Stan Lee

Creador del universo de superhéroes de Marvel

Guionista y productor cinematográfico que cambió el mundo del cómic, introduciendo personajes con poderes sobrenaturales y problemas muy humanos.

 

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Stanley Martin Lieber nació el 28 de diciembre de 1922 en Manhattan (Nueva York, EEUU) en el seno de una familia judía procedente de Rumanía. Sus padres, Jack Lieber y Celia Solomon, tuvieron un segundo hijo, Larry. Sastre de profesión, tras la Gran Depresión americana, el padre de Stan sólo tenía trabajos esporádicos y la situación de la familia llegó a ser tan mala que tuvieron que mudarse a un piso de una única habitación en el Bronx, donde las peleas eran constantes. Para escapar de ese mal ambiente, Stan se refugió en las películas de Errol Flynn, la lectura y en mejorar su dotes dialécticas. Por entonces, perfiló una de sus máximas vitales. «Lo más importante para un hombre es tener trabajo que hacer, ser necesario», escribiría después en su autobiografía, «Excelsior». 


Empezó a trabajar a los 16 años, tras acabar la escuela secundaria, con empleos de lo más variado: escribió obituarios para el Centro Nacional de Tuberculosis, vendió pantalones vaqueros y fue acomodador en Broadway. Por suerte para él, a los 17 años, un tío suyo le ayudó a entrar, como chico de los recados por un salario de 8 dólares semanales, en la editorial Timely Publications. Allí, Lee hizo de todo hasta que, en 1941, empezó a trabajar como guionista. Publicó su primer trabajo en 1941, escribiendo algunas viñetas para «Capitán América 3», un personaje que no era suyo. Firmó entonces con el seudónimo como Stan Lee, porque aspiraba a usar su nombre real en un futuro, cuando fuera un gran novelista. Ese mismo año, creó su primer personaje: Destroyer, un superpoderoso doctor antinazi. En 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, se alistó en el ejército y pasó tres años escribiendo manuales, documentales y eslóganes publicitarios para las tropas. 


Casado con Joan, una exmodelo británica

A su regreso a la vida civil, recuperó su trabajo en la editorial y conoció a Joan Clayton, una modelo británica con la que se casó el 5 de diciembre de 1947. Tuvieron dos hijos: Joan Celia, en 1950, y, tres años después, Jan, que murió a los tres días de nacer. Un suceso que significó el episodio más traumático de su vida. 
Joan fue una de las claves para que Stan Lee se convirtiera en uno de los grandes del cómic norteamericano, género que dignificó y renovó. A finales de los años 50, estaba cansado de hacer siempre lo mismo en la editorial, sobre todo cuando sus jefes le dijeron que tenía que desarrollar una idea para competir con la editorial DC Comics, que estaba teniendo un enorme éxito comercial con superhéroes como Superman o Batman. Se planteaba muy seriamente cambiar de trabajo, cuando su esposa le dijo: «Hazlo como a ti te gustaría. Mete tus ideas en el cómic. ¿Qué es lo peor que podría pasarte? ¿Que te despidan?». Lee le hizo caso, se quitó los grilletes creativos y puso los cimientos para la revolución del género. 


Un grupo de héroes imperfectos y singulares

Así, el 8 de noviembre de 1961 vio la luz el primer número de «Los 4 Fantásticos», que lo iba a cambiar todo. El cuarteto, con dibujos de Jack Kirby, era todo lo contrario a los superhéroes que sus jefes le habían pedido: se trataba de una familia de astronautas con poderes, que no llevaban disfraz y que se pasaban más tiempo peleando entre ellos que contra los malvados. Además, vivían en una Nueva York muy real. Fue un rotundo éxito y el inicio de lo que después se conocería como la «era Marvel de los cómics». Acompañado por un equipo de dibujantes extraordinarios como Kirby, Steve Ditko, John Romita, John Buscema, Gene Colan y su propio hermano, Larry Lieber, Stan Lee empezó a poblar el universo Marvel de héroes tan imperfectos y singulares como Hulk, Thor, Spiderman, Iron Man, Los Vengadores (donde Lee recuperó al Capitán América como un héroe fuera de lugar) o Daredevil, entre otros. Su mensaje iba más allá de las peleas para incluir asuntos tan inusuales como la droga, los derechos civiles, las minorías (la Patrulla X-Men eran mutantes rechazados por la ciudadanía) y sumó a la terna superhéroes negros, como Halcón o Pantera Negra. 

 


Apodado en Marvel como «The Man», Lee pensaba, escribía y controlaba decenas de guiones y títulos cada mes, lo que le llevó a inventarse una manera diferente de trabajar, que, con el tiempo, pasó a llamarse «método Marvel» y sigue usándose: pensar una historia con un dibujante, escribir la idea, dejar que el artista dibujara y luego llenar los globos con diálogos, onomatopeyas y narración. Una manera de trabajar que estimulaba la creatividad, pero que, con el tiempo, dio lugar a más de un conflicto judicial por la cuestión de quién era el autor de las historietas. Y es que, con el éxito, empezó a haber mucho dinero en juego. Acusaciones, polémicas y denuncias en las que Stan, que para entonces era el rostro visible y amable de Marvel, no quería entrar. Vitalista, entusiasta y apasionado, vivía volcado en inventar su universo de héroes, malvados y secundarios. Tras su inconfundible bigote y sus gafas oscuras, se convirtió en un icono para los aficionados, con los que mantenía una fluida comunicación en conferencias, congresos y salones de cómic. Pero le quedaba un reto: llegar a Hollywood. Convenció a los dueños de Marvel para instalarse en Los Ángeles y llevar a los superhéroes a la gran pantalla. No fue tarea fácil. Acumuló muchos fracasos, pero, finalmente, consiguió reconvertirse en un magnífico productor cinematográfico, uno de los más poderosos de la industria: sumando la recaudación de la veintena de películas producidas por Marvel Studio con sus «criaturas», se alcanzan los 17.000 millones de dólares, lo que convierte a Marvel en la franquicia que más dinero ha generado en toda la historia del cine. Y en cada cinta de la factoría aparecía Lee (para entonces había adoptado oficialmente su seudónimo) haciendo un cameo (breve aparición), al estilo Alfred Hitchcock. Le encantaba. Ha sido conductor de autobús en «Vengadores: Infinity War»; vendedor de perritos calientes en «X-Men»; invitado en la boda de «Los 4 Fantásticos y Estela Plateada»; policía en «Capitán América: soldado de invierno» o militar en «Capitán América: el primer vengador», entre otros. Su último cameo fue como el hombre que pasea un perro al final en «Venom», aunque otros aseguran que le dio tiempo a rodar una escenita en «Vengadores 4», que no se ha estrenado. También se coló en proyectos ajenos como «Mallrats», «Princesa por sorpresa», «Big Bang Theory» o «Los Simpson». A los 50 años de haber renunciado a su sueño de ser novelista, Stan Lee lo tenía claro. «No tendría paciencia», decía, explicando el enorme placer que le daba acabar un cómic en un día. 

 

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Stan Lee con su esposa, Joan, y algunos superhéroes en una fiesta en Marvel.


Una fortuna personal cifrada en 60 millones

Siempre enérgico y lúcido, Lee no dejó nunca de escribir y acudía cada día a su oficina en Pow! Entertainment, la empresa que fundó en el 2001 para desarrollar películas, series de televisión y videojuegos. Seguía siendo una «celebrity» con estrella propia en el Paseo de la Fama y no podía dar un paso sin que le pidieran una foto. Y si le preguntaban quién era más fuerte, si la Cosa o Galactus, respondía invariablemente: «Depende del guionista». La muerte de su esposa, en julio del 2017, fue un terrible mazazo. Empezaron entonces unos meses tortuosos con muchos líos y demandas de personas de su entorno, que ambicionaban controlar su fortuna, cifrada en unos 60 millones de euros. Le apenaban, sobre todo, las manipulaciones de su hija, JC. Stan Lee murió el 12 de noviembre, a los 95 años, en un hospital de Los Ángeles por complicaciones de una neumonía.