Preocupación por la reina Sofía, destrozada tras la muerte de su hermana
La reina Sofía atraviesa uno de los momentos más duros de su vida tras la muerte de su hermana Irene de Grecia. Su gran apoyo, confidente y compañera de camino se ha ido, dejándola sumida en una profunda tristeza
Dice la sabiduría popular: "¡Qué bueno es tener una hermana cuyo corazón es tan joven como el tuyo!", por eso, ahora que el de la princesa Irene se ha apagado, el de la reina Sofía siente un profundo dolor. Su mejor amiga, confidente y compañera de vida falleció el pasado 15 de enero a los 83 años en el palacio de la Zarzuela a consecuencia de un largo proceso degenerativo y la madre del Rey, de 87, se quedó intentando sacar fuerzas de flaqueza ante la profunda tristeza de ese adiós y la dolorosa soledad que sobrevino después.
Sofía perdió a su querido hermano, Constantino, hace ahora tres años y a su gran amiga y prima segunda Tatiana Radziwill, el pasado 19 de diciembre, así que su círculo más cercano e incondicional ha desaparecido con Irene.
Se fue apagando
Las sospechas del empeoramiento del deterioro cognitivo que padecía la hija menor de los últimos reyes griegos se dispararon a principios de semana cuando, a su regreso de la misa funeral en recuerdo de Tatiana Radziwill, que se celebró en París, la Reina emérita pospuso el viaje a Las Palmas de Gran Canaria que tenía agendado para el miércoles 14. Allí iba a recibir un galardón que la ilusionaba mucho: el Premio Gorila, un reconocimiento del Loro Parque a personalidades e instituciones por su compromiso con el medio ambiente, y al día siguiente iba a ser investida Doctora Honoris Causa en la Universidad de Las Palmas. Sin embargo, la madre del Rey prefirió no separarse de su hermana, que se hallaba en estado crítico en la Zarzuela según fuentes cercanas a la Casa Real, que comentaron también que Irene estaba peor que en verano, cuando Sofía redujo al mínimo su estancia en Mallorca para estar con ella en todo momento.
"Se ha ido apagando poco a poco", trascendió. Por su parte, los sobrinos nietos de "la tía Pecu" –de peculiar–, tanto los españoles como los griegos, vivieron el final de su vida con enorme tristeza y, en el caso del rey Felipe y sus hermanas, también con preocupación por su madre, quien se preparaba para recibir uno de los golpes más duros de su vida, porque, como se suele decir, una hermana pequeña es ese trozo de infancia que no queremos perder.
Tuvo una vida excepcional
Cuando Irene nació, Sofía tenía 3 años y medio y su hermano Constantino, al que llamaban Tino, casi 2. Los tres compartían unos ancestros en los que había zares de Rusia, emperadores germanos y reyes ingleses, suecos, noruegos y daneses, pero en aquel momento, sus padres habían perdido el trono. Por eso, Irene no llegó al mundo en Psijicó (Grecia), como sus hermanos, sino que lo hizo en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), a donde su familia se había exiliado tras la invasión italiana de su país en la Segunda Guerra Mundial.
Su primera infancia transcurrió entre Egipto y Londres, y a los 4 años, pisó por primera vez Grecia tras la restauración de la monarquía en el país. Allí se educó en la religión ortodoxa y estudió en el prestigioso colegio Arsakio, donde la recordaban como una niña tímida, Su madre solía sacarla a ella y a sus hermanos de clase para llevarlos a los pueblos más necesitados y mostrarles el sufrimiento que causaba la guerra, algo que marcó para siempre la sensibilidad de Irene hacia los más desfavorecidos.
Fue una gran pianista
En casa, al ser la pequeña, a veces molestaba, especialmente a Sofía. "Me tenía frita –cuenta la Reina emérita en una de sus biografías–, porque quería hacer todo lo que yo hacía, vestirse como yo, ir donde iba yo. Harta ya, a veces le decía: “¡Anda, rica, déjame un ratito en paz!”". Ese deseo se cumpliría poco después, durante la estancia de ambas en el prestigioso internado Schule Schloss de Salem (Alemania) porque se alojaban en edificios distintos.
De vuelta a Atenas, la joven princesa vivió una época muy feliz, repleta de recepciones y fiestas, de "investigaciones" arqueológicas amateurs con Sofía y clases de piano, instrumento que llegó a tocar con gran destreza –como su padre– llegando a dar conciertos interpretando a Bach, su compositor preferido.
La "princesa rebelde" que vivía en India
La primera vez que en España vimos a la princesa Irene fue en las imágenes del compromiso de su hermana con el príncipe Juan Carlos y, poco más adelante, en 1962, como dama de honor de la boda. Dos años después, falleció su padre, el rey Pablo y, con la coronación de su hermano, ella se convirtió en la heredera hasta que, en mayo de 1967, nació Pablo, el primer hijo de Constantino y Ana María.
Siete meses después, la familia real griega volvió a verse forzada a exiliarse tras el triunfo del golpe de estado de los coroneles, lo que llevó a Irene a vivir en Roma, Londres y Madrid. En 1969, se instaló con su madre en Madrás (India), donde la princesa se sumergió en la espiritualidad local, se inició en el yoga, adoptó el vegetarianismo y se interesó por el esoterismo, inquietudes que compartiría con su hermana Sofía.
Vivía de alquiler en el tercer piso de un edificio, vestía el tradicional sari y colaboraba con el departamento de Filosofía de la Universidad... Fueron cinco años que la marcaron profundamente y le otorgaron fama de "princesa excéntrica y rebelde".
La Princesa Irene de Grecia en una imagen de archivo
A su regreso a Europa vivió entre Londres, a donde se había exiliado Constantino, y Madrid, tras la coronación de Juan Carlos y Sofía, y decidió retomar su carrera de pianista dando conciertos benéficos por Europa y Estados Unidos. Con la India siempre en el corazón, en 1981, tras fallecer su madre, se estableció de forma permanente en el Palacio de la Zarzuela, donde Sofía le preparó unas cómodas estancias con baño, cocina, sala para las visitas..., en las que poder gozar de su independencia. Ése fue su principal rasgo de identidad.
Constantino con sus hijos y sus hermanas Sofía e Irene.
Nunca se casó ni tuvo hijos, pero pretendientes no le faltaron. En su día se habló de Harald de Noruega –el amor de Sofía–, Michel de Orleans, Gonzalo de Borbón y un embajador alemán, pero dicen que quien estuvo a punto de llevarla al altar fue Jesús Aguirre antes de enamorar a la Duquesa de Alba. Totalmente discreta al respecto, Irene solía decir que prefería concentrarse en la Filosofía y quedarse soltera "porque tengo mayor libertad para ir y venir. Con un marido y con unos hijos estaría más atada", y no le pesaba no tener un compañero. "Las únicas ocasiones en que puedo sentir soledad es cuando estoy en medio de un gran grupo de gente con la que tengo muy poco en común", dijo.
Siempre volcada en causas humanitarias
Sin interés por la moda, el maquillaje o el tinte, Irene era austera y sobria por decisión propia, no por vivir de la asignación que le daban sus hermanos. Sus sobrinos recuerdan con cariño su ternura, su afectividad, sus maravillosas historias y su pasión por las causas humanitarias. En 1986, fundó la asociación Mundo en Armonía con el objetivo de "trasladar excedentes alimentarios de Europa a zonas necesitadas", explicó, y colaboró con figuras como la madre Teresa de Calcuta.
De hecho, cuando el gobierno griego la indemnizó con 900.000 euros por las propiedades confiscadas, donó el dinero para becas a jóvenes músicos. Durante décadas, Irene fue una figura discreta pero constante en la vida de la Familia Real española. Cenaba cada noche con su hermana, compartían intereses como la música clásica, la espiritualidad y la parapsicología, y viajaban juntas con frecuencia.
La princesa superó un cáncer de mama en 2002, aunque evitaba hablar de ello, por eso tampoco nunca se hizo mención oficial alguna a su deterioro final. Su última aparición pública fue en febrero de 2025 en la segunda boda de su sobrino Nicolás, en Atenas. Casi un año después, hasta allí viajarían sus restos mortales para, tras un velatorio familiar en la Zarzuela y una breve capilla ardiente en la catedral ortodoxa de Madrid, ser enterrados en el Cementerio Real de Tatoi junto a sus padres y su hermano, y descansar para siempre en paz.