Thomas Cook

Padre del turismo moderno

La quiebra del operador turístico británico Thomas Cook, que atrapó a 114.000 turistas en nuestro país, puso de actualidad a su fundador, responsable de que el turismo dejara de ser cosa de ricos gracias a los viajes organizados.

 

Thomas Cook

 

Thomas Cook nació el 22 de noviembre de 1808 en Melbourne (condado de Derbyshire, Inglaterra). Fue el único hijo de John y Elizabeth Cook. En 1812, cuando tenía 4 años, su padre murió dejando a la familia en la pobreza y, aunque su madre trató de enderezar la situación casándose en segundas nupcias con James Smithard, las circunstancias no mejoraron. Así las cosas, Thomas se vio obligado a abandonar la escuela a los 10 años para trabajar como ayudante de jardinero en la finca de Lord Melbourne, y, posteriormente, emplearse como aprendiz en un mercado de frutas y verduras.


Aunque tuvo que dejar las clases, continuó su formación en la escuela dominical de los metodistas hasta los 13 años, cuando, siguiendo los deseos de su madre, se unió a la Iglesia de los baptistas, a la que pertenecía toda su familia materna. Por aquel entonces, y siempre pensando en encontrar un trabajo que mejorase la maltrecha economía familiar, Thomas comenzó a trabajar como aprendiz de carpintero con su tío. Todos los que le conocían coincidían en decir que era «un joven serio, comprometido y un devoto cristiano». Por eso a nadie le extrañó que, a los 18 años, dijera que había tenido una revelación, se convirtiese en misionero y se dedicara a ir de pueblo en pueblo predicando la palabra de Dios. Sólo en 1829, según dejó escrito en su diario, recorrió cerca de 4.000 kilómetros a pie.

 

Casado con la hija de un granjero

A los 25 años, en 1833, Thomas se casó con Marianne Mason, hija de un granjero que daba clases en la escuela dominical. Pronto la pareja tuvo dos hijos: John, que vino al mundo en enero de 1834, y Henry, que nació 11 meses después. A pesar de la fe que movía al matrimonio, Dios no les salvó de la tragedia y el pequeño Henry falleció cuando aún era un bebé. Tardaron 10 años en tener otro hijo, una niña, Annie, que vino a llenar el vacío que dejó su segundo vástago. El destino, no obstante, volvió a castigar a los Cook cuando en 1880, a la edad de 34 años, Annie fue hallada muerta en la bañera de su casa, supuestamente envenenada por inhalar monóxido de carbono por culpa de un aparato nuevo que estaba causando furor entre las clases ricas de Inglaterra, un calentador. Aquel golpe fue demasiado para la esposa de Cook, que cayó enferma de tristeza y acabó falleciendo cuatro años después. 


Y si la vida personal de Thomas Cook estuvo teñida por las pérdidas y ausencias, su vida profesional fue justo lo contrario. En 1841, Cook se trasladó con su familia a Leicester, donde, por un lado, había una gran comunidad baptista y, por el otro, 700 cervecerías y decenas de prostíbulos, lo que suponía un gran reto para un predicador joven.  


Odiaba el alcohol

Allí, consiguió trabajo como impresor y también como vendedor de libros, especializándose en el llamado Movimiento de la Templanza, un colectivo que estaba contra el consumo de bebidas alcohólicas, a las que responsabilizaba de todos los males que aquejaban a la sociedad y que transformaba a los seres humanos en «animales salvajes e incontrolables». Precisamente su odio hacia esas «bebidas diabólicas», como él mismo las calificaba, fue lo que le llevó a crear, casi sin saberlo, el turismo moderno. El 5 de julio de 1841, Thomas Cook preparó su primer viaje organizado. Fue una excursión en ferrocarril de 19 kilómetros, desde Leicester hasta Loughborough, con motivo de un congreso contra el alcohol del Movimiento de la Templanza. Aquel primer viaje incluía billete de ida y vuelta en tren, la asistencia a la conferencia, concierto con banda musical y un partido de críquet en un parque, que acababa con una merienda a base de galletas y cerveza de jengibre sin alcohol. Y todo por 1 chelín, el equivalente a 6 céntimos de euro actuales. 


Visto el éxito de la experiencia, en 1844, Cook negoció un acuerdo con la compañía ferroviaria, de manera que si alcanzaba un mínimo de pasajeros, los billetes le saldrían más baratos y los podría ofrecer a precios asequibles a las clases trabajadoras para sus vacaciones. Esa fue la verdadera revolución que llevó a cabo Cook. No sólo aprovechó la irrupción del ferrocarril y de la máquina vapor, que acortaba las distancias, para que más gente pudiese conocer otras ciudades y otros países, también popularizó los viajes y los hizo accesibles para las clases menos favorecidas. 

 

Thomas cook party 1912

Un grupo de viajeros de una de sus rutas organizadas. 

 


Pionero de las guías y revistas de viajes

Cook creía firmemente en la igualdad y, además, estaba convencido de que viajar era una forma de seguir adquiriendo conocimientos, especialmente para aquellas personas que, como él, habían tenido que abandonar el colegio a edades tempranas. Defendía que acababa con los prejuicios y la estupidez de la gente y que era la mejor y más sana alternativa a los bares, las casas de apuestas y los prostíbulos. «Viajar alimenta la mente y humaniza el alma; viajar es leer siempre un libro nuevo, disfrutar al máximo de los descubrimientos; viajar es disipar las brumas de la fábula, despejar de la mente los prejuicios aprendidos durante la infancia y comprender la perfección de una mirada», dejó escrito.  


En 1845, organizó otra excursión, a Liverpool, pero esta vez utilizando el nombre de su nueva compañía, Thomas Cook & Son, y, en 1846, hizo el primer viaje con guía, llevando a 350 personas a través de Escocia. Aunque tuvo que superar algunos contratiempos por la falta de experiencia, su empresa se fue consolidando de manera imparable. Prueba de ello es que en 1851 logró llevar a la Exposición Universal de Londres a 150.000 turistas, que en 1855 cruzó el Canal de la Mancha con viajes a París y que, pronto, empezaron a surgir otras empresas que copiaban descaradamente su modelo de negocio. 
Cook se expandió con destinos turísticos no sólo en el Reino Unido, sino también en el resto de Europa, Norteamérica (en 1866 llevó a sus clientes a visitar escenarios de la Guerra Civil americana), Egipto y Oriente Medio (la antigua ciudad de Petra se puso de moda) y Australia. Por otro lado, hay que destacar que, aparte de ir incorporando a su clientela a la clase media, un porcentaje elevado de su público eran mujeres solteras, que iban solas y que se apuntaban a su agencia porque Thomas Cook les ofrecía la posibilidad de ir en grupo, algo que les hacía sentirse seguras. Pero Cook no solo inventó el turismo moderno. Aprovechando su habilidad como impresor, fue pionero de las revistas de viajes y, si en 1843 escribió la «Guía de Leicester», dos años más tarde imprimió un folleto de 60 páginas donde describía la ruta de otro de sus recorridos. No sólo eso. En 1868, inventó los llamados «vouchers» o cupones, que los turistas entregaban en los hoteles y que avalaban el pago del alojamiento y la comida, y, en 1874, los «cheques del viajero», que permitían a los turistas obtener dinero local a cambio de una nota emitida por la agencia.


Desavenencias con su hijo

El éxito de su empresa fue tal, que en 1888, 43 años después de su creación, ya tenía oficinas en todo el mundo y emitía más de 3.250.000 de billetes de viaje.  Sin embargo, el viaje de Thomas Cook por la vida no tuvo un final tan feliz. Tras la muerte de su esposa, las desavenencias con su hijo John le llevaron a romper su relación y acabó muriendo solo y casi ciego en Thorncroft, la gran mansión que tenía a las afueras de Leicester, el 18 de julio de 1892, a los 83 años.
Su imperio turístico siguió creciendo hasta que, en 1928, sus nietos, Frank y Ernest, la vendieron a la empresa propietaria del célebre tren Orient-Express, la Compañía Internacional Wagons-Lits. 


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