Reina Sofía, una gran madre: todo lo que ha hecho por su hijo
El rey Felipe le ha impuesto la Orden del Toisón de Oro, la máxima condecoración de la Corona española, en agradecimiento por su encomiable labor con él como hijo y con la monarquía
Renuncia, deber y sacrificio, pero también determinación, esperanza y amor por su familia son las máximas que han marcado la vida de la reina Sofía, a quien su hijo Felipe, lleno de orgullo, impuso la Orden del Toisón de Oro ante la emocionada mirada de Letizia, Leonor y Sofía y en medio de una gran y merecida ovación.
Ella, que a sus 23 años dejó de ser princesa de Grecia para casarse con un príncipe de una dinastía no reinante, estuvo a su lado en los momentos más difíciles y trabajó con él para restablecer la monarquía en tiempos convulsos, se prometió a sí misma que su hijo reinaría en paz, ciñéndose una corona fuerte y con futuro. En todos estos años, esa tarea ha sido de todo menos fácil.
Se volcó en criar a un hijo y formar a un rey
Cuando Felipe llegó al mundo, el 30 de enero de 1968, la felicidad y el alivio humedecieron los ojos de Sofía. Tras dar a luz a dos niñas, Elena y Cristina, nacidas en 1963 y 1965 respectivamente, acababa de tener un varón, asegurando la continuidad de un reinado todavía inexistente que Franco le había prometido a su marido.
Tuvo que esperar siete años a que falleciera el dictador, pero, desde el minuto uno, la por entonces Princesa de España se propuso hacer de Felipe un monarca a la imagen y semejanza de su adorado padre, el rey Pablo de Grecia, a quien consideraba un soberano recto, justo e intachable, pero también un hombre y un padre atento y cariñoso.
En esos primeros años, Sofía le transmitió a Felipe su carácter serio y reflexivo, ideal para un Rey, pero también impuso que el niño se educara en un colegio "normal", el Santa María de los Rosales, con el objetivo de que conociera de primera mano la realidad del país en el que estaba destinado a reinar.
Además, fue ella quien quiso que el joven completara su formación en el extranjero para estar lo mejor preparado posible cuando llegara su momento.
Eligió no romper su matrimonio
Las lágrimas de Juan Carlos y la tristeza de Sofía en el sepelio de la madre del emérito en el 2000.
Como es bien sabido, las infidelidades de Juan Carlos a Sofía han sido numerosas y variadas y, según fuentes cercanas, comenzaron ya estando prometido con ella. Así que aquella princesa griega, que apenas chapurreaba el castellano, se encontró en una España gris gobernada por un dictador que manejaba a la Familia Real a su antojo; sin amigos y atrapada en un matrimonio con el hombre por el que lo había dejado todo y que, encima, le era desleal.
Habiendo tenido dos hijas con él, a punto estuvo de darle la patada en varias ocasiones, pero la llegada al mundo de Felipe lo cambió todo. Sofía decidió que su propósito en la vida sería ver reinar a su hijo, y un divorcio, algo impropio de la monarquía y que en aquella España franquista ni siquiera era legal, habría arruinado ese propósito y perjudicado enormemente a la Corona. Así que se tragó la tristeza y el orgullo y siguió adelante.
Únicamente, a los 5 años de nacer el niño, en 1973, Juan Carlos y ella pactaron hacer vidas separadas en la intimidad mientras que, de cara al público, seguían intentando proyectar la imagen de una Familia Real unida y modélica.
Aceptó y protegió la relación de Felipe y Letizia
La irrupción de la periodista Letizia Ortiz en la Familia Real fue la primera sacudida al telón que ocultaba la verdad. Todos eran reacios a la elección del Príncipe: una joven periodista, divorciada, hija de divorciados, con una madre sindicalista y un abuelo taxista. Pero Sofía fue consciente de que su hijo estaba enamorado y creyó su amenaza de renunciar a todo si le prohibían casarse, así que, una vez más, por el bien de Felipe y la Corona, aguantó el tirón y se convirtió en defensora de la pareja ante los demás.
Suegra y nuera descubrieron enseguida que no congeniaban y tuvieron serios problemas, algunos, incluso públicos, como la famosa bronca en Palma de Mallorca en 2018, pero todo quedó, si no olvidado, superado y Felipe y Letizia decidieron apoyarla tras la marcha de Juan Carlos a Abu Dabi.
Se convirtió en la roca de la familia
Familia Real española al completo.
Ya con la abdicación de su marido, en 2014, Sofía se había visto abruptamente despojada de su posición, pero sabía que el ascenso al trono de su hijo, además de la realización de su gran sueño, era lo mejor para la Corona. Pero el autoexilio de Juan Carlos la acabó de descolocar.
Pudo haberse marchado a Londres, donde vivía su hermano, Constantino, o a su Grecia natal, pero prefirió quedarse por si la necesitaban ¡y vaya si la necesitaban!
La familia real al completo, en Mallorca este verano.
Felipe, a raíz de los escándalos de su cuñado Iñaki Urdangarin, su sobrino Froilán y su exiliado padre, levantó un muro de protección, estipulando que solo él, Letizia, las niñas y los Reyes eméritos eran Familia Real y los demás, familiares del Rey.
Y permitió que su madre pudiera moverse libremente dentro y fuera de ese muro para ayudar a sus hijas y nietos en sus momentos de dificultad.
Asumió su papel en la vida de Leonor y Sofía
Otro de sus motivos para quedarse eran la futura reina Leonor y su hermana, Sofía. La Reina emérita sabe bien que su "oficio" se aprende conviviendo y trabajando codo a codo con sus antecesores y consideró que, aunque no las viera mucho, su ejemplo podría ser de utilidad para las chicas.
De hecho, dicen que Leonor ha aprendido de ella su espíritu de responsabilidad y compromiso y Sofía, a ser el mejor apoyo para su hermana.
No concibe "jubilarse" mientras siga aportando
Así las cosas, a sus 87 años y habiendo sufrido, que se sepa, un único arrechucho serio de salud: una infección de orina por la que estuvo hospitalizada unos días en abril de 2024, la reina Sofía sigue al pie del cañón, entregada a las causas que amadrina y remando a favor para que el reinado de Felipe, y en el futuro, el de Leonor, potencien la confianza de los españoles en la monarquía para garantizar su futuro, pues ése es el sueño por el que sigue entregando su vida.