Adoptan a una niña y descubren que es una mujer con enanismo

Según los padres, además de engañarlos quería matarlos

Natalia Grace
Natalia Grace resultó ser una mujer con enanismo que, según sus padres, intentó matar a su familia.

Como si de la película de terror «La huérfana» se tratara, una pareja estadounidense vivió una terrible historia que está dando la vuelta al mundo. La pareja, actualmente divorciada, decidió adoptar en un orfanato de Florida en 2010 a una niña ucraniana en situación de emergencia.

 

Según los papeles de adopción, Natalie Grace tenía 10 años, pero en realidad resultó ser una chica de 22 años con enanismo. De hecho, un médico destapó que no era una niña al analizar sus dientes y su desarrollo sexual, asegurando que ya era mayor de 18 años en 2011.  

 

Dadas estas circunstancias, para Kristine Barnett, la madre adoptiva, todo el trámite fue un fraude, porque la niña ucraniana ya era adulta cuando la adoptaron.

 

Padres Natalia Grace

Los padres adoptivos, Kristine y Michael Barnett.

 

Conscientes del engaño y después de que la Corte Superior del Condado de Marion concluyera la auténtica edad de la joven adoptada, la pareja acabó mudándose a Canadá, en 2013, con sus hijos biológicos y dejó a la hija adoptiva en un apartamento de Lafayette. Costearon el alquiler durante el primer año pero después dejaron de hacerlo. En 2016, la policía acudió a desahuciar al ocupante de la vivienda por falta de pago y encontraron dentro a la supuesta niña, que les aseguró que tenía nueve años y que sus padres adoptivos la habían abandonado hacía tres años.

 

Actualmente, la pareja, acusados de abandono, y su hija adoptiva se enfrentan en los tribunales. Mientras que Natalia Grace asegura haber nacido en 2003, la familia Barnett mantiene que podría tener hasta 30 años.

 

 

«Quería matarnos»

En una entrevista con el diario «Daily Mail», Kristine afirmó que ella y su exmarido, Michael Barnett, son las verdaderas víctimas. «Quería matarnos», asegura, «hacía declaraciones y dibujos diciendo que quería matar a miembros de la familia, enrollarnos en una manta y enterrarnos en un patio». En alguna ocasión intentó envenenarlos con químicos y, además, «se quedaba casi sin dormir muchas noches. No podíamos irnos a dormir y hasta escondimos todos los objetos afilados».

 

La mujer asegura que se encontró con situaciones incluso peores: «Saltaba del coche en marcha. Manchaba los espejos con sangre... Hacía cosas que nunca podrías imaginarte de una niña pequeña». Por último, concluye que «los medios de comunicación me pintan como una maltratadora de niños, pero aquí no hay ningún niño».