Thomas Lipton

Fundador de la marca de té más famosa del mundo

Este famoso escocés se hizo rico abriendo tiendas de comestibles, y, sobre todo, haciendo que el té tuviera un precio asequible

 

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Thomas Johnston Lipton nació el 10 de mayo de 1850 en Hutchesontown, un barrio popular de Glasgow (Escocia). Fue el quinto hijo de Thomas y Frances, que emigraron de Irlanda en 1840 huyendo de la Gran Hambruna y abrieron una tienda de alimentación. El pequeño Thomas, que ayudaba en el negocio familiar haciendo repartos, estudió en la escuela de Saint Andrews. Allí, con sus amigos, formó un club que hacía carreras con barcos de juguete en los estanques del parque de High Fields. Su pasión por la navegación empezó a forjarse en esos años, cuando recorría la orilla del río Clyde con un carrito para recoger alimentos de los barcos que atracaban, y escuchar las historias de los marineros. Su afición por el mar le inspiró para dibujar y modelar un velero de juguete, que bautizó como «Shamrock». 


A los 10 años dejó la escuela y empezó a trabajar como chico de los recados por un salario semanal de media corona (0,14 céntimos de euros) a la semana. «Cuando cobré mi primer salario sentí que el mundo era mío. Salí corriendo hacia la pequeña tienda de mis padres y le di el dinero a mi madre que, emocionada, me dio un beso que nunca olvidaré», relataría años más tarde. 


Su siguiente trabajo fue en la fábrica de camisas Tillie & Henderson, cortando patrones, de donde, con 14 años, pasó a ser camarero en una línea de barcos de vapor entre Glasgow y Belfast. Sin embargo, lo despidieron al poco tiempo tras un descuido que provocó desperfectos en la cabina de un barco. 
Thomas no perdió el tiempo en lamentaciones y, con sus ahorros, compró un pasaje para New York. No encontró empleó en la Gran Manzana, por lo que decidió irse a trabajar a los campos de tabaco de Virginia y, después, a una plantación de arroz en Carolina del Sur, donde fue responsable de la contabilidad. Eso le dio la base para emprender, en el futuro, sus propios negocios. 

 

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Foto de la fachada de una de sus tiendas de comestibles.

 

El uso de la publicidad, la clave de su éxito

A su regreso a Nueva York, empezó a trabajar en una tienda de comestibles.  Lo tenía muy claro, «todo el mundo tiene que comer ... y la tienda que sepa seducir a la gente para que compre sus productos nunca estará vacía». En la primavera de 1869, con un montón de ideas en la cabeza y el dinero que había ahorrado en su aventura americana, decidió regresar a Glasgow para abrir su propio establecimiento. El 10 de mayo de 1871, cumplidos los 21 años, inauguró su primer local comercial en Stobcross Street. Empezaba una fulgurante carrera que le llevaría, con el paso de los años, a fundar la marca de té más reconocida del mundo. 


¿Qué hizo de este escocés de origen irlandés un empresario tan exitoso? El uso de la publicidad, algo absolutamente innovador en aquellos años. Contrató a un buen dibujante, Willie Lockhart, para que creara, cada semana, sus anuncios y éstos fueron decisivos para el auge de sus negocios. Además, ponía sus productos apilados, siguiendo lo que había visto en EEUU, con el propósito de captar la atención de los clientes y, como hacían sus padres, trataba directamente con los agricultores y ganaderos para comprar sin intermediarios el tocino, los huevos y la mantequilla, pudiendo ajustar los precios. Fruto de estas estrategias, cinco años después, tenía 20 tiendas y un almacén en el oeste de Escocia con el nombre de Lipton y había iniciado su expansión en EEUU. 

 


Un elefante arrastrando un enorme queso

La apertura de cada nueva tienda Lipton se anunciaba con carteles, acciones de marketing (como un desfile de cerdos) y era un acontecimiento del que se hacían eco todos los diarios. El mismo Thomas asistía a las inauguraciones para entregar, personalmente, premios a los primeros clientes. Pero su acción publicitaria más famosa tuvo lugar en 1881, cuando anunció que iba a importar desde Nueva York el queso más grande del mundo. Cuando este gigantesco producto, de un metro de grosor y 4 de diámetro, llegó a Nottingham, contrató un elefante de circo para transportarlo. La «performance» fue perfecta: lo vendió todo en menos de dos horas. Cuando en una entrevista le preguntaron cuál era el secreto de su éxito, respondió que se esforzaba siempre como si fuera a abrir un nuevo local cada semana. Así, a finales de la década de 1880, era propietario de 300 tiendas de comestibles. Un pequeño imperio que le permitió dedicarse a otros asuntos, como la filantropía y el mecenazgo deportivo.  

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Cartel «vintage» de Lipton

 


En su vida personal, en 1871, Thomas Lipton se casó en Glasgow con Margaret McAuslan, embarazada de un hijo suyo que murió en sus primeros meses de vida.  En 1873, y a pesar de que tuvieron otro hijo, de nombre William, se separaron y ella se fue a vivir a Canadá contando, eso sí, con la ayuda económica de Thomas. Aliviado, el empresario encontró entonces, según explica el escritor James Mackay en la biografía «Sir Thomas Lipton, the man who invented himself», a su verdadero amor en uno de los ayudantes de su tienda: William Love. Con él, que fue su compañero, su confidente y su mano derecha, vivió desde 1874 a 1893. Su separación fue amistosa y continuaron siendo amigos. Sin embargo, la prensa seguía considerándolo un soltero de oro y en las columnas de ecos de sociedad se le relacionaba con damas jóvenes, atractivas y de buena posición. 


Té a precios que pudiera pagar todo el mundo 

Pero si por algo es famoso el nombre de Thomas Lipton no es por sus tiendas de alimentación, sino por el té. En aquella época esta deliciosa infusión era una bebida exclusivamente de clases altas porque era un producto muy caro, pero él pensó que, si conseguía reducir su precio y que las clases medias y bajas pudieran comprarlo, tendría una gran oportunidad de negocio. 


Para ello, en 1890, viajó a Ceilán (Sri Lanka) y compró varias plantaciones para poder controlar todo el proceso de fabricación y comercialización de esta infusión, sin intermediarios ni distribuidores, con el objetivo de venderlo a un precio asequible para todo el mundo. Fue una revolución, que resumió con una frase publicitaria: «Directamente de los campos de té a la tetera». Así, si sus tiendas le hicieron millonario, los tés le convirtieron en... ¡multimillonario!
Tenía 50 años y la vida más que solucionada, así que, por fin, iba a poder dedicarse en cuerpo y alma a su gran pasión: la navegación. Entre 1899 y 1930, participó cinco veces en la Copa América a bordo de sus propios veleros (entre ellos varios llamados «Shamrock», como el que había diseñado siendo un niño), sin conseguir jamás la victoria, pero logrando que el nombre Lipton se asociara para siempre a esta prueba. También organizó numerosas competiciones náuticas por todo el mundo. Su rostro, con gorro de marinero, aparecía en los paquetes de su marca y todo el mundo quería fotografiarse con él. Por otro lado, sus derrotas y lo bien que las llevaba hicieron que en EEUU le entregaran una copa de oro, hecha en la joyería Tiffany, para conmemorar «la perseverancia y el espíritu deportivo del perdedor más entusiasta» del mundo.


A lo largo de su carrera, Lipton también destacó por su labor solidaria. A pesar de codearse con la realeza inglesa (compartía con Eduardo VII y Jorge V su amor por los barcos), de ser nombrado caballero del Imperio británico y de ocupar la portada de la revista «Time», nunca olvidó sus orígenes humildes y siempre mostró compasión por los pobres y desempleados. 


Legó la mayoría de su fortuna a su ciudad natal

En 1897, aportó 27.000 euros para organizar comidas para los pobres de Londres durante las celebraciones del Jubileo de la reina Victoria, y, durante la Primera Guerra Mundial, convirtió su yate de lujo, el «Erin», donde había invitado al mismísimo káiser Guillermo y a otros miembros de la realeza, en un hospital para la Cruz Roja y transportó todo un centro médico de campaña hasta Francia. 
Thomas Lipton, el hombre que se inventó a sí mismo y popularizó el té, murió el 2 de octubre de 1931 en su casa de Londres, legando la mayor parte de su herencia a su ciudad natal, Glasgow.