Jaime Peñafiel habla del día que el caniche de Liz Taylor casi se come la Peregrina

Jaime Peñafiel: El día que el caniche de Liz Taylor casi se come la Peregrina

A la estrella de Hollwood le encantaba la Peregrina, tanto que, incluso, la llevó a un rodaje.

Con motivo del nuevo proyecto solidario de Carmen Posadas, una apasionada novela sobre la perla Peregrina, nuestro colaborador, Jaime Peñafiel, nos cuenta una curiosísima anécdota sobre esta joya.

 

“La Peregrina, de un color blanco intenso, en forma de lágrima, de tamaño espectacular y un peso de 58,5 quilates, fue lucida por todas las reinas –y reyes– de España... hasta que inició su camino errante, como su nombre obliga”.

 

Esta valiosísima perla “fue el regalo que Burton hizo a Liz Taylor por su 37º cumpleaños. En primera instancia, la actriz de los ojos violeta portaba la Peregrina engarzada en una cadena, pero casi se queda sin ella estando en el casino Caesars Palace de Las Vegas”.

 

Contaba Liz en su biografía “Elizabeth Taylor: mi historia de amor con la joyería”, que subió a la habitación de aquel casino para descansar y que, de repente, se dio cuenta de que la Peregrina no colgaba de su cuello. La alfombra tenía un pelo especialmente largo y Liz se puso a caminar descalza sobre ella para ver si notaba la joya bajo sus pies.

 

“De repente, vi a uno de mis cachorritos de caniche mordiendo algo que me pareció un hueso –recuerda en el libro–. Por si acaso, le abrí la boca y en su interior estaba la perla más perfecta del mundo. ¡Gracias a Dios, ni siquiera se había rayado!”.

 

Como consecuencia de aquello, “la actriz decidió engarzarla en un magnífico collar diseñado por Cartier e inspirado en un cuadro de la reina María Estuarto, en el que la Peregrina estaba acompañada de un soberbio conjunto de perlas, rubíes y brillantes”, explica Peñafiel.

 

“Nueve meses después de la muerte de la estrella de Hollywood, la Peregrina fue subastada –el 13 de diciembre del 2011– junto a otras joyas de la actriz. El precio de salida fue de 2,2 millones de euros y, en sólo cuatro minutos, alcanzó los 9”. Han pasado muchos años de aquello pero aún se ignora quién fue el comprador y, por tanto, dónde se encuentra”.