Tutankamón

El faraón más famoso de la historia

En el año 1345 a. C. nacía en Egipto Tutankamón, el más famoso de los faraones del antiguo Egipto, a pesar de que sólo vivió 19 años...

Era la época dorada del imperio del antiguo Egipto, entonces la nación más poderosa del mundo. Nació en la ciudad de Aketatón, la actual Tell el-Amarna, donde sus padres fijaron la nueva capital de Egipto tras dejar Tebas, la actual Luxor. El futuro faraón recibió el nombre de Tutank-Atón, que significa «la imagen viva de Atón», que luego cambiaría por Tutank-Amón. 


La bella reina Nefertiti fue su madrastra


Los expertos no se ponen de acuerdo sobre quienes fueron los padres del rey Tut, aunque tras las pruebas de ADN realizadas en el 2010 se decantan por señalar al faraón Akenatón como su progenitor. La esposa de éste era la bella reina Nefertiti, que le dio seis hijas, pero se cree que la madre de Tutankamón fue una de las hermanas del faraón o quizás una de sus hijas mayores. El incesto era bastante común en esa época para perpetuar el linaje real como descendientes de dioses, ya que se consideraban una estirpe sagrada. Otra de las hipótesis es que su madre fuera Kiya, una esposa secundaria del faraón, que habría fallecido joven por el parto. Fuera quien fuera la madre, no hay duda de que Nefertiti fue su madrastra.


La descendencia entre parientes cercanos aumenta el riesgo de malformaciones genéticas y eso le pasó a Tutankamón. Tenía el paladar hendido, era patizambo y, por los datos obtenidos de su cadáver, podría haber padecido el síndrome de Klippel-Feil, que consiste en tener las vértebras cervicales fusionadas. Los 130 bastones hallados en su tumba, la mayoría usados, evidencian que tenía serias dificultades para caminar. 


Su padre murió joven, por envenenamiento


En aquella época esplendorosa y convulsa del Egipto clásico, su padre murió joven, envenenado. Tras un par de regencias que duraron un año, el único hijo varón de Akenatón subió al trono en una gran ceremonia en el templo de Karnak. Tutankamón tenía unos 9 años. El ascenso al trono se legitimaba con el matrimonio, así que el rey-niño tuvo que casarse con Anjesenamón. Ésta tenía 13 años y era la tercera de las seis hijas de Akenatón con Nefertiti. Es decir, que Tutankamón y su esposa eran medio hermanos. De nuevo, un parentesco acumulado fue, según los expertos, la causa de la muerte de sus dos hijas, fallecidas durante la gestación. Los ataúdes de éstas aparecerían tres milenios después en el mismo sarcófago de su padre y la mayor presentaba la denominada deformidad de Sprengel, con espina bífida y escoliosis. 

 


Tutankamón y Anjesenamón gobernaron durante 10 años. Por las escenas pintadas en su tumba parece que ambos se tuvieron un profundo y tierno amor. El visir Ay, padre de la reina Nefertiti y abuelo de Anjesenamón, se convirtió en el consejero oficial y era quien movía los hilos del imperio junto con el general en jefe de los ejércitos, Horemheb, con el cargo de regente. Ambos ansiaban ser faraones y conspiraron continuamente contra Tutankamón para alzarse con el poder y, de hecho, serían los siguientes faraones tras la muerte del rey-niño. 
Tras dejar su ciudad natal, el rey Tut se trasladó a una de las ciudades más influyentes del imperio, Menfis, a unos 20 kilómetros al sur de la actual El Cairo y, finalmente, a la capital tradicional y religiosa de su dinastía: Tebas. Al subir al trono todavía llevaba el nombre de Tutank-Atón, dado por su padre, a quien se apodó «el faraón hereje» porque eliminó todas las deidades egipcias lideradas por el dios Amón-Ra para adorar a uno solo, el dios Atón, representado por un disco solar radiante. 


Desmanteló el culto monoteísta de su padre


Aquel fue el primer intento en la historia de una religión monoteísta, pero duró muy pocos años porque aquel drástico cambio desembocó en una rebelión de los sacerdotes, una clase con un gran poder. El joven faraón Tut intentó apaciguar los ánimos de los poderosos sacerdotes regresando a las viejas creencias y restaurando el culto al panteón de dioses de Amón-Ra. Tenía 13 o 14 años cuando publicó el decreto de la restauración de los dioses en el que, además, devolvía a los sacerdotes sus privilegios «enriqueciendo con oro, plata, bronce y cobre sus propiedades y sin limitación», según reza en una estela que se conserva en el Museo de El Cairo. En realidad, ésta fue la única aportación reseñable en todo su reinado y fue cuando cambió su nombre a Tutank-Amón, pasando de ser considerado de rey-niño a dios-viviente. 

 


Instalado en el Palacio Real de Tebas, fue un gran aficionado a la caza. Entre su ajuar funerario se encontraron muchos carros, lanzas y dagas, una de ellas forjada con hierro extraído de un meteorito. En muchas representaciones, aparece disparando flechas sentado, probablemente por sus malformaciones. Una constitución débil agravada por la malaria que padeció, enfermedad que diezmó la población de Egipto. En su reinado no se produjeron grandes campañas militares, salvo la recuperación de territorios en Siria, Gaza y Nubia, aunque sí se le reconoce haber traído la paz a su reino y haber reconstruido gran cantidad de templos.


Con 19 años, Tutankamón falleció repentinamente y las causas de su muerte han sido objeto de numerosas especulaciones. Por los hematomas y las heridas halladas en la momia se creyó que podría haber sido asesinado por su hombre de confianza, el visir Ay. Hoy, los expertos se decantan por una muerte accidental, seguramente al haber caído de un carro tirado por caballos mientras cazaba. Debió fracturarse el fémur, lo que le produjo una infección agravada por su débil estado de salud. Una versión menos glamurosa afirma que la fractura de la pierna pudo ser debida a una coz de avestruz, el animal que más le gustaba cazar. 


Tumba de menor rango a la que le correspondía


Su enterramiento confirma que fue una muerte imprevista, ya que su tumba no estaba aún preparada. Por ello, fue sepultado en un mausoleo bastante pequeño y sobrio para lo que correspondía a su rango en el actual Valle de los Reyes. Probablemente, era la tumba destinada al visir Ay. El embalsamamiento también se produjo con retraso, por lo que le cubrieron con muchos ungüentos y resinas para evitar el mal olor. Eso provocó que su momia se conservara en muy mal estado. El rey Tut no dejó sucesión, así que fue el visir Ay, ya sexagenario, quien subió al trono tras casarse con la viuda Anjesenamón, su propia nieta. 

 


El 18 de febrero de 1923, el arqueólogo británico Howard Carter fue la primera persona que, 3.000 años después de haber sido sellada, entraba en la cámara funeraria de Tutankamón. Un sarcófago de cuarcita contenía tres ataúdes, uno con el cuerpo momificado del faraón y otros dos con los restos de sus hijas, dos fetos de cinco y ocho meses. La de Tutankamón fue la primera momia de un faraón que se encontraba no profanada por los ladrones de tumbas y está considerada como uno de los mayores hallazgos arqueológicos de la historia. En la antecámara ya habían descubierto, tres meses antes, multitud de tesoros, estatuas, carros desmontados y oro, mucho oro. También la famosa máscara mortuoria, de 10 kilos de peso, tenía el dorado metal como protagonista.


La «maldición» que pesaba sobre su tumba


Pero, los posteriores acontecimientos despertaron todo tipo de fantasías entre la gente bajo el siniestro epígrafe de «la maldición de Tutankamón». Audrey Herbert, hermano de lord Carnavon, el filántropo inglés que había financiado la expedición de Carter, murió al regresar a Londres tras haber participado en la abertura de la tumba. Arthur Mace, el hombre que hizo el agujero en el muro, falleció poco después y el propio lord Carnavon lo hizo a los pocos meses. No fueron los únicos. Hasta una docena de personas relacionadas con la expedición morirían en la siguiente década. Se habló de bacterias milenarias, esporas de hongos encerradas en vasijas, gases nocivos en la cámara sellada y, por supuesto, de una supuesta maldición escrita en la entrada de la tumba advirtiendo del peligro a quienes la profanaran, pero que se comprobó que nunca existió.

 

 

Sobre este esotérico tema, el propio Carter se mostró escéptico, calificándolo de «estúpidas ideas», y lo demostró falleciendo por causas naturales en 1939.