Jaime Peñafiel cuenta anécdotas de Kirk Douglas en España

Peñafiel kirk
Kirk, dándolo todo en un tablao flamenco español, una de sus grandes pasiones cuando estaba en nuestro país.

Dos días después de su muerte, familiares y amigos despidieron al gran Kirk Douglas, propietario del hoyuelo más famoso del mundo, en un funeral privado en Los Ángeles al que acudieron los tres hijos que le quedaban vivos y su esposa, Anne Buydens.

 

Sus fotos antiguas le han recordado a nuestro colaborador, Jaime Peñafiel, lo mucho que al veterano actor le gustaba nuestro país hasta el punto de escribir en sus memorias: “Después de tantas visitas, hay una parte de mí española”.

 

“Espartaco”, una de sus películas más famosas, se rodó en la localidad madrileña de Colmenar Viejo en 1959 y, en 1970, volvió. Esta vez al cabo de Creus, en Cadaqués, donde se grabó “La luz al final del mundo”.

 

“Recordando su estancia en tierras gerundenses, Douglas jamás olvidaba a su singular vecino, Salvador Dalí”, asegura Peñafiel. “Aunque el pintor le pusiera en más de un apuro, como cuando organizó una cena íntima en la que sólo estaban invitados Kirk, el director Claude Chabrol, Dalí y una guapa joven. Tras la cena, Dalí les mostró su colección de artes y les invitó a ver una película que según aseguró ‘podría interesarles’”.

 

Se trataba de la historia de una mujer que “interactuaba” con un plátano. Tras la proyección, la joven se les acercó y Dalí empezó a juguetear con órganos sexuales de yeso y a mirarlos a ellos… “¡Se escaquearon a toda prisa argumentando que al día siguiente madrugaban!”.

 

Pero en España, Kirk no sólo se hizo gran amigo de Dalí, también “intimó con la gran Lola Flores. Admiraba tanto a la Faraona que rara era la noche que no acudía a verla actuar a Caripen, el tablao flamenco que el Pescaílla y ella regentaban en la plaza de la Marina, próxima al Palacio Real”.