El infográfico: la cebolla

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Introduce los prebióticos en tu dieta con bajo coste para tu economía

Lo único que se puede recriminar a la cebolla es que nos haga llorar. Y es que este alimento, básico en nuestra cocina, es un tesoro repleto de compuestos terapéuticos.

 

Aporta excelentes dosis de manganesio, un mineral que refuerza los huesos, mejora la memoria y mantiene el sistema muscular y nervioso en buen estado (si tu problema es la fatiga muscular o el estrés, refuerza también tu dieta con la chirimoya). Además, es, junto con el ajo y el puerro, un alimento rico en compuestos azufrados, motivo por el que ayuda a combatir procesos infecciosos del aparato respiratorio (gripe, bronquitis, faringitis, etc.) y actúa como un fabuloso antiinflamatorio natural.

 

Según la Federación Española del Corazón, comer cebolla con regularidad ayuda a bajar el colesterol. Pero aquí no acaba todo, porque también evita la formación de coágulos en la sangre y mejora la hipertensión.

 

Más por menos: comer cebolla es una forma barata de introducir los prebióticos en tu dieta, sin necesidad de recurrir a los suplementos. Este tipo de fibra mejora la salud del intestino y el control del peso, refuerza las defensas y sube el ánimo.