Jaime Peñafiel recuerda la odisea de Felipe de Bélgica para ser rey

Peñafiel Felipe de Bélgica
El sobrino del rey Balduino tuvo que esperar 20 años para reinar a pesar de que su tío lo había designado heredero «in péctore».

El 4 de diciembre de 1999 se celebró en la catedral de Santa Gúdula de Bruselas la última boda real del siglo XX. El novio, el príncipe Felipe, tenía 39 años; la novia, la logopeda Matilde d’Udekem, 26.

 

Esta noticia le ha recordado a nuestro colaborador, Jaime Peñafiel, “lo mucho que le quiso su tío, el rey Balduino, quien le nombró sucesor «in pectore», y lo mal que, al morir el soberano, actuó su padre con él”.

 

Y es que, pese a los deseos de Balduino, al morir prematuramente a los 62 años, no tuvo tiempo de oficializar la sucesión. “Falleció repentinamente, el 31 de julio de 1993, nada más llegar a Motril, para disfrutar de sus vacaciones. Inmediatamente, se personaron en la localidad granadina su hermano y el primer ministro Wilfried Martens para reclamar su cuerpo”.

 

En el trayecto entre el aeródromo de Armilla y Motril, el político puso a Alberto al corriente de los trámites y preparativos para la sucesión en la persona del príncipe Felipe. “Se equivoca señor primer ministro –le espetó Alberto–. El Rey soy yo porque ocupo el primer lugar en el orden de sucesión al trono. Mi hijo tendrá que esperar”. La espera duró nada menos que 20 años.

 

“Felipe se convirtió en rey de los belgas el 21 de julio de 2013. Han pasado los años y, en el último aniversario de su coronación, el rey quiso rendir homenaje a su tío y mentor, el difunto Balduino, con un retrato pintado por él. Era su manera de recordar a un hombre que le quiso como el hijo que nunca tuvo y que le educó para que le sucediera a su muerte”.