Daniel Sancho: así es su duro día a día en la cárcel donde cumple condena por asesinato
Su madre, Silvia Bronchalo, ha roto su silencio y ha descrito con crudeza cómo es la vida de su hijo en una de las prisiones más duras de Tailandia, marcada por la masificación, la rutina extrema y la soledad
Bang Kwang, la terrible prisión de Bangkok.
La vida de Daniel Sancho dio un giro irreversible en agosto de 2023, cuando fue detenido por el asesinato y descuartizamiento del cirujano colombiano Edwin Arrieta en la isla de Koh Phangan. Hoy, condenado a cadena perpetua, cumple condena en la prisión de Surat Thani, un centro penitenciario conocido por su dureza y masificación extrema.
Ha sido ahora su madre, Silvia Bronchalo, quien ha ofrecido el relato más completo y personal de cómo es el día a día de su hijo entre rejas y de cómo ha cambiado su relación tras la tragedia.
Una relación rota durante años… que se reconstruye en prisión
Silvia ha confesado que antes del crimen apenas mantenía contacto con su hijo. “Hacía casi tres años que no lo veía ni hablaba con él”, ha reconocido, explicando que el distanciamiento comenzó tras su separación de Rodolfo Sancho, cuando Daniel era aún un niño.
La tragedia de Tailandia lo cambió todo. “Nuestra relación ha mejorado ahora, a raíz de lo sucedido. No es una relación normal, hay muchas heridas que él no ha curado, pero vamos poco a poco”, ha explicado, admitiendo con crudeza que preferiría no haber retomado nunca el contacto si eso hubiera evitado el crimen.
Así es su rutina diaria en la cárcel
Según ha detallado Silvia Bronchalo, Daniel comparte celda con 13 personas en una de las prisiones más masificadas del país. Su jornada comienza de madrugada: se despiertan a las 4 de la mañana, rezan sentados en el patio, descalzos, y entonan cánticos e himnos religiosos.
Las condiciones físicas son extremas. Daniel duerme en el suelo, con mantas, sin colchón. Es obligatorio ducharse a diario en una especie de baño colectivo dentro de la celda, utilizando agua que se lanzan con un cazo. El calor, la humedad y la falta de espacio hacen el resto.
Tras el desayuno, si las condiciones lo permiten, puede hacer algo de ejercicio, aunque no siempre es posible por la masificación. A las 5 de la tarde se sirve la cena y poco después todos deben acostarse. “No hay gimnasio, no hay biblioteca, no hay actividades. Se pasan el día sin hacer nada”, ha resumido su madre.
Aunque la prisión tiene fama de ser extremadamente violenta, Silvia asegura que, de momento, su hijo no ha sufrido agresiones graves. “Que yo sepa no ha tenido altercados serios. Nunca le he visto marcas de peleas”, explica, aunque sí reconoce que convive con presos con graves problemas psiquiátricos, algo habitual en el sistema penitenciario tailandés.
“Allí no se tiene en cuenta la salud mental y eso genera muchos conflictos”, ha añadido, dejando claro que la estabilidad emocional es uno de los mayores retos para su hijo.
El dinero, clave para sobrevivir
La madre de Daniel Sancho sigue manteniendo un perfil discreto con la prensa.
Silvia envía a su hijo unos 400 euros mensuales, que Daniel utiliza para comprar agua, café o pequeños productos básicos. Paralelamente, la defensa legal ha confirmado que Rodolfo Sancho aporta alrededor de 1.200 euros al mes, destinados a garantizar condiciones mínimas: no comer en el suelo, mejorar la alimentación y evitar conflictos dentro de la celda.
La única imagen, emitida en el programa ‘TardeAR’, que se ha visto de Sancho en la cárcel.
Dos años después de su detención, Daniel ya no es el mismo. “No tiene la misma envergadura, lleva el pelo rapado, viste el uniforme azul y se le nota el paso por la prisión en la mirada”, relata su madre. Lee, escribe cartas y está aprendiendo tailandés, aunque se comunica principalmente en inglés con otros presos extranjeros.
Hablan una vez por semana por videollamada, durante apenas 30 o 40 minutos. “Necesito verlo, saber que está bien”, reconoce Silvia, que admite haber necesitado ayuda profesional para afrontar una realidad que aún le resulta incomprensible.
Una tragedia que lo ha roto todo
Silvia no elude la gravedad de lo ocurrido. “Hay una persona asesinada y descuartizada. No me entra en la cabeza, estoy horrorizada”, ha confesado, mostrando también comprensión por el dolor de la familia Arrieta.
Mientras la defensa espera la respuesta al último recurso presentado, Daniel Sancho sigue enfrentándose a una rutina dura, monótona y sin horizonte claro, en una cárcel donde cada día es una prueba de resistencia física y mental. Una vida completamente rota, marcada para siempre por un crimen que cambió el destino de muchas personas.