¿Por qué ocurren las taquicardias? Así puedes reducir el riesgo de sufrirlas

Se trata de un síntoma muy frecuente que, en la mayoría de ocasiones, no entraña ningún riesgo. Sin embargo, si se prolongan en el tiempo es conveniente acudir al médico

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Consulta aquí cómo puedes reducir el riesgo de sufrir taquicardias.

Redacción

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Sección coordinada por la doctora María José Peiró, especialista en Medicina Familiar, con más de 10 años de experiencia tanto en el ámbito público como privado. Máster en nutrición y dietética.

En condiciones normales, el corazón no se nota. Solo cuando aumenta su frecuencia, es decir, cuando su ritmo es más rápido de lo normal, somos conscientes de su presencia. Son muchas las razones que pueden hacer que se acelere: un esfuerzo físico, un susto, una situación de estrés, haber tomado demasiado café...  En estos casos, se trata de una reacción normal que no debe preocuparnos.

Tan solo en contadas ocasiones aparece como consecuencia de un trastorno que debe tenerse en cuenta.

Una aceleración del corazón

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Se considera taquicardia cuando se produce un aumento de la frecuencia cardiaca (cuando el corazón experimenta más de 100 latidos por minuto). Esto hace que el corazón no pueda bombear correctamente la sangre y que llegue menos cantidad de oxígeno al organismo.

Una buena idea para controlar este síntoma es tomarnos el pulso para, de esta manera, conocer nuestra frecuencia cardíaca.

Posibles causas 

Aunque muchas taquicardias se producen sin ningún motivo, en algunas ocasiones pueden estar provocadas por algunas dolencias, como la hipertensión, la arteriosclerosis, las enfermedades coronarias y pulmonares, las infecciones, los desequilibrios de las tiroides, la diabetes o los niveles altos de colesterol, entre otras.

Cuándo preocuparse

Ya hemos visto que notarse el corazón acelerado en determinadas circunstancias es algo completamente normal. Si las taquicardias desaparecen en unos pocos minutos y no vienen acompañadas de otros síntomas preocupantes, no es necesario acudir al médico.

Solo si se repiten con frecuencia o tienen lugar cuando estamos tranquilos y en reposo, es conveniente hacerlo. Sí, además, se acompañan de mareo, sensación de ahogo, palidez, dolor en el pecho, etc. y no desaparecen a los pocos minutos, es necesario solicitar atención médica urgente, ya que puede tratarse de un episodio cardíaco grave.

Diagnóstico y tratamiento 

El cardiólogo llevará a cabo un reconocimiento que incluirá un electrocardiograma, una ecografía especial para conocer la morfología del corazón y, si lo considera necesario, una prueba de esfuerzo, entre otras opciones diagnósticas.

Según el tipo de arritmia, los síntomas que produce, la edad del paciente y la existencia de cardiopatías previas, el tratamiento puede ser farmacológico (a base de diversos medicamentos antiarrítmicos), o bien mediante procedimientos electrofisiológicos (cardioversión, la ablación con catéter...) o quirúrgicos.

¿Qué riesgos tienen?

Existen muchos tipos de taquicardias, cada una de ellas con un pronóstico distinto.

Fibrilación auricular: Es la arritmia más frecuente (la sufre entre el 3 y el 5% de la población general y más del 10% de los mayores de 70 años). Se produce por una alteración del ritmo de las aurículas del corazón, unas cavidades que hay en el interior del órgano. Suele aparecer de repente, muchas veces después de haber comido o bebido en exceso, y pueden acompañarse de dolor en el pecho, mareo, falta de aire o cansancio. En este caso, si se sigue el tratamiento y no hay problemas asociados, el pronóstico suele ser bueno.

Taquicardias graves: Son mucho menos frecuentes y, si no se tratan, pueden causar problemas cardíacos serios, como una insuficiencia cardíaca, un accidente cerebrovascular o un infarto.

Cómo medir el pulso

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Es una forma fácil y rápida de conocer nuestra frecuencia cardíaca. Pero para que los datos obtenidos sean fiables, es necesario realizarla correctamente.

1. Siéntate y relájate durante un par de minutos antes de efectuar la medición.

2. A continuación, extiende un brazo con la palma de la mano hacia arriba.

3. Coloca los dedos índice y medio o bien el pulgar de la otra mano sobre la muñeca, justo en el hueco que hay entre el hueso y el tendón. Sabrás que es el sitio correcto si, al ejercer una ligera presión, notas el latido arterial.

4. Cuenta los latidos que se producen durante 30 segundos. Multiplica el resultado por dos y ya tienes tu frecuencia cardíaca (el número de latidos por minuto). Aunque lo ideal es tener 70 pulsaciones por minuto, se considera normal tener entre 50 y 90. Si se superan los 100, se considera taquicardia.

Reduce el riesgo

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Hay una serie de precauciones que te ayudarán a evitar el riesgo de sufrir este síntoma.

Evita el consumo excesivo de alcohol. Beber demasiado acelera el ritmo del corazón, pudiendo, en algunos casos, provocar problemas cardíacos como la fibrilación articular o, incluso, un infarto.

Haz ejercicio. Para evitar que cualquier esfuerzo físico derive en taquicardias, es conveniente practicar un deporte de forma progresiva y moderada.

No abuses del café. Aunque cada persona tiene su límite, la cafeína tomada en exceso (más de 3 o 4 tazas al día) puede provocar inquietud, ansiedad y taquicardias.

Bebe una cantidad suficiente de agua. Para compensar la falta de líquido, el organismo aumenta la frecuencia cardíaca, causando taquicardias. Evítalo tomando una medida de 2 litros de agua al día.

Deja de fumar. La nicotina, como todos los estimulantes, provocan un aceleramiento momentáneo del metabolismo, causando alteraciones en el ritmo del corazón.

Controla la hipertensión. Es un factor de riesgo muy importante a la hora de sufrir este problema.

Arritmias, taquicardias... Aprende a diferenciarlas 

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Aunque, en muchas ocasiones, se utilicen estos términos de forma indistinta, no significan exactamente lo mismo.

Arritmias. Es el término más genérico y se refiere a cualquier alteración del ritmo cardíaco.

Taquicardia. Se trata de un tipo de arritmia que se caracteriza por tener unas pulsaciones rápidas.

Extrasístoles. Son latidos cardíacos que tienen lugar antes de lo normal. Por regla general, no suelen notarse.

Palpitaciones. Se producen cuando una persona nota el ritmo cardíaco, independientemente de si es normal, rápido (taquicardias) o irregular.