligió. En el 2010, sintió que su carrera tocaba fondo cuando intervino en cuatro episodios de la serie «Ley y orden». «Fue humillante. Después de haber trabajado con los mejores, pensé que todo había llegado a su fin», ha reconocido. Recuperó prestigio con la serie «Agent X», donde interpretaba a una ficticia vicepresidenta de EEUU, y su último trabajo es «Mosaic», una tortuosa serie criminal de Steven Soderbergh, en la que encarna a una escritora infantil. 


Su novio, un italiano 19 años menor que ella

En los últimos años ha vivido numerosos romances y, en la actualidad, sale con Angelo Boffa, un inversor inmobiliario italiano de 41 años, pero no se le pasa por la cabeza volver a casarse. «Somos una familia sin padre», les repite a sus hijos, con los que celebró su 60º cumpleaños el pasado 10 de marzo. «Me siento muy orgullosa de haber llegado a esta edad», ha dicho, asegurando que no le importa «cómo se me va a ver cuando envejezca, sino cómo hacer para seguir disfrutando», afirma. Con 80 trabajos a sus espaldas, Sharon Stone, que participa en foros económicos y es una ferviente activista de causas solidarias y sociales, sigue siendo una diva que presume de mantener la belleza sin pasar por el quirófano. Budista confesa, las claves para continuar siendo una mujer rutilante son la meditación, el baile, reír mucho y una dieta sin comida procesada, café, bebidas azucaradas ni alcohol. Diabética, el único dulce que toma es el chocolate negro. Buenas cremas y tratamientos estéticos carísimos la ayudan, también, a mantenerse como una de las mujeres más deseadas del mundo. Entre sus próximos proyectos, una película con Scorsese, una miniserie con Paolo Sorrentino y un filme con Andy García.