Sharon Tate

Actriz y víctima del satánico Charles Manson

El 9 de agosto se cumplieron 50 años del asesinato, cuando estaba a punto de dar a luz, de esta actriz norteamericana a la que el filme «Érase una vez en Hollywood» trae de nuevo a la actualidad.

 

Sharon Tate

 

Sharon Marie Tate nació el 24 de enero de 1943 en Dallas (Texas). Fue la primera de las tres hijas de Paul Tate, militar del servicio de inteligencia del Ejército, y Doris Willett. Desde bebé destacó por su belleza y, cuando tenía sólo 6 meses, ganó el concurso «Miss Tiny Tot», de Dallas («Miss Nena Pequeña»). La profesión de Paul llevó a la familia a constantes cambios de destino, por lo que Sharon desarrolló un fuerte sentido de familia.

 

Novia del protagonista de «West Side Story»

Durante su adolescencia trabajó como modelo y ganó varios certámenes de belleza, proclamándose «Miss Richland» en 1959. Con 17 años, fue la portada de la revista militar «Stars and Stripes» con una foto en la que aparecía en bañador y con sombrero y botas vaqueras, sentada sobre un misil. Poco después, su padre fue destinado a Italia y Sharon se matriculó en la escuela americana de secundaria en Verona. Allí descubrió con sorpresa que era muy popular entre sus compañeros por aquella sensual portada y también se convirtió en la estrella del equipo de animadoras por sus dotes para el baile y las coreografías.

 

Italia sería clave en el futuro de Sharon Tate. Allí conoció al actor Richard Beymer, que acababa de interpretar a Tony en «West Side Story»(1961), y se hicieron novios. Después de que éste la animara a ser actriz, hizo su primera aparición televisiva con el entonces popular cantante y presentador Pat Boone en un especial grabado en Venecia e hizo de extra en diferentes películas americanas que se rodaban en Italia. La primera fue «Barrabás».
En 1962, el coronel Tate volvió a ser destinado a EEUU y Sharon, aunque había mostrado cierto interés por estudiar Psiquiatría, siguió decidida a convertirse en estrella cinematográfica. Richard Beymer le puso en contacto con su agente, Hal Gefsky, quien al verla exclamó: «Eres tan joven y hermosa que no sé qué puedo hacer contigo». Aceptó representarla y firmó un contrato con el productor Martin Ransohoff, quien, al ver que no había estudiado interpretación, decidió que fuera adquiriendo experiencia haciendo anuncios publicitarios y papeles menores en diferentes películas y series de televisión, como la popular «Los nuevos ricos de Beverly Hills» y «Mister Ed». Para entonces conocía ya al actor francés y aristócrata Philippe Fourquet, con quien entabló una relación tan sólida que llegaron a comprometerse.

 

Su gran oportunidad, quizás premonitoriamente, llegó con «El ojo del diablo» (1966), una película de terror satánico donde tenía un papel secundario pero notorio. Allí conoció al estilista Jay Sebring, con quien inició una relación amorosa. Poco después, Ransohoff impuso a Sharon como protagonista femenina de «El baile de los vampiros», una película cómica de terror interpretada y dirigida en 1967 por el director de origen polaco Roman Polanski. Él mismo tomó las fotos de semidesnudos de Sharon para promocionar la película, que se publicaron en «Playboy» en marzo de 1967.

 

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Roman Polanski y Sharon el día de su boda, en Londres.

Una boda informal y «hippy» en Londres

Al principio, Roman y Sharon no congeniaron pero, conforme fue avanzando el rodaje, se fueron enamorando. Sharon dejó a Sebring, quien llegó a enfrentarse al director, aunque, finalmente, llegarían a ser grandes amigos. Ese año, Tate obtuvo uno de los papeles estelares en su cinta más recordada, «El valle de las muñecas», con la que fue nominada al Globo de Oro.
Roman y Sharon vivieron unos meses en Londres codeándose con los artistas más populares del momento, como Peter Sellers, Warren Beatty o Mia Farrow. Y es que eran la pareja del momento: Polanski era un director de moda y Sharon, una estrella de Hollywood en ascenso. Su casa londinense se convirtió en un centro chic de todo aquel que quería ser conocido. 

 

Roman y Sharon se casaron en Londres el 20 de enero de 1968 en una boda improvisada en la que se vistieron a la moda de entonces: de «hippy ricos». Volvieron a EEUU cuando Sharon se quedó embarazada y, en marzo de 1969, se instalaron en el 10050 de Cielo Drive, en el lujoso barrio de Bel Air de Beverly Hills, en Los Ángeles. Era una gran vivienda con piscina y casa de huéspedes, que Sharon denominó como su «nido de amor». Allí habían vivido antes que ellos el cantante Terry Melcher, hijo de Doris Day, y su novia, la actriz Candice Bergen. Terry acababa de rechazar, por mediocre, la producción de un disco de un músico ansioso de fama y dinero llamado Charles Manson, sin saber lo que aquella negativa desencadenaría.


A sus 35 años, Manson se había pasado la mitad de su vida en correccionales y prisiones por robos con violencia. Dos veces casado y padre de dos hijos, la necesidad de destacar en algo le llevó a autoproclamarse líder de una secta de jóvenes, en su mayoría chicas. Unidos por las drogas, el sexo en grupo y la doctrina mesiánica y satánica, se hacían llamar «la familia». El sonido de los Beatles caló en el corazón del histriónico mesías, en especial la canción «Helter Skelter», que llegó a obsesionarle. Según él, los integrantes de la banda británica eran los cuatro jinetes del Apocalipsis que hacían música para enviarle mensajes. La secta se instaló en una granja del Valle de la Muerte, donde Charles les convenció de que el fin del mundo estaba cerca y que sólo los elegidos –ellos– se salvarían. Para acelerar el proceso, les convenció de perpetrar salvajes asesinatos, de los que acusarían a la población afroamericana.

 

Su exnovio, una rica heredera y un guionista

La ira de Manson se desató el 9 de agosto de 1969. Envió a cuatro acólitos –Susan Atkins, Patricia Krenwinkel, Leslie van Houten y Tex Watson– a la que pensaba que era la casa del productor Terry Melcher, sin saber que allí vivían entonces los Polanski. Sharon, de 26 años y que estaba a dos semanas de dar a luz a su primer hijo, había invitado a unos amigos: Jay Sebring, su exnovio y estilista; Abigail Folder, una rica heredera, con su pareja, el guionista Voityck Frykowski. Roman no estaba porque se encontraba rodando en Londres. 

 

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Sharon Tate embarazada, poco antes de morir.

Enterrada al lado de su hijo, Paul Richard

El cuarteto de la muerte irrumpió en la casa al grito de «Vamos a matar a esos cerdos», pero antes de entrar, dejaron su primer muerto: Steven Parent, un joven de 19 años que había ido a visitar al guarda de la casa y cayó tiroteado en el jardín. Luego asestaron 169 puñaladas a sus otras cuatro víctimas. La última en caer fue Sharon Tate, para la que tampoco hubo piedad. «Mira, zorra, vas a morir y no me importa nada», le gritó Susan Atkins antes de asestarle 16 puñaladas. Luego pintó con su sangre en la puerta de la casa: «Cerdos. Misión cumplida». Por aquel salvaje crimen –y otros que cometieron después–, los sectarios y el autor intelectual de los hechos, Charles Manson, fueron condenados a cadena perpetua.

 

El 13 de agosto Sharon Tate fue enterrada en el cementerio Holy Cross de Culver City, California, al lado de su hijo, Paul Richard Polanski, nombre póstumo en homenaje a sus dos abuelos. El director, por su parte, le dedicó a su esposa una de sus mejores películas: «Tess», la novela que estaba leyendo Sharon antes de morir. La casa de Cielo Drive fue derruida y se construyó un nuevo edificio.

 


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